Las manos de mamá.

IMG_0001 (2)Escucho una canción ‘Las manos de mi madre”, se revuelven recuerdos, emociones. Pienso una vez mas en esas manos mágicas, todopoderosas, capaces de acortar distancias, burlarse del tiempo y traernos una caricia en el momento justo. Incansables, no toman descanso, tejen sueños.

Hace tiempo quiero escribir sobre las manos de mamá, esas manos milagrosas, únicas. Manos capaces de desenredar penas, bajar fiebres, sanar heridas, tejer sueños. Muchas veces me he sentado a dar forma a ese escrito imaginado, no he podido. Las palabras escapan, huyen de mi mente y mis manos, como diciendo en su gesto; ¡Las manos de mamá! Demasiado para nosotras, tendríamos que pedir ayuda, multiplicarnos, crecernos. Hoy decidí atar las palabras a mis manos, no dejarlas escapar. Después de una semana necesitando, a cada instante, las manos de mamá, me debo a mi mismo, terminar este escrito.

Ignoro en que momento unas manos comunes, formadas por tejidos, tendones y huesos, adquirieron poderes mágicos. No se en que instante ocurrió la transformación, pienso que ese cambio comenzó a gestarse desde el minuto exacto que en el interior de la mujer, se engendro una nueva vida. Sabia que unas manos comunes no bastarían para enfrentar los días por venir, miro al cielo, elevo sus manos y un rayo de luz, las fue transformando, le dio poderes especiales.

Las manos de mama, se bastan para aliviar dolores, sanar heridas, bajar fiebres. No hay dolor físico ni del alma que se le resista. Si las manos de mamá, nos acarician, nos dan su toque mágico, sabemos que todo estará bien.

No importa lo difícil del momento, que el abismo se abra a nuestros pies, las manos de mamá, se bastan para salvarnos, para cerrar abismos, desaparecer dificultades y penas.

Las manos de mamá, saben de viajes, no creen en distancias. Si mamá sabe que su hijo enfermo o triste, necesita una caricia, un toque mágico que le devuelva la salud y la alegría, hasta el, llegaran esas manos, a deshacer tristezas, a vencer enfermedades. Esas manos tienen vida propia, conocen hechizos y conjuros, no las detiene el mar ni las montañas.

En estos días de fiebres y malestares, oculté a mi mama, mis dolencias físicas, no quería preocuparla, darle una pena más. Justo el día antes de mi cumpleaños, me llamo, quiso ser la primera en desearme felicidades, que su beso, como siempre, fuera el primero en mi mejilla y mi alma. No pude ocultarle la gripe que me estaba torturando, mi voz tomada y una tos que interrumpía nuestra conversación, me hubieran desmentido. Recuerdo sus palabras; mañana vas a estar mejor, no vas a tener más fiebre mi hijito. Conjuro, oración o hechizo, así fue. Desde La Habana, las manos de mama, hacían el milagro y pude pasar un 28 de marzo, tranquilo y feliz, sin fiestas, ni celebraciones, pero al menos sin fiebres, ni malestares que me obligaran a guardar cama.

Desde la distancia, las manos de mamá, movilizaba amigos, me enviaba sopas de pollo, los hacia llamarme a cada instante, hasta mejunjes e inventos para la gripe me hicieron tomar. Créanme amigos y desconocidos que en esas noches que la fiebre pasaba los 40 grados, sentí muchas veces en mi frente y mi pecho las manos de mamá, no estuve solo nunca, ellas hacían el milagro de acompañarme y cuidar de mi.

Cuando la fiebre fue muy alta, no se si fueron delirios, visiones o realidades, imaginaba a La Habana corriendo a mi casa, allá en Playa, tocando a la puerta en plena madrugada.
– Vamos Concha, nuestro hijo nos necesita, ven conmigo hasta el Malecón.
Desde el muro de todos, mi madre, sostenida por mi ciudad, levantaba sus manos al cielo y oraba por mí. Mientras yo, acá en mi cama, sentía una luz y un calor que me daban la certeza que todo estaría bien; las manos de mamá, estaban conmigo.

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Las palabras soñadas.

Si un día se me acaban las palabras.
Si no pudiera unirlas, moverlas, usarlas, jugar con ellas.
Si un día agotadas de tanto uso, decidieran tomar definitivo descanso, abandonarme, decirme un adiós estruendoso y último.

Si un día, como Nora, se fueran y de un portazo, cerraran para siempre su regreso.
¿Qué me haría sin ellas?
¿Cómo decir te quieros, te extraños, como describir el amor y la esperanza?

Si un día, amaneciera sin palabras, ausente de verbos, sustantivos, sin un solo adjetivo para describir el día, ¿Como podría escribir o hablar a mis amigos?
Si al intentar escribir sobre La Habana, solo pudiera hacer garabatos y signos sin sentido. Sin una sola palabra que la adorne y traiga hasta mi cuarto.
Si al querer hablar sobre mi madre, hablarle a amigos de su infinito amor, de su dulzura, solo emitiera sonidos sin sentidos, ruidos que nadie entendería. ¡Como vivir sin gritar cuanto la amo!

¿Qué hacer con tanto amor sin expresarlo? ¿Como revivir recuerdos sin palabras?
¿Cómo volver a decir te amo y la luna no sale si no estas o el día comienza cuando abres tus ojos? ¿Cómo decirle a alguien, muy cerca del oído, solo existo cuando en tus ojos me reflejo?

¿Cómo llamar a un amigo si de repente una caída o un dolor, me asaltaran a solas en mi casa?¿Cómo gritar; ¡Te necesito! En medio de la noche y mi desvelo?

¿Qué me haría si un día, cansadas, agotadas, disgustadas del mal uso y abuso, se fueran de mi lado las palabras? ¿Como vivir sin ellas? ¿Cómo ganarme amigos y enemigos?

¿Cómo decir que La Habana, mi ciudad, la ando cada noche en el  recuerdo, que en sus calles resuenan nuestros pasos y amores, que nos espera segura del regreso?

¿Cómo decir que allá en mi lugar exacto, mi madre y mi ciudad, tejen y destejen sueños, esperando por mí, 365 veces, cada año?

No teman, anoche, mientras hacíamos el amor, en pleno orgasmo; las palabras y yo, juramos, amor eterno,  ¡No abandonarnos nunca!

Fotografia de Liborio Nova.