Una Rosita que vence al tiempo con sonrisas y aplausos.

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Como siempre, como hace más de 75 años, basta su nombre en cartelera para convocar amigos y admiradores, para garantizar locales desbordados de públicos, aplausos y ovaciones. Rosita cumple años y los cubanos de esta otra orilla, lo celebramos junto a ella, disfrutando de esta suerte de ser parte de su historia, de nuestra historia.

Rosita pertenece a esa rara raza, en extinción, de artistas plenas, de esas que no necesitan estudios de grabación que le arreglen agudos y notas, ni padrinos poderosos para triunfar. Esa raza de artistas con mayúsculas, con atributos suficientes para arrancar aplausos a públicos y críticos. Se basta sola para imponerse en cualquier escenario y género. Lo ha demostrado en una larga carrera que suma aplausos de 4 generaciones de cubanos que la siguen y la hacen suya, que se dejan seducir por su arte y encanto, burlándose de años y de absurdos.

Hace aproximadamente un año en una de mis visitas a su casa en La Habana le dije que pronto celebraríamos “el siglo de Rosita”, me miro, sonrió y con su asombro de niña grande me dijo; un siglo, no, ¡te imaginas cumplir 100 años! Ambos reímos seguros que un siglo con Rosita es, sin dudas, un siglo de nuestro arte, de lo mejor de nuestros teatros. Un siglo de pasear todos los géneros por los escenarios de una Isla que la hizo suya. Es cierto que nació en New York y que a diferencias de muchos de nosotros, su ciudadanía americana es por nacimiento, no por naturalización, pero es cubana, nuestra, cubanísima, diría yo. Ha conservado en su casa, aún en momentos que las religiones eran condenadas, una imagen de La Caridad del Cobre. Cachita la bautizo con mieles y girasoles y la hizo cubana, la vistió con batas cubanas y la lanzo al mundo y a la gloria. El viejo Lázaro le agradece sus actuaciones, en pleno esplendor de su carrera, para los enfermos del Rincón, su darse a todos, sin esperar nada a cambio, solo amor. Un pueblo entero la ama y dice, nuestra Rosita, burlándose de actas de nacimientos y ciudadanías, de intentos de ostracismos y prohibiciones, a ambos lados del mar.

Coincidir en tiempo y espacio con Rosita Fornés, ser parte de esa suma de aplausos y bravos, decirle de una forma u otra; te queremos, es sin dudas un privilegio, un regalo. Nos quedan 8 años para cumplir el siglo de Rosita. Me imagino al Teatro García Lorca, al Martí, al Amadeo Roldan, disputándose entre ellos el homenaje central de esos 100 años de gloria y arte. Muchos teatros de provincias, como el Terry y La Caridad, dirán ¿y nosotros que? ¡Rosita también es nuestra! Ella nos pertenece a todos, lo sabe y disfruta. En Miami, esa fiesta del siglo de Rosita será, por derecho propio, en The Place of Miami, que bien puede reclamar como nombre; ¡El Lugar de Rosita!

A su fiesta de cumpleaños asistieron admiradores, amigos y compañeros de trabajo. Todos quisieron dejar constancia de su amor y agradecimiento, aportar su granito de arena y decirle al oído, te queremos y mucho. Reinaldo Miravalles, Miguel Gutiérrez entre muchos, se sumaron a este homenaje que fue un desfile del buen arte y el saber hacer. Un espectáculo que se extendió en el tiempo, pero que nadie quería que terminara. La magia de La Fornés, vencía una vez más al tiempo

Rosita, nos regaló 3 canciones y el público la aplaudió con el alma, recuerdos y emociones. Un bravo enorme estremeció a The Place of Miami, al finalizar su actuación. Nos quedamos, como siempre, con ganas de mas, alguien grito desde el público, ¡Balada para un loco! Los locos somos nosotros que no nos resignamos a un adiós de Rosita y la hacemos volver, una y otra vez, incansable y hermosa.

Desde el saloncito VIP de The Place of Miami, miraba a Rosita deleitarse con las canciones que le regalaban, disfrutar halagos y piropos, recibir regalos y flores. Les confieso que me asombra su fuerza, su no darse por vencida, su hacer al tiempo y los años sus admiradores. Su sonrisa tiene el raro encanto de borrar años y penas. Basta una sonrisa y vuelve a ser joven; es su misterio, su encanto, su secreto y magia. Rosita no se cansa de ser bella, de ser una Rosa sin final. La mantienen viva, la alientan en su acción e intento, el amor de 4 generaciones de cubanos que a fuerza de aplausos y bravos, de te quieros y piropos la atamos a la vida y los escenarios, iluminando nuestra escena, como un gigantesco arco iris de rosas multicolores. Nuestra estrella, La Fornés, cumple años y a un lado y otro de este mar, un pueblo le dice; gracias por existir, por ser nuestra y desde ya prepara flores, presentes y ganas para celebrar la llegada de ¡un siglo con Rosita!
rosita cumpleaños, The place of Miami

Fotografias cortesia de Robertico Morales

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Las Noches con Mirka, aniversarios y esfuerzos.

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La primera vez que entré a una cabina de una estación de radio, fue en La poderosa 670Am. Una noche especial, regalo de amigos y escritos, una noche con Mirka, de las tantas que viernes a viernes regala a oyentes de la ciudad y del mundo. No les niego que estaba nervioso, hasta ese momento había leído y hablado de mis escritos a amigos. Esa noche, por vez primera, enfrentaba un público desconocido, un público sin rostro, ni lugar fijo. Mirka comenzó la magia de sus noches, a su influjo y con la presencia de amigos, me sentí en una sala cualquiera, olvide temores y entre chistes y anécdotas, se nos fue el programa, sin darnos cuenta, como todo lo que se disfruta.

El pasado domingo, el programa Las noches con Mirka celebró su 3er aniversario. Ella y su equipo, Alfredo, Rubén y Mirna, contra viento y marea, dificultades y apuros, no desmayaron en su empeño. Hoy muchos agradecemos su constancia, su no darse por vencidos.

Un grupo numeroso, decidió aportar su granito de arena para que este cumpleaños radial alcanzara una frecuencia inusual, no vista antes en la ciudad, una frecuencia de amigos y de esfuerzos en comunión. The Place of Miami fue el sitio perfecto para la celebración. En su lugar y escenario, celebraríamos un aniversario y la continuidad de voluntades y ganas.
Llame a Mirka durante la semana para reservar y comprar la entrada, me sorprendió con la noticia de que estaba en su lista de invitados. Prepare vestuario y acompañantes y fui casi uno de los primeros en llegar.

Siempre pensé presenciar un buen show, la dirección y producción de Willy Vega y la presencia de toda una constelación de estrellas, lo aseguraba. La noche tenía en sus manos, todos los ases de triunfo y su director, sabia como jugarlos. Les confieso que el resultado supero las expectativas, no solo las mías, las de todos los asistentes.

Entre el público numerosas personalidades de las artes y la política de la ciudad. Imprescindibles en nuestra música y en el afecto de un pueblo, Las Hermanas Diego. A mi lado Daysi Balmajo, que a golpe de talento y tesón, se ha consolidado como uno de los rostros de la ciudad, derrochando dulzura y atenciones a todos, en cada saludo, en cada frase, en cada sonrisa. Muchos fueron los asistentes, citarlos a todos, convertiría mi escrito en un pase de lista. En el escenario, muchos de los que se esfuerzan e imponen en el arte de la ciudad. Solo algunas ausencias que por un motivo u otro, no pudieron ser parte del brillo, de una noche especial.

La voz de Mirka en off, dio inicio al espectáculo. El programa radial, desbordaba su marco, se escapaba de la frecuencia de amplitud modulada, para estallar en imágenes y luces en un show que, sin dudas, marcó un hito en la ciudad. Alina Robert, nuestra reina de belleza, más allá de malos jueces y manipulaciones, sirvió de animadora de la noche. Fueron muchos los invitados, es imposible nombrarlos a todos. Entre ellos, sobresale Yara Rey que con su potente voz estremeció las paredes del local a fuerza de agudos y aplausos. Lourdes Libertad, Arline, cada una en su estilo y a su manera, adornando la noche, regalando arte. Lía, en su “Si yo fuera hombre” logro seducir a admiradores y público en general. Samuel Calzado, que anuncia su próximo concierto de cumpleaños en Alfaro’s y que poco a poco ha sabido ganarse un lugar en la geografía cultural de una ciudad que uniendo esfuerzos y ganas de muchos, se niega a ser “la tumba del artista cubano”. Las actuaciones de Malena y Lena, un paréntesis que dejo a todos con ganas de más, entre las dos se trajeron a Elena al escenario, negando una y otra vez que, “Se fue” ¡Que trio de mujeres! ¡Que dicha que sean nuestras, más que cubanas, cubanísimas!! Little José y Lissette, demostraron, una vez más, que el travestismo con rigor y profesionalismo es un arte. Rolando Polo a quien no conocía personalmente, aporto una nota lirica a la noche en su potente voz y presencia. Mirtha, nos regaló su versión de Que hablen, de Las Diego y el público hablo, entre aplausos y bravos. Cerro el espectáculo Anabel Blanco, que no por gusto es llamada, “La salsa hecha mujer” a ella se unieron en un fin de fiesta, todos los invitados. En el escenario, junto a ellos, el equipo de producción del show y del programa, nos decían, ¡Hasta pronto! Nos vemos en el 4to, el 5to y muchos aniversarios más por venir.

Terminaba Una noche con Mirka, noche cubana, anticipo de muchas más. Nuestras noches cuentan con un espacio seguro para todos los que tienen ganas de hacer y soñar. Desde su micrófono, la voz de Mirka y su equipo de producción, convocan a unir voluntades y ganas, a multiplicar y afianzar nuestro arte en noches y días. Apostemos, seguros, por ¡Las noches con Mirka!

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¡Sigo aqui! Un concierto entre amigos.

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Sigo aquí, un nombre sugerente para un concierto, una declaración de principios y propósitos; una decisión. Samuel Calzado sigue aquí en el panorama cultural de la ciudad, abriéndose camino, afincándose, ganando público, aplausos y amigos.

Desde antes de iniciar el concierto, sé que será una noche especial. Un montón de amigos reales y virtuales se entremezclan, me saludan. Algunos me felicitan por mi cumpleaños, otros llegan, como Maritza y me dicen.
-Habanero, al fin te conozco, nos abrazamos como viejos amigos y hablamos de nosotros, del concierto, de La Habana. Les confieso, esto de amigos virtuales convirtiéndose en reales, lo disfruto casi como una travesura de muchachos.

El concierto comienza con un video de sus actuaciones en España, se escucha la voz de una locutora que dice; una de las voces cubanas más cálidas que hemos escuchado y Samuel, sale a escena.

Dedica una canción a su mama, pensó tenerla esta noche presente, pero una visa denegada lo impidió. La magia de la canción vence prohibiciones y negativas, la hace presente esta noche. Junto a nosotros aplaude emocionada la canción que le dedica; “yo sin tu amor, ¡no se vivir!” Se enjuga una lágrima y regresa a La Habana, a esperar el próximo reencuentro.

Nos cuenta que en un duro invierno en España, en una de esas noches que hablar con seres queridos es la única vía para calentar el alma, llamó a su mamá. Le conto que el invierno era duro y estaba muy solo. Su mamá, resumiendo el sentir de tantas madres cubanas, le dijo; tú no estás solo mi hijo, tú estás lejos. Nosotros, como tantos, como él, nunca estaremos solos, ¡solo lejos!

Interpreta, “Se fue” y recuerdo mi escrito; ¡Nos fuimos! Pienso cuantos se conmueven y revuelven nostalgias con la letra de la canción. “¡Mire usted como he tenido que echarle de menos! Se fue sin abrigar despedidas y la palabra volver ya se esfumo, cual si fuera esta canción.”

Canta a Pablito y el público aplaude al cantante y al autor. Yolanda se sienta con nosotros a la mesa, disfruta la canción, antes de partir en una alfombra tricolor al lugar donde el tiempo se detuvo esperando regresos y reencuentros.

Como siempre, su mejor momento, el que lo eleva y lo hace único e irrepetible, cuando descarga al piano. Lo escucho, miro y admiro e insisto en un concierto acústico, a piano y guitarra, ¡a descarga pura!

Canta, de las Diego, se me eriza la piel y como siempre logra erizarnos el alma y recuerdos. Recuerdo a mi amiga María Luisa, cada encuentro nuestro desborda cubanìa y cariño. Convertimos sitios nocturnos en calles o barrios habaneros y hablamos de Cuba, con amor. Erizándonos siempre, por ese amor que compartimos por nuestra Isla.

Eddy Santana invitado de lujo, regala canciones en derroche de voz. Cuanto talento cubano, disperso por el mundo, esperando un llamado desde el Cobre, para cantar, en la mejor y compartida nota, ¡la canción del regreso! Canta, “Se me antoja” y entre antojos, recuerdos y añoranzas, me dan ganas de noches habaneros, en un centro nocturno. Escuchándolos sin exilios, ni partidas, sin adioses y ¡vuelvo pronto!

Como regalo de cumpleaños, inesperado y nostálgico; Eddy y Samuel me regalan dos canciones; Pensamiento y Longina. Escuchándolas, recorro mi isla, ando por mi Habana, llego hasta mi casa, allá en Playa y abrazo a mami sentada en su eterno sillón. Yo, junto a ellos digo; “anda pensamiento mío, ¡dile que yo la venero!” Descargan. Como solo los grandes pueden y saben. Convierten The Place en un lugar habanero, con victrolas, recuerdos y talento. Ente ellos me parece adivinar a la Lupe y a Freddy haciendo de las suyas.

Invita a Danay, dándole la oportunidad que su público la conozca. Ayudar, dar una mano, compartir público y escenario, nos hace aplaudir al ser humano, al amigo.

En fiesta de cubanìa invoca malecón y canciones. Pone a los presentes a bailar, presumiendo de ser el ” el negro más cumbanchero”. De donde son los cantantes, estalla en la noche miamense y un coro gigante le responde ¡son de Cuba! Ay mamá que son de La Habana, aunque canten en Miami.

Alguien le grita, estas suelto y sin vacunar y apunto una frase más para mi próximo escrito sobre las frases cubanas.

Al final, nos recuerda a todos que; ¡valió la pena! Entre notas musicales, aplausos, esfuerzos y lejanías, ¡¡todo valió la pena!! Porque como dice la letra de la canción que cierra su concierto; ¡porque era necesario!

Termina el concierto, nos despedimos entre abrazos y fotos. Confiados que Samuel y su arte seguirán aquí, abriéndose caminos, ganando público, asegurándose un lugar en la geografía cultural de Miami.

Un almuerzo entre amigos, recuerdos y sueños.

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Llevaba tiempo planeándolo, dándole vueltas a la idea. Un lunes se levanto decidido; ¡Este sábado será el almuerzo con todos mis amigos!

Cuando a Jose, se le metía algo entre ceja y ceja, no paraba hasta lograrlo. Envío mensajes de texto y por Whatsapp, emails, hizo llamadas telefónicas. Se comunico con amigos en Paris, Barcelona, New Jersey, Hialeah, Canadá, Bruselas, Suecia y un montón de países y ciudades más. Armó un arroz con mango de anjá, pero estaba resuelto, esta reunión de amigos en el patio de la casa de Alfredo y The little Jose, seria histórica.

A todos los amigos les dijo bien claro que cada uno tendría que llevar un plato especial, algo que le gustara y que estuviera vinculado a su vida, a sus recuerdos. Todos pasaron la semana en los preparativos, algunos sacando pasajes y haciendo reservaciones en hoteles, mientras pensaban en que plato llevar a la reunión, otros buscando ingredientes, alistándose para el esperado almuerzo.

Jose, llamo a su mamá en La Habana para pedirle consejo.
– Haz un picadillo con pasitas, aceitunas y papitas picadas en cuadritos fritas, de postre un flan con mi receta personal, recuerda no agregarle azúcar, con la de la leche condensada basta.
– Gracias mami, un besote, te llamo el domingo para contarte del almuerzo.

Hiram, no se preocupo mucho, compró 4 paquetes de chuletas de puerco en Publix. No quiso complicarse, después se decidió por hacer un potaje de garbanzos de esos que él hacia imitando la sazón de Concha, la mamá de Jose. Recordó la primera vez que lo probó y le supo a gloria.

María de Jesús, preparo una ensalada sueca idéntica a esa que hizo el día de su cumpleaños en el 2011, cuando conoció a Jose e Hiram y juntos comenzaron a “cocinar” su primera presentación ante el público de Miami.

Higinio, pidió la ayuda de su mamá, juntos hicieron una fuente enorme con croquetas idénticas a las que hacia María Elena en La Habana, cuando él y su hermano eran niños. Esas croquetas sirvieron, en su momento, para mucho más que servirlas en la mesa. Hacerlas juntos los hizo revivir esos años en que, enfrentaron dificultades y las vencieron.

Así todos pasaron la semana ocupados en los preparativos, muchos guardaban celosamente el secreto sobre el plato que llevarían; no querían competencia, querían deslumbrar a los demás cuando mostraran su plato.

Llego la tarde del sábado. Jose, fue el primero en llegar a casa de Alfredo y Little Jose, fue directo al patio. Una mesa enorme ocupaba casi toda el área, coloco su fuente con el picadillo que su mamá le habia enseñado a cocinar sobre la mesa y guardo su flan en el refrigerador, lo sacaría a la hora de los postres. De uno en uno, en grupos de 2 o de 3 fueron llegando todos. No faltó nadie.

Lourdes trajo una cazuela enorme con un delicioso arroz con pollo, al destaparlo, un fuerte olor a barrio habanero, a comida del domingo en familia, inundo el patio. Todos se quedaron en silencio, disfrutando ese olor que los transportaba a La Habana y a otros tiempos. Montse, vino directo del aeropuerto, traía una tina de helado de mandarina y una cazuela con fabada, sabia que era uno de los platos obligados que Jose pedía a su mamá en sus viajes a La Habana, lo coloco sobre la mesa, lo destapo.
– Pruébalo Jose, dime si te recuerda algo.
– Parece que lo hizo mami, ¿Como lo lograste?
– La llame, ella me dijo como hacerlo, quería sorprenderte.
Se dieron un abrazo largo e intenso, un abrazo que se debían hacia años, esperado y necesario, imprescindible.

Samuel llego, puso sobre la mesa una fuente con jamón ibérico y corrió a bajar el piano eléctrico del auto, después del almuerzo cantaría algunas canciones junto a otros invitados y los acompañaría al piano. María de Jesús e Hiram, llegaron juntos, colocaron sus platos sobre la mesa y se pusieron a conversar con Samuel, planificando la sobremesa musical.

Margarita llego agitando pulseras y riendo a carcajadas, destapo su cazuela de caldo gallego antes de ponerla en la mesa.
– Huelan esto, me quedo especial.
Todos se deleitaron en ese olor, se extasiaron en recuerdos e historias convocadas a su influjo. Jose, viajo en el tiempo en alas de ese olor, recordó cuando su mamá lo hacia allá en La Habana, se lo daba a probar y él solo decía; ¡Exquisito!

Sobre la mesa había una variedad de platos capaz de satisfacer al gusto más exigente. En el patio una mezcla de olores revivían infancias y hogares, nostalgias y alegrías. Magda llego con las primitas recién estrenadas, cada una traía algo, pastas, papas rellenas, mermelada de guayaba, ella cargaba orgullosa y nostálgica una fuente con frituras de malanga. Jose, no pudo resistirse y cogio una.
– En mi primer almuerzo en La Habana, cada vez que voy, mami me hace frituras de malanga, este sabor me trae la alegría del encuentro, de sus besos, vuelvo a sentir la felicidad de ese momento. Sus lágrimas cayeron sobre la fritura de malanga dándole un gusto especial, un toque mágico.

Daniela y Mirka llegaron juntas, ambas traían una cazuela enorme con tamal en cazuela, pesaba tanto que tuvieron que pedir ayuda para ponerla en la mesa.

– Jose dale ayúdanos, para algo tiene que servirte hacer pesas todos los días.
Entre Jose y Javier levantaron la enorme cazuela, mientras Luis, hacia espacio en la mesa para ella.

Bárbara, llego con su hijo, orgullosa y feliz, traían una fuente inmensa de spaghetti, idénticos a esos que vendían en la esquina de Tejas cuando estudiaba en la secundaria. Puso la bandeja en la mesa, abrazo a Jose.
– Créeme que volví a ser adolescente mientras los hacia, cuando los pruebe, sentiré la risa y las voces de mis amigos de esos tiempos, volveré a andar por la esquina de Tejas.

Jorge, se apareció con una fuente enorme de frijoles negros y un montón de flautas de pan cubano recién horneado. Coloco todo sobre la mesa, abrazo a sus amigos.
– Que trabajo me costo decidirme, no sabia que hacer, toda la comida cubana me recuerda a nuestra islita, saben que yo extraño a Cuba y ustedes ¡también!

Miriam, se apareció con unas judías fritas, Jose se extasío mirándolas.
– Si supieras, mami acostumbraba a hacerlas, hija de españoles, crecimos comiendo fabadas, muñetas, garbanzos fritos y caldos gallegos, ¡Cuantos recuerdos! Gracias, se ve muy rica.

Gino, contradictorio y ocurrente, trajo una fuente de tostones. Gabriela, Carlitos y Henry, se pusieron de acuerdo y llevaron arepas y hayacas. En un intento de traerse su Venezuela a Miami y compartirla con nosotros. Iliana, trajo una cazuela con moros y una fuente con fricase de guanajo, tal y como su abuela lo hacia. Mirta se apareció con una cazuela de arroz blanco y una fuente con huevos fritos.
– No traje el picadillo porque sabía que tú ibas a hacerlo, hoy voy a darme banquete. Como saques un batido de proteínas, ¡Te mato!
Todos rieron, seguros que esa tarde nadie calcularía calorías y todos olvidarían las dietas.

La Fornés, llego con Robertico y Colina, traía una fuente con colas de langosta.
– Cada vez que me he presentado en The Place, es el plato que me han ofrecido, me recuerda mi reencuentro con mi público fiel, mis amigos, los aplausos de Miami.

Higinio, llego con su mamá, Albert, su hija y María Antonieta, todos lo ayudaron a freír la barbaridad de croquetas que habían preparado.

Joaquín, se bajo del taxi todo sudado y agitado.
– Termine una conferencia y cogi el avión directo para Miami, solo tuve tiempo de pasar por “El palacio de los jugos” y comprar unos tamales. Ya se que jamás son como los de Cuba, pero todos dicen que son los que mas se les parecen.

Guille, Gabriel, Deiss, Charisse, Alfredo, Radel, Esperanza, Ariel, Tania, Bris, todos fueron llegando y colocando sus platos especiales sobre la mesa. Todos aportaron su plato y sus recuerdos a esa reunión de amigos.

Kleber, llevo carne e’ puerco preparada por él y su mamá. Haciendo gala del titulo que Jose le había dado, de ser el más cubano de todos los ecuatorianos conocidos.

Jose, saludo a todos, a muchos los conocía solo por la magia de la Internet. Allí estaban Tony, Fregny, Zenaida, Lissete y un montón más de amigos, ninguno falto a la cita.

Antes de comenzar el esperado almuerzo, todos se tomaron las manos alrededor de la mesa, disfrutaron esas mezclas de olores que los hermanaba en el pasado y aseguraba el futuro. Sobre la mesa, había fuentes con moros, cazuelas de potajes, negros, colorados, garbanzos, judías, carnes de todos tipo, cocinadas de casi todas la maneras posibles, arroz blanco, amarillo, frito, ensaladas, tamales, chicharrones de puerco, croquetas, papas rellenas, mariquitas, un montón de postres, desde torrejas hasta buñuelos. El enorme patio de la casa resulto pequeño de pronto, al influjo de olores y sabores, madres, abuelas, tías y hermanas ausentes, se hicieron presentes, fue una fiesta de recuerdos y sueños. Por unos minutos vivimos sin ausencias, sin partidas ni lejanías. Todos quisieron compartir ese almuerzo especial que más que una fiesta del paladar, se convertía en un torbellino de recuerdos, una celebración de momentos especiales, una fiesta de sentimientos que multiplicaba la alegría y la vida.

Comenzaron a comer entre lágrimas y sonrisas, abrazos y besos. Sonreían a la vida, olvidaron problemas, cuentas por pagar, asuntos pendientes. Compartir entre amigos y recuerdos, con ausentes y presentes, tener a lo mejor de nosotros al alcance de la mano y disfrutarlo entre hermanos, hace crecer la felicidad, ensancha pechos y adelanta mañanas con arco iris y carcajadas resonando estrepitosamente en el Caribe, multiplicadas en cada rincón de nuestra Islita.

Sin dudas ninguno olvidaría este almuerzo especial entre amigos, recuerdos y sueños. Un almuerzo así, alimenta mas el alma que el cuerpo, todos lo sabían. Mientras disfrutaban de las canciones de los artistas presentes, acordaron repetir la reunión cada año, seguros que alguna vez, el almuerzo seria en La Habana, tal vez en la Plaza Vieja, con banderas al aire y palomas volando. Todos sabían que ese almuerzo, llegaría, seguro y necesario.

¡Una Rosa sin final!

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Sin extinguirse aún los aplausos y la ovación que recibió en el Miami Dade County Auditorium, en el pasado homenaje a las hermanas Diego, apenas sin tiempo para recuperarse de la emoción, nuestra Rosa, cumple 90 años y lo celebra junto a su pueblo de un lado y otro del mar. Convocados por su arte y amor, volvemos a ser uno, los de siempre, cubanos, no importa donde estemos.

Casi un siglo de una vida dedicada por entero al arte y al amor de su público. Muchos han sido los homenajes recibidos, cada día vivido es un aplauso, un gracias por existir que su público de 3 generaciones de cubanos le entrega, consciente y seguro que cada aplauso le prolonga la risa y la alegría, la consolida como vencedora del tiempo.

Sus eternos y fieles admiradores no nos resignamos a su retiro y la reclamamos, una y otra vez, en escena. Rosita, no se hace de rogar, no puede resistirse a un pedido nuestro. Sonríe, se maquilla un poco, se arregla el pelo, vuelve a vestir de “lentejuelas y terciopelo” y sale a escena, a darlo todo; ¡A vivir!

Muchos de nosotros, tenemos madres que pasan de los 80s, las cuidamos, las tomamos del brazo al andar, queremos cuidarlas todo el tiempo. Nos parecen frágiles, delicadas, tememos una caída, ya hicieron bastante, queremos que descansen. Con Rosita, sucede lo contrario, por mas que lo intentemos, al mirarla la vemos eternamente joven, vital. Tal vez por un instante notemos su edad, pero basta un gesto, un movimiento, una palabra y Rosa, vuelve a ser la de siempre, la que admiramos desde niños. Su luz hace el milagro de borrar años, penas y dolencias. He sido testigo varias veces del milagro del amor en Rosita, lo he descrito. La he visto transformarse, aún en momentos difíciles. Rejuvenecer, brillar con toda su luz, levantarse sobre si misma y transformar el cuarto de un hospital, en uno de los tantos escenarios donde ha triunfado. No se de que extraño material se hacen las estrellas, que misteriosa esencia habita en estos seres de luz; es un misterio. Ella es un misterio, un misterio cercano y nuestro; imprescindible e indescifrable.

¡90 años! Se dice fácil, pero que difícil es intentar contar la vida de esta mujer que ha vivido entregada al arte y a su público, ¡Al amor! Entre aplausos y bravos se hace eterna, nuestra. Se burla del almanaque que se detiene asombrado y derrotado ante ella, se sienta, la aplaude, la viste de luces y eternidades. Sabe que no podría vencerla jamás y se hace su amigo, termina admirándola, siendo su cómplice.

Crecí admirándola, un día mis escritos y un amigo, me llevaron hasta ella. La he visitado muchas veces, guardo como un tesoro su emoción y sus lágrimas al escuchar mis escritos, sus besos de agradecimiento. Rosita, flor de múltiples pétalos, se regala un poco a todos los que se le acercan, desarma enemigos, gana afectos, seduce admiradores. Sabe como encantar, es un don y no una acción, su sencillez, su inocencia de niña sorprendida, su no hacer nunca mal, su sonrisa sincera y transparente, se bastan para derribar muros, calumnias e intrigas. Cuando nos acercamos a ella, quedamos, para siempre, atrapados en las redes de su magia de amor, adictos a su aliento y fuerza.

No amigos, este no será mi ultimo escrito sobre Rosita, es solo uno mas, nacido al influjo de su arte y su embrujo. Anoche, The Place of Miami, volvió a vestir de lujo su escenario con la presencia de La Fornes, amigos, artistas, familiares, nos reunimos a gritarle una vez mas, ¡Bravo Rosita! Felices de ser parte de ese amor que la mantiene vital y hermosa, eterna, entre sonrisas y aplausos, flores y piropos. Nos volveremos a encontrar con ella, a disfrutar de su luz y su hechizo, muchas veces más. Como dijo Carilda Oliver Labra;

“Aunque duran las flores solo un día
esta rosa de verso y armonía
esta Rosa Fornés es inmortal.”