Mi bandera, vencedora del fuego y del olvido.

bandera y palma!
Mientras unos queman banderas, en actos de furia e ignorancia,
Otros queman sus recuerdos, su infancia, su cielo, sus palmeras.
No acepto que hagan cenizas tricolores,
Que intenten flamear la estrella solitaria.

Mi bandera sabe donde guardarse, protegerse,
Desde la palma mas alta y orgullosa, desde la gloria
Desafía vientos, tempestades,
Indestructible habita en corazones, que la cuidan, la aman y protegen.
Hasta hijos de otras estrellas y colores, intentan protegerla y gritan ¡No es con ella nuestra lucha, ni la ira!

Sabe como cuidarse de las llamas, de furias y odios sin sentido.
Mira al cielo y dice, perdónalos señor, ¡no saben lo que hacen!
Llora desde lo alto, incontenible, la indiferencia y burla de algunos de sus hijos.
Eso le duele, más que el fuego que fracasa en su intento de quemarla. Son llamas que destrozan su memoria, su símbolo, sus años protegiendo, andando por el mundo.

Mientras unos queman mi bandera,
Otros arden en el fuego indiferentes, ¡Que la quemen, es solo un trapo! Una tela sin sentido, es del gobierno.
Reniegan de ella y de su origen, arden en el fuego de mal hijo, hasta se burlan de lagrimas e iras, de aquellos que la aman y respetan, que la prendieron, para siempre, en el alma y la gloria de sus vidas.

A aquellos que en vano intento intentaron quemarla, confundiendo símbolos y enemigos, les explico.
Comprendo su indignación que debe detenerse, justo donde empieza mi bandera, nuestra patria.

A los hijos de la estrella solitaria, que miran indiferentes como arde y hasta se alegran de esas llamas equívocas e ignorantes,
Que miran indiferentes, como arden sus recuerdos, que olvidan símbolos y patria, que cultivan desarraigo y malos odios,
A esos que fueron mis hermanos y decidieron alejarse de su madre,
Los miro con tristeza, hasta con pena, acaricio mi bandera y le susurro, no los perdones, ¡Ellos si saben lo que hacen!

Fotografia tomada de Google.

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Palmeras del querer!

Las palmas son novias que esperan: y hemos de poner la justicia tan alta como las palmas!

José Marti

El viernes pasado, una nueva, especial y talentosa amiga, me invito a su cumpleaños. Una fiesta diferente, la homenajeada, regalaba a los invitados canciones y recuerdos, su talento, su arte. Una canción, me cautivo, me dejo pensando, por suerte la grabe en video. Una parte de la canción, se repite en mi mente, una y otra vez, “y en la intensidad de mi soledad, siento palpitar, palmeras del querer…” El gesto del brazo de María de Jesús, como una palma al viento, acompaña la canción, en mi memoria.

Desde hace días, pienso mas en las palmas, las mismas palmas que otros, en gestos y frases de autonegación, dicen que no extrañan. Aquí también hay palmas, repiten. Se que también son nuestras, pero ustedes y yo, sabemos que no son iguales, aquellas son; palmeras del querer!

Las palmas, son uno de nuestros símbolos, como nosotros, soportan huracanes, se riegan por el mundo, lo resisten todo, nada las vence. Cuando hay tormenta, el primer rayo es para ellas, lo soportan estoicas, saben que también les llegara la primera lluvia de abril, el primer sol de la mañana.

No se, si por útil o gallarda, si por bella, numerosa o altiva, pero la hicimos nuestra. Reina en nuestros campos y paisajes, en nuestros corazones, desde su altura, sonríe, se mece al viento y espera.

No elegimos cualquier palma, para hacerla nuestro árbol nacional. Miramos al campo, nos dijimos; aquella, la mas alta, la que sobresale entre todos; la palma real, esa, la haremos nuestra. Muchos al irnos de Cuba, la llevamos con nosotros, no en fotos, ni en bonsáis, ni en recuerdos; en el corazón, como a una novia que espera en la distancia.

Poetas, cantantes, novelistas, todos, de una forma u otra le han rendido homenaje. Ella, es altiva, pero no altanera, saberse amada, no la hace sentirse superior, tiene sus raíces, muy adentro de la tierra, de nuestra tierra. No solo vive en el campo, también La Habana, se dejo conquistar por ella, crece en nuestra ciudad, fundiéndose con ella y nosotros. Recuerdo mi escuela primaria, con palmas gigantescas en el jardín, amanecían todos los días con alguna ofrenda folklórica. En aquellos años, no entendía por que esos plátanos con citas a los pies de las palmas. Hoy y ayer, siempre; los veo, como un homenaje a su belleza, como el regalo de un enamorado que no encontró joya digna y se invento un tributo.

Nunca he olvidado a las palmas, no podría aunque quisiera, no querré jamás. Parafraseando a Benedetti; no se como algunos sacuden la cabeza, cometen el error de pretender sacarse recuerdos y memorias, que no saldrán jamás del corazón.

Las palmas, saben que un día volveremos todos, nos esperan en los campos, en la ciudad, en nuestro escudo. Saben que bastara un gesto para convocarnos. Se mecen al viento, nos miran en la distancia, esperan, seguras y tranquilas, palmeras del querer, de nuestro querer!