Un arbolito de navidad cubanisimo.

Arbol, Fuentes Ferrin
Elena y Raúl llegaron a Estados Unidos en noviembre. Ambos eran médicos, los enviaron en misión a Venezuela y al mes justo de llegar abandonaron todo. Aunque no tenían familia en Estados Unidos y sabían lo difícil que les seria revalidar su titulo, decidieron comenzar una nueva vida. Al llegar se acogieron a un programa para refugiados y los ubicaron en Boston.

El frío los asustó un poco, pero las ganas de luchar y el amor que los unía les bastaban para desafiarlo y vencerlo. Decidieron hacer suya la ciudad, inventarse un sol en cada esquina y un futuro en cada amanecer.

Una mañana, mientras desayunaban, Elena le dijo a Raúl.
– Nene, es hora de ir buscando un arbolito de Navidad. Siempre soñé con uno desde niña, quiero uno hermoso para nuestra primera Navidad fuera de Cuba.
– He pensado en eso mi amor, he andado la ciudad buscando uno apropiado para nuestra primera Navidad en este país, lejos de los nuestros. Nuestra primera Navidad luchando juntos por un futuro mejor se merece un arbolito especial, lo encontraré y lo tendremos, te lo prometo.

Pasaban los días y Raúl no traía el arbolito de Navidad prometido.
– Papi, ya es 20 de diciembre, el arbolito hay que ponerlo antes del 24. Ya casi no deben quedar en las tiendas, los mejores ya los deben haber comprado. Quiero que nuestra primera Navidad fuera de Cuba sea casi perfecta, que solo nos falten la familia y nuestra tierra.
– Por eso aún busco el arbolito, quiero uno que haga nuestra navidad perfecta. Déjame a mi, prometo tenerlo listo antes de la noche del 24.

Raúl le ocultaba algo a Elena, esperaba un paquete que debía llegarle de La Habana, solo con lo que había pedido a su madre su arbolito seria perfecto; ese era su secreto.

Su madre tardo días en reunir todo lo que pedía, el 21 de diciembre le entrego el paquete a una vecina que se iba a pasar la navidad con su familia en Miami.
– Por favor Yuya, que Raulito lo tenga antes de la noche del 24 de diciembre.
– Tú tranquila, que yo me encargo, lo tengo todo amarrado, el 23 por la mañana una sobrina mía viaja a Boston y Raulito la esperara en el aeropuerto, eso esta querido mi santa.

Raúl llego con su paquete al apartamento, allí en la sala empezó a armar su arbolito de Navidad, quería que cuando llegara Elena, estuviera listo y darle la sorpresa. Cuando abrió el paquete un olor a Cuba y a recuerdos inundo la sala, los fue organizando, no faltaba nada; su arbolito seria el mejor, el perfecto para enfrentar dificultades y alcanzar sueños, para derretir nieves y vencer tormentas.

Cuando Elena salio del elevador, sintió un olor familiar en el pasillo del edificio, sonrío mientras abría la puerta de su apartamento. La sala estaba a oscuras, Raúl la tomo de la mano y le dijo.
– Deja que el olor de los recuerdos te guíe hasta nuestro arbolito.
– Ay nene, por tu madre, siento olor al arroz con pollo de abuela los domingos, al café de mamá en las mañanas, a mis libros y libretas en la escuela, a hospitales y guardias, a sueños y esperanzas, a nuestro primer beso. Son muchos olores, también siento olor a lluvia fresca y a amanecer en La Habana, a nuestros campos, a olas rompiendo contra el Malecón, a calles habaneras, a ropa tendida en los balcones, ¿Cómo es posible nene? ¿Qué es esto, qué hiciste? Déjame quitarme el abrigo, siento calor.

Raúl encendió la luz de la sala y le mostró orgulloso su arbolito a Elena.

No tenia bombillas de luces, un rayo de sol inmenso lo iluminaba. Del arbolito colgaban recuerdos de sus vidas y su Isla, como si desde Cuba su familia, su calor y su sol se hicieran presentes en una Navidad diferente; ambos nacían a una nueva vida.

– Nene, abre las ventanas, tengo calor.
– Mi amor afuera esta nevando, es el arbolito, nuestros recuerdos que se bastan para calentarnos el alma, para vencer fríos y tormentas, para ayudarnos a triunfar.
– Gracias nene, gracias, tenias razón, es un arbolito perfecto y el que tú y yo necesitamos para abrir nuestros corazones a nuestra primera Navidad fuera de Cuba.

Allí, junto a lo mejor de sus vidas, seguros de sus sueños y el futuro, esperaron Elena y Raúl la Navidad.

Arbolito de Cary Roque

Fotografia primera, obra de Fuentes Ferrin, pintor cubano radicado en Houston
Fotografia segunda, cortesia de Cary Roque.

Un cubanito que nació en Hialeah.

eduardo y su hijo
Armando salió un día de Cuba rumbo a Miami, atrás dejaba a su esposa y su hijo de un año. Como muchos, pensó que la separación seria breve, encontrar trabajo, mandar a buscarlos y una nueva vida para todos. La separación duro dos largos años, para Armando, dos siglos. Sus amigos le decían.
-Búscate una mujer acá y olvídate de Luisa, haz una nueva vida, le mandas un dinero al niño y ya. La vida es corta y esto es muy duro para un hombre solo.
-¿Otra mujer? ¿Olvidarme de mi esposa, renunciar a volver a reunirnos? Ni loco, soy hombre de palabra y le dije que los sacaría de Cuba y lo hare, volveremos a reunirnos.
En esos años trabajo día y noche, reunió el dinero y logró traerse a su familia. El día del encuentro, Armando estaba feliz por muchas razones. Había logrado su sueño, asegurar el futuro de su hijo, darle una nueva vida, ser fiel a su palabra y fiel a su esposa. Dos años de soledad total que al saciarse, iluminaron la noche de Miami con luces rojas y arcoíris de deseos.

Armando siguió trabajando duro, solo que ahora al llegar a casa lo esperaban su hijo y su esposa y los días se le hacían más cortos y el trabajo menos duro. Gracias a su esfuerzo, logro abrir un pequeño restaurante que poco a poco se fue haciendo popular y exitoso.

El y su hijo, más que padre e hijo, eran dos amigos, dos hombres sin secretos entre ellos. Una relación sólida, construida a base de amor y dedicación. Trabajaban juntos, hombro con hombro.

Un buen día, después de más de 20 años de unión, su esposa decidió separarse. Fue un duro golpe para Armando, uno más que le daba la vida, uno más que no podría derribarlo. Hay hombres que los golpes, solo logran hacerlos más fuertes, Armando es uno de ellos.

Pasaron un par de años y Armando conoció a Yeniley, una muchacha muy linda, amiga de Elenita, la novia de su hijo. La diferencia de edad, no fue barrera para el amor. Armando acepto ese amor como un regalo de la vida a sus 40s. Una mañana Yeniley le dijo.
-Papi voy a acompañar a Elena al médico, cree que está embarazada. Lleva días con náuseas y malestar.
-¡Coñoooo! Abuelo, que bien, ya era hora que Armandito me diera un nieto. Eso me hará el hombre más feliz del mundo.
Armando se fue a trabajar y de ahí a hacer algunas gestiones para una ampliación que quería hacerle al negocio. Llego a su casa, allí lo esperaban Yeniley, Elenita y Armandito. Las dos mujeres miraron a Armandito, alentándolo a hablar, ellas no se atrevían.
-Viejo, no vas a ser abuelo, Elenita no está embarazada.
-Y yo que me veía ya comprando todo para mi nieto y cargándolo en mis brazos. Me ilusione con la idea de ser abuelo. Ustedes pónganse a trabajar y denme pronto un nieto, más les vale.
-Déjame terminar viejo, Elenita no está embarazada, la que está embarazada es Yeniley.
-¡Queeeeee, yo papá a estas alturas, cuando debía ser abuelo!
Yeniley lo miro con lágrimas en los ojos le dijo.
-si quieres me hago el aborto. Sé que no estaba en tus planes y no quiero que pienses que lo busque. No te niego que me gustaría tenerlo. No podría encontrar mejor padre para un hijo mío que tú.
-¿Aborto? Ni loca se te ocurra pensar en eso. Ese niño es un regalo de Dios y como tal será bienvenido.
Armandito abrazo a su papá.
-Sabía que esa seria tu reacción, se lo dije a Elena cuando veníamos para acá, te conozco muy bien. Ese niño será como un renacer en tu vida viejo. Cuando pensabas que ibas a ser abuelo, te llega un hijo. Estoy feliz con ese hermanito, tengo que apurarme en darle un sobrino para que puedan jugar juntos. ¿Te imaginas viejo?
-¡Que rollo de familia hemos armado! Estoy feliz, muy feliz. Es como empezar a vivir, este niño es una bendición. Lo criare como te crie a ti, solo que ahora tengo más experiencia y te tengo a ti para ayudarme.
Se unieron todos en un inmenso abrazo, dándole la bienvenida al nuevo miembro de la familia.

Orlandito nació, sano y fuerte. Armando lo miraba emocionado. Cuando la madre de Armando cargó al bebé, exclamo.
-Alabao si es igualitico a ti Armando. ¡Que bendición ser abuela otra vez! Toma mi hijo, cárgalo tú un ratico.
Armando lo tomó en sus brazos y lloró de la emoción. Un hijo que convertía el otoño en primavera, un soplo de aire fresco en su vida.

Los amigos fueron a visitarlo, a conocer al bebé. Se abrazaban, hacían bromas, le traían regalos.

– Otro cubano más que nace en Hialeah, le dijo un amigo al abrazarlo. Armando lo miro, sonrió y le dijo.
-Si mi hermano, cubano, no importa si nació en Hialeah, Paris o Madrid, son muchos los cubanos por el mundo que han nacido lejos de su tierra. Yo sabré sembrar en su corazón el amor por Cuba y el orgullo de ser cubano.

Una maleta cargada de recuerdos.

Maleta,  Fuentes Ferrin, pintor cubano radicado en Houston.
Rodolfo salio de Cuba cuando tenía 22 años. Sus padres siempre habían querido irse, pero el soñaba con ser un gran periodista, hacer algo diferente a lo que siempre leía en el periódico oficial. Sus sueños, fueron destrozados aquella tarde que lo expulsaron de la Universidad. Solo le dijeron, tu conducta social, no es compatible con la de un periodista de nuestro pueblo. Intento hablar, argumentar, un puedes irte, puso fin a la conversación. Esa noche después de la comida, les dijo a sus padres
– Llamen a la abuela, díganle que puede empezar los trámites cuando quiera, mi vida aquí se termino.
Sus padres intercambiaron miradas cómplices.
– Siéntate mi hijo, le dijo la madre, hace un año mi mamá nos reclamó a los 3, en unos meses debe resolverse todo. Siempre confiábamos que a última hora te decidieras, aunque te negabas a irte, teníamos la esperanza que llegado el momento, lo aceptaras y te fueras con nosotros. Sin ti no íbamos a irnos, pero te daríamos un buen susto para obligarte a decidirte. Ahora ya lo sabes, no hay que decirle nada a la abuela, solo esperar unos meses e irnos.
– Me alegro, cuanto antes mejor, mi tiempo aquí se acabo, quiero empezar un nuevo tiempo. Solo una pregunta, ¿El abuelo se va con nosotros?
– No hijo no, respondió su padre, el viejo dice que él se muere aquí, que a sus años se moriría de tristeza viviendo al norte; el viejo, se queda.

En 6 meses recibieron la visa y viajaron a Miami. Dejar a su abuelo fue duro para Rodolfo, ese viejo y él, eran más que abuelo y nieto, eran amigos, en el momento del abrazo final, su abuelo le dijo.
– Este no es nuestro ultimo abrazo, volverás Rodolfo, lo se, hay demasiados recuerdos en esta casa y en esta tierra para que puedas vivir sin ellos, volverás a buscarlos. Yo, estaré esperándote, lo prometo.
Se abrazaron como dos amigos que se dicen hasta pronto. Cuando Rodolfo subió al auto, no tuvo fuerzas para mirar hacia atrás, su abuelo quedo en la reja del jardín, intentando detener el tiempo en sus ojos.

Rodolfo, empezó a trabajar al mes de estar en Miami. Un amigo que trabajaba en el aeropuerto le consiguió el trabajo. Así esta Miami, sin un amigo que te de un buen empujón, no consigues un trabajo que pague mas del mínimo. Unos meses después se presento a pruebas de ingreso para el College. Lo aceptaron, debería tomar unos cursos para completar algunos créditos que le faltaban y mejorar el inglés. Por suerte, logro sacar sus notas de Cuba y eso le dio algunos créditos extras.

Un día, conversando con un nuevo amigo, le dijo que siempre le había gustado escribir, que su sueño era ser periodista y hacer un periodismo inteligente, hacer crónicas que conmovieran e hicieran pensar.
– ¿Por que no escribes en un blog? Eso te ayudara y te dará experiencia, quien sabe un día te lea alguien y te inviten a escribir en un periódico o publiques un libro, le dijo su amigo.

Después de mucho pensarlo, Rodolfo se decidió a escribir en un blog, Recuerdos, lo llamó. Escribía mucho sobre el tiempo compartido con su abuelo, también sobre sus recuerdos y frustraciones. Cada vez que le llegaba alguna noticia de Cuba, la investigaba y terminaba narrándola y analizándola a su manera. Un día recibió un correo electrónico, lo invitaban a escribir en una columna semanal en un periódico de la ciudad. Imprimió el correo y se los enseño a sus padres después de la comida.
– Ves mi hijo, le dijo su madre, poco a poco tus sueños se hacen realidad. En la vida hay que luchar por lo que uno quiere y prepararse con las mejores armas para esa lucha, nada se da fácil, si vale la pena.
– Es cierto mamá, pero cuanto me gustaría que abuelo estuviera aquí para compartir con él esta alegría.
– Nada te impide compartir con tu abuelo esta alegría, prepara el viaje a Cuba y llévale el primer escrito que publiques en el periódico. Nada lo haría más feliz que verte y ver algo escrito por ti en un periódico. Imprime todos los escritos de blog y llévaselos, es el mejor regalo que podrías hacerle.

Rodolfo, comenzó a preparar su viaje a Cuba. Lleno un “gusano” enorme con regalos para su abuelo y amigos. Publico un articulo en el periódico que fue muy bien recibido aunque el editor le dijo; demasiado intelectual para esta ciudad.

Una tarde al llegar del trabajo, su mamá le pregunto.
– Hijo, ya tienes el “gusano” ¿Cuándo vas a sacar el pasaje y pedir las vacaciones en el trabajo?
– Me falta una maleta mami, ¡una maleta que estoy buscando y no encuentro por ninguna parte!
– ¡Otra maleta! Vas a tener que pagar un dineral por exceso de equipaje hijo.
– No, esta maleta es para traer, no para llevar, dijo Rodolfo, mientras sus ojos brillaban.
– ¿Traer? ¿Que piensas traer de Cuba? Ten cuidado que te pueden detener en la aduana al regreso, quitarte todo y multarte.
– Recuerdos, estoy buscando una maleta donde puedan guardarse recuerdos, la he buscado por toda la ciudad y no la encuentro.
Su mamá salio del cuarto sin decir una palabra, pensó que su hijo estaba bromeando con ella y no quiso entrar en detalles.

Buscando la maleta, Rodolfo fue al Dollarazo, a Valsam, recorrió todas las tiendas donde venden los “gusanos” para los viajes a Cuba. Todo el mundo se reía y lo tomaban por loco o bromista, cuando preguntaba por una maleta para guardar recuerdos. Una tarde al salir de una de las tiendas de la 20 y la 20, un anciano se le acercó.
– Yo tuve una maleta como la que buscas, te oí preguntarle a la dependienta. La vendí hace años a un mago de un circo que paso por Hialeah, si lo encuentras y logras conmoverlo con tu historia, te la dará por un buen precio.
-¿Cómo encontrarlo? ¿Dónde lo busco?
– No tendrás que buscarlo, él vendrá a ti cuando menos lo esperes ten todo listo, el tiempo es oro.

Rodolfo, vivió días de espera angustiosa, cada vez que algún extraño se le acercaba, el corazón daba un salto en su pecho. Una mañana, al salir del gimnasio, un señor vestido de negro se le acerco, le dio la mano.
– Hola Rodolfo, yo tengo la maleta que buscas, ¿Para que la quieres?
– Cuando salí de Cuba, deje a mi abuelo allá, él es mi mejor amigo, entre él y yo no hay secretos. Hay muchas cosas que recuerdo del tiempo que compartimos, otras se me confunden, también hay montones de recuerdos de mi vida que dejé allá y que necesito para seguir viviendo, para poder seguir siendo quien soy y no perderme por los caminos del mundo, por eso he buscado desesperadamente, ¡Necesito traerme esos recuerdos!
– Dame una semana, le respondió el mago, necesito buscar donde guardar mis recuerdos antes de darte la maleta, cada uno requiere un sitio especial, solo una semana.
Repitió el mago mientras se alejaba, Rodolfo le grito.
– ¿Donde nos veremos?
– En la vida, yo sabré encontrarte.
Desapareció ante él, sin dejar huella, como en un acto de magia.

Al día siguiente, Rodolfo pidió sus vacaciones para dentro de 8 días. Fue a la agencia de viajes y saco su pasaje para dentro de 8 días. Confiaba en la palabra del mago, estaba seguro que no le fallaría.

A la semana exacta, ni un minuto antes ni un minuto después, el mago se apareció frente a Rodolfo, con una maleta en la mano.
– Aquí la tienes, cuídala.
– ¿Cuanto le debo?
– Nada, los recuerdos, no tienen precio.
Desapareció ante él, dejándolo sorprendido y feliz en medio de la calle.

Esa noche, Rodolfo, no durmió, el nerviosismo del viaje, la alegría de volver a ver a su abuelo, apenas lo dejaban conciliar el sueño. Se despertó varias veces sobresaltado, buscando la maleta, termino poniéndola en la cama junto a él, solo así pudo dormir un par de horas.

Recogió el “gusano” y su maleta especial y salio feliz de la aduana habanera, su abuelo estaba esperándolo. Se abrazaron durante minutos, su abuelo le acariciaba el pelo y lo besaba mientras le decía.
– Te lo dije, sabia que volverías pronto, aún nos faltan muchos abrazos por darnos y recuerdos por compartir. Esta es tu tierra, sin los recuerdos, sin tu vida aquí no podrías construir tu vida allá, seria como una casa sin cimientos.

Rodolfo llego a la casa, sus amigos lo esperaban en el portal, su abuelo había dejado la casa abierta para ellos, muchos hasta tenían la llave; Rodolfo y su abuelo, compartían amigos y recuerdos. Abrió el enorme “gusano” con los regalos para sus amigos y su abuelo. Dejo para el final el periódico con su artículo y los escritos de su blog impresos. Cuando el abuelo trajo el café y lo sirvió, le dio el periódico, el viejo lloraba leyéndolo y acariciaba el nombre de su nieto en el periódico.
– Lo sabia, tu triunfo, que logres tus sueños, es lo único que me consuela de tu ausencia, te prefiero allá haciendo realidad todos tus anhelos y ganas que aquí frustrado y sin futuro.
– También tengo un blog abuelo, dijo Rodolfo dándole todos sus escritos impresos.
– Estos los leeré después con más calma, dijo el viejo, mientras los apretaba contra su pecho.

Un amigo levanto la maleta regalo del mago.
– ¿Y esta maleta? , parece que esta vacía.
– Es una maleta especial, denme un minuto para llevarla al cuarto y abrirla.

Rodolfo fue al cuarto, coloco la maleta en la mesita de noche, la abrió. Poco a poco, convocados por algún conjuro especial fue llenándose de recuerdos. Su primera caída, su primera partidura de cabeza, su mamá cuidándolo cuando tenia fiebre alta, su abuelo, sentándolo en sus piernas y haciéndole cuentos de magos y fantasmas, el primer libro que le regalo su abuelo, su primer beso de amor, su primer orgasmo, su primera alegría y su primera tristeza, todos su recuerdos fueron llegando y acomodándose en la maleta, los buenos y los malos, ambos son necesarios para vivir. Rodolfo estaba paralizado, no pensó que podría reunir todos sus recuerdos tan rápido, algunos, los creía perdidos para siempre. Lagrimas y alegrías, sonrisas y penas olvidadas, escuelas al campo, almuerzos especiales con la familia reunida, caminatas por las calles de La Habana, besos robados, hasta una bandera tricolor ondeando al viento, se coló en la maleta. Nada faltaba a la cita obligada de sus recuerdos. Lo sorprendió su abuelo tocando en la puerta.
– Rodolfito, dijiste un minuto y ya llevas 3 horas en el cuarto, sal a compartir con tus amigos, el almuerzo ya esta listo.
¡Tres horas! Rodolfo se sorprendió, dejo la maleta abierta y salio.
– Discúlpenme, me entretuve con los recuerdos.

Se sentaron a almorzar, conversaron de mil cosas. Cuando se fueron sus amigos y se quedo a solas con su abuelo, le contó de la maleta y su intención de llevarse sus recuerdos.
– Es difícil llevarse todos los recuerdos, algunos quedaran aquí y tendrás que volver una y otra vez por ellos, otros son compartidos, si te los llevas todos, ¿Qué me haría entonces yo para recordarte, para compensarme de tu ausencia?
– No abuelo, los recuerdos compartidos seguirán siendo nuestros, esa maleta sabe lo que hace, ¿Recuerdas el primer libro que me regalaste y lo que me dijiste al dármelo?
– Claro que lo recuerdo, que un día tú me regalarías un libro escrito por ti, que leyeras mucho y ejercitaras tu memoria, solo así podrías ser un día un escritor.
– Ves, ese recuerdo ya esta en la maleta y sigue también contigo, lo seguiremos compartiendo.

Llego el día de la partida, Rodolfo le dio un fuerte abrazo a su abuelo.
– No me acompañes al aeropuerto, prefiero que nos despidamos aquí, con un hasta luego, volveré pronto, lo sabes.

Se abrazaron, intentando retener uno y llevarse el otro lo mejor de cada uno. Rodolfo tomo su maleta, subió al taxi. Hizo un viaje rápido, en Miami, los esperaban sus padres.
– Cuéntanos ¿Como esta el viejo? ¿Como te sientes?
– Vengo cargado de recuerdos, dijo, sin que sus padres pudieran adivinar el sentido exacto de esa frase.

Llego a su cuarto, coloco la maleta en su mesa de noche, la abrió. Su cuarto se inundo con su infancia, con toda su vida, sintió un ruido, como si una ola gigantesca golpeara contra la pared del cuarto, en la confusión reinante, le pareció ver a su abuelo sentado en la cama y hasta escuchar su voz diciéndole; los recuerdos Rodolfo, eso somos, solo lo que podemos recordar es lo que hemos vivido.

Fotografia tomada de la pagina de Fuentes Ferrin, pintor cubano radicado en Houston.

El Rincon de San Lazaro.

Siempre digo a mis amigos que Dios y yo nos entendemos muy bien sin necesidad de intermediarios, pero ser cubano y escapar totalmente a nuestro delicioso ajiaco religioso, es practicamente imposible. He visitado muchas de las iglesias católicas y algunas de las protestantes, también alguna que otra vez fuí a ver a algun santero famoso en mi intento de adivinar el futuro y buscar soluciones inmediatas a mis problemas. Con los años, aprendí a hablarle a Dios de frente y deje de buscar la ayuda de las religiones, aunque sigo visitando iglesias, llevando flores y abriendo mi corazón a todos los caminos que me lleven a Dios. En este constante conversar y buscar a Dios, una mañana de enero, un amigo me llevo al Rincón.

Sin dudas que Dios, esta en todas partes, pero por alguna razón, siempre he sentido su presencia de una forma especial en el Rincon. Esa pequeña y humilde iglesia de las afueras de La Habana es, sin dudas, el mayor lugar de devoción de nuestra ciudad y uno de los mayores de Cuba. Dicen que San Lazaro-Babalu aye, siempre ayuda a quien le pide, pero hay que cumplirle y allá van cada año en cualquier fecha, sus fieles, especialmente en los días que rodean al 17 de diciembre. Nunca he ido en esos días en que a pie desde todos los rincones de La Habana, miles de personas, en silencio marchan al Rincón a rendir devoción y respeto al santo. Muchos amigos me han contado historias, de esas horas de caminata y espera hasta poder entrar a la iglesia, cada una de ellas con un encanto especial.

Cuando mi eterno amigo y yo, estabamos a punto de vivir la aventura de nuestro viaje a España, como puente para llegar a Miami, un día le dije; mañana, nos levantamos en ayuno y oración y nos vamos para el Rincón hasta que cierren, dicho y hecho. Solo un vaso de agua y un poco de café y alla fuimos, encendiendo velas y pidiendo, hasta que a las 4 de la tarde una monjita, nos dijo que iban a quitar el transporte en unos minutos y decidimos irnos. A la salida, vendian pan con lechón, se imaginarán que devoramos cada uno como 4 y nos supieron a gloria!

Unos días antes de nuestra salida, regresamos al Rincón, dimos gracias y pedimos protección y en medio de la paranoia que teníamos, vencimos el miedo y le contamos a la monjita, que ya nos conocia, sobre nuestro viaje. Nos dijo la oración para el emigrante y nos bendijo. La he vuelto a ver muchas veces, la primera vez que regresamos a Cuba, fuimos especialmente a buscarle, a contarle de nosotros, nuestro viaje y nuestros éxitos , le dejamos una limosna para los enfermos, nos dijo todo lo que podría comprar con aquel dinero, que nos parecia tan poco.

En cada uno de mis viajes a La Habana, he vuelto al Rincón, esa paz y cercanía a Dios, me son necesarias. En las últimas ocasiones he llevado a mami, le he lavado sus pies cansados en agua bendita. Ella, ha permanecido de pie , junto a mi, mientras me arrodillo y pido por tenerla muchos años a mi lado, por su salud, la mía y la de todos los que quiero. Nos sentamos juntos en los bancos conversamos entre nosotros y con Dios, damos gracias por cada encuentro y por todos los encuentros por venir, oramos juntos por el mañana, seguros que El, nos escucha.

Algo de la fe y la magia del Rincón, queda con nosotros para siempre, convocándonos a una próxima visita.