El regreso del soldado.

En octubre del año pasado, escribí, “La  madre del soldado”. Un pequeño tributo al amor de una madre, a su dolor mezclado con orgullo y temores de ver a su hijo, hacerse soldado e ir a otras tierras distantes. Ese sentimiento extraño que solo siente una madre, cuando parte de su alma, de su espíritu, vuela lejos a cuidar de un hijo; a convertirse en el escudo que le protege, cuida y sirve de almohada.

Mi amiga, recibió hoy, adelantado, el mejor regalo por el día de las madres que podía soñar. Me sorprendió su llamada temprano en la mañana, les confieso que me asuste un poco. Su voz, se escuchaba entre lagrimas, velada por la emoción; Karel, acaba de llegar, me llamo! Después hizo silencio unos segundos, la emoción y el llanto, no la dejaban hablar. Mi amiga, la madre del soldado, agradece a Dios, a la Caridad del Cobre, el regreso de su hijo, sano y salvo. Atrás quedan noches de insomnio, de pedir a todas horas por su hijo. Detrás de cada sonrisa de mi amiga, se escondía el dolor y el temor por su hijo en el campo de batalla. Solo los que la conocemos muy bien y hemos compartido con ella este tiempo de angustias, sabemos de su dolor y preocupaciones.

El corazón de una madre, es un sitio especial, en él caben todos los buenos sentimientos del mundo, soporta golpes, dolores, partidas  y ausencias sin romperse. Mi amiga, me hablaba de su alegría, era un cascabel con destellos de luz. La seguridad que pronto abrazara a su hijo, le da un nuevo tono a su voz, su risa es más fuerte, imagino su rostro feliz, iluminado. Aún bajo los efectos de la emoción del regreso de su hijo, mi amiga, recordó a otras personas que sufren, me dijo; tengo que verte para darte el dinero para Martha! Dos protagonistas de mis escritos, que sin conocerse, se unieron al influjo de escritos y amigos. Martha, la muchacha que lucha contra el cáncer en La Habana y la madre del soldado, ambas madres, luchando de una forma u otra por la vida y por sus hijos.

Después de mucho tiempo, la madre del soldado, dormirá hoy tranquila. Esta semana lloró mucho, viajo a esperar a su hijo, un cambio de última hora, la obligo a regresar sin el abrazo necesario. La abrace a su regreso, lloro en mi hombro. Hoy, la vida, le regala esta sorpresa enorme. Del otro lado del mar, La Habana, hace un guiño, como diciéndole; ves, todo es posible, tuve que pedirle ayuda a Miami, pero lo logramos!

Antes de despedirnos, mi amiga me dijo; el viernes te llevo al aeropuerto, los pastelitos para Concha! No se como alguien bajo los efectos de una emoción tan grande, puede recordar detalles que otros olvidarían, así son las madres, únicas!

Mientras comenzaba mi escrito, pensaba en la foto que lo acompañaría, hasta pensé publicarlo sin foto y después agregar una de la ceremonia de recibimiento que debe estar sucediendo ahora. Mi Black Berry, sonó, había recibido un mensaje. Pensé terminar mi escrito para verlo, pero la curiosidad me hizo revisarlo; mi amiga, compartía conmigo, la primera foto que le había enviado su hijo! Se me salieron las lágrimas! Fue el mensaje que le envíe.

Hoy, la madre del soldado, cierra un capitulo de su vida y abre otro, ser madre, no sabe de descansos ni vacaciones. Sabe que aún le quedan pruebas que soportar y vencer, así es la vida, pero con su hijo al lado, sabiéndolo en sus brazos, no teme a nada, ellos dos se bastan para conquistar la felicidad. Junto a ellos, nosotros, sus amigos, seguiremos este andar, seguros que, los sueños se hacen realidad, entre amigos y esfuerzos.

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Abrazos!

Nosotros, los cubanos, somos fáciles y extrovertidos a la hora de manifestar nuestro afecto y cariño. Si queremos mucho a alguien, no basta darle la mano, es como quedarnos cortos. Le damos un abrazo. No contentos con abrazar, apretamos fuerte, damos un abrazo con sonido y prolongación en el tiempo.  Abrazos que son capaces hasta de romper un hueso, a lo cubano. Hasta en abrazar somos exagerados!

Cada vez que me reencuentro con mi madre, el primer abrazo, vale por millones. Es como saldar nuestras cuentas de abrazos pendientes, dura  minutos. El abrazo se adorna con besos y frases, se sazona con amor y lagrimas de alegría.

Recuerdo cuando aún no había regresado a La Habana, cuando mi mama y mi familia en Cuba, se habían convertido en solo voces. Una noche soñé que entraba en la sala de mi casa, abrazaba muy fuerte a mami, sentada en su sillón, le decía al oído, no sabes la falta que hace el abrazo de una madre. Me desperté con una felicidad  y energía inusual, era como si de veras hubiera abrazado a mami. Cuando volvimos a vernos, se lo conté, me miro, me dijo; quien sabe, tal vez esa noche ambos nos escapamos buscando abrazarnos y lo logramos.

El valor de un abrazo, solo lo sabe quien lo necesita, quien lleva tiempo sin darlo o recibirlo.  A veces, no tenemos cerca quien pueda darnos un abrazo y revivimos abrazos anteriores, lo sacamos de los recuerdos y los disfrutamos. Un abrazo, nos da energía fuerzas, aliento, es capaz de cambiarnos el estado de animo. Darlo o  recibirlo, es un acto de magia, después, ya no somos los mismos, nos mejora.

Me cuenta una amiga, trabaja con nosotros en el aeropuerto, que hoy, mientras trabajaba, recibió una sorpresa. Un soldado,  un hombre alto, atractivo, vino hacia ella, con los brazos abiertos, la abrazo muy fuerte. Mi amiga, se sorprendió, pero no tuvo fuerzas para resistirse al abrazo, creo que ninguna de  mis amigas y  tampoco  de mis amigos, hubieran podido resistirse. Cuando se dio cuenta de su sorpresa, el soldado le dijo; yo, solo quería abrazar a alguien.

Yo solo quería abrazar a alguien! El soldado, no necesitaba decir más. Mi amiga, es una mujer de suerte. Se que no olvidara nunca ese abrazo. Todo Miami, hubiera estado dispuesto a recibirlo. Le toco a ella, el primer abrazo de un soldado que regresa a casa. El primer abrazo de todos los regresos, es siempre el mejor. Imagino la alegría del soldado y la sorpresa de mi amiga. Imagino el abrazo, les confieso, yo, también hubiera querido recibir ese primer abrazo, esas ganas de abrazar a alguien sin importar rostro. Ese abrazo puro, con todas las ganas del mundo de dárselo alguien, no importaba a quien.

Todos, mas de una vez hemos sentido esa necesidad de darlo o recibirlo. Un abrazo, no tiene precio, no se compra. Se recibe a veces, de sorpresa, nos lo regala la vida, no es casual. Hoy, reparti abrazos, dos o tres. Ahora, quisiera un abrazo, uno solo, pero ya falta poco, menos de un mes para recibirlo.