El milagro de la Navidad en un barrio habanero.

Dos cubanas se encuentran en la calle, justo frente al mercado campesino de 78 y 19. Las dos quieren comprar un poco de carne de puerco y frijoles negros, en su intento de celebrar algo parecido a la Nochebuena. Estudiaron juntas en la Universidad, llevan años sin verse.

– Yeny, dame un beso mi santa , ¡qué alegría verte! Oye vamos para la cola rápido antes de que esto se ponga color de hormiga y nos quedemos sin nada.

– ¡Qué alegría verte Alicita! Tú no cambias esta niña, estas igualitica.

-Deja la guanajera y ponte pa tu número, de igualitica nada, que aquí la cosa está muy dura y a una le caen los años en tonga y burrojòn puñao. ¿ Te acuerdas cuando nos graduamos de ingenieras? Eramos delgaditas y con un montón de sueños, hoy tenemos un montón de libras y los sueños se nos quedaron en el camino, ni uno me queda.

– Lo sé , pero una no puede darse por vencida, hay que seguir palante, esto está duro, pero una le encuentra la vuelta y va escapando. Este año yo celebro Nochebuena o me cambio el nombre. La vieja no quería hacer nada, desde que mi hijo Manolito se fue, está apagaita, pero hay que hacer de tripas corazón y seguir; inventarse la sonrisa y los sueños.

-Yo sé lo que se siente al tener un hijo lejos, es un dolor que estruja el corazón, un nudo en la garganta que nada desata. Mi hijo Joseito se fue hace 3 años, yo misma le di el empujón para que se decidiera. No quería para él esto, él es un muchacho muy inteligente y luchador; saberlo bien y triunfando, alivia un poco el dolor de no tenerlo cerca. Oye ya casi nos toca, ¿ Que te parece si nos ponemos entre las dos y compramos la pierna aquella que se ve buena? Después compartimos como buenas amigas que somos.

Compran la pierna de puerco y van para casa de Alicia a compartirla.

En la sala de la casa, una foto de dos muchachos abrazados sorprende a Yeny.

– ¿ Ese es tu hijo Joseito? Yo no sabía qu él y Manolito eran amigos. Él me hablaba de un roonmate que tenía y que se llevaban muy bien, que eran como hermanos, pero ni idea que fuera tu hijo.

-Bueno yo tampoco sabía que Manolito era tu hijo, llevamos años sin vernos, pero ellos no son roommate mi santa, ni buenos amigos.

– ¿Y qué carajo son entonces? ¿Primos hermanos?

-Pareja, mi santa, se aman y piensan casarse. Al principio me chocó un poco, pero es mi hijo y mejor no lo quiero, hace tiempo me contó que era homosexual, gay, como le dicen ahora. Esa noche lloré, pero después me di cuenta que era su vida y mientras fuera un buen hombre y un macho, yo no era quién para criticarlo. Entre él y yo no hay secretos. Cuando conoció a Manolito me lo contó enseguida ya llevan un año juntos y son felices y yo tan feliz como ellos, porque los sé amandose, cuidándose el uno al otro y felices. La yuma es muy duro para uno sólo y entre los dos, todo es más fácil.

– Dame un vaso de agua Alicita por tu madre que esto es demasiado para mi.

– Aquí está el vaso de agua y mi asombro de que tu corazón sea tan chiquito que no pueda aceptar a tu hijo tal y como es. Despierta mi santa y no comas mierda, un hijo es un HIJO y se acepta y se quiere como sea. Mira a mi mamá, católica, educada en escuelas de monjas ¿y sabes lo que le dijo a Joseito cuando le contó lo de Manolito? Ya me puedo morir tranquila porque sé que te dejo con un buen hombre a tu lado.

– Yo lo entiendo y mi hijo está por encima de todo y sé que es un muchacho de oro, pero me tomó de sorpresa la noticia. Ni imaginaba nada, si haste dejó novia cuando se fue.

– Bueno ya lo sabes y ahora somos consuegras, ¿ Qué te parece? Oye ¿qué hora es? Joseito me dijo que me mandaba turrones, café y otras cosas con un amigo que llegaba hoy y que pasaría a traermelas directo del aeropuerto.

-Ya son las 4 de la tarde.

– Ave María purisima si debe estar al llegar, el vuelo llegaba a las dos de la tarde. Después picamos la pierna de puerco. Dejame guardar todo en la cocina.

Yeny se queda en la sala, toma la foto en sus manos y acaricia la imagen de su hijo.

Cuando Alicia sale de la cocina ve un taxi detenerse frente a la casa, dos muchachos se bajan, recogen maletines…

– Santa Barbara bendita, esto si es un milagro, ¡un milagro de la Navidad!

Manolito y Joseito dejan sus bultos y maletas en el portal y corren a abrazar a sus madres. La sala de la casa de Buenavista, se ilumina con luces de arcoiris.

Manolito, después de besar y abrazar a su mamá, le dice:

– Vieja, tenemos que hablar.

Alicia interrumpe la conversación .

-No hay nada que hablar que ya yo les ahorré el trabajo, aquí lo que hay es que celebrar y en grande. Ay mi niño cuando tu abuela llegue de casa de Cunda y te vea, va a ser la vieja más feliz del mundo.

-Mami y cómo vamos a hacer para la Nochebuena mañana, Manolito y yo quisieramos pasarla juntos, pero será difícil.

– Ay mi hijito, difícil, no casi imposible era tenerte aquí. Yeny y yo compramos una pierna de puerco entre las dos para compartirla después, ya no hay que compartir nada. La asamos y comemos todos juntos, la mesa del comedor es grande y cabemos todos.

Mientras conversan y se tocan unos a otros, para convencerse de que son reales, que no es un sueño tanta felicidad, llegue la vieja Rosa de regreso de visitar a su amiga Cunda. Abraza y besa a su nieto.

-¿Hicieron bien el viaje? Por lo que veo el avión no se retrasó

– ¡Mamá tu sabías que ellos venían!!

– Claro que lo sabía, Joseito sabe que si se aparece de pronto capaz que me de una sirimba, me lo contó todo pero me pidió guardar el secreto, quería darte la sorpresa. Vengan acá los dos y abrazenme, ya puedo morirme tranquila, Manolito es un buen muchacho se le ve en los ojos, cuídense muchachos que yo no voy a ser eterna.

Alicia y Yeny se abrazan emocionadas, el milagro del amor y de la Navidad ilumina sus rostros. Alicia les dice:

– Aquí hay dos cuartos vacíos, voy a preparar uno para los muchachos y el otro para ti y tu mamá, así nos pasamos estos días juntos y no hay que andar compartiendo los muchachos.

– Voy a buscar a la vieja y a recoger algunas cosas.

– Voy contigo mami, me muero por ver a abuela.

Yeny se va con su hijo, Alicita se sienta junto a su hijo y su madre, los mira y acaricia.

– Es verdad que la vida es dura y que los sueños a veces se nos pierden al andarla, pero créanme, dudo mucho que exista en le tierra alguien que sea más feliz que yo en esta Navidad, ¡¡Gracias Dios mio!!!