Una luz de esperanza ilumina un apagón habanero.

Son las 6 de la tarde, Centro Habana esta casi desierta, en la ciudad un virus hace de las suyas y Nena que pasa ya los 70s prefiere quedarse en casa. Vive sola desde que murió su marido hace 2 años. Aún guarda todos sus diplomas y medallas, hasta una foto con Fidel, cuando le puso una de las tantas medallas. Se asoma al balcón y un grito le hace mirar a la entrada del edificio.

– ¡Nena, tirame la llave!

Pancha, su amiga, viene a visitarla. Nena pone la llave entre papeles de periódico, los envuelve en una jabita y la lanza a los pies de Panchita. Nena va a abrir la puerta, el viejo y ruidoso elevador aún funciona y Panchita está al llegar.

– Ay mi santa, que ganas tenía de verte, aproveché que un vecino venía por acá y le pedí que me trajera. Mira lo que tengo aquí.

Panchita exhibe triunfal una tarjeta plástica.

– ¿Y eso qué rayos es?

– Mi tarjeta plástica para comprar en las tiendas que venden en dólares. Manolito le envio un dinero a un amigo que vive en Barcelona para que me pusiera dinero, también me puso un dinerito extra para que fueras conmigo y te compraras lo que te hiciera falta. Me lo dijo bien clarito: puse un dinero para que vayas con tía Nena a comprar. No quiero que ninguna de las dos me carezca de nada. Él desde Miami, no puede poner el dinero, por eso se lo envió a su amigo.

Nena se seca las lágrimas con la bata de casa y abraza a Panchita.

– Ese hijo tuyo es de oro, yo no tuve hijos, pero Manolito fue siempre como el hijo que nunca tuve, ese no es de los que se toman la Coca-cola del olvido, él no se destiñe.

– Déjame poner mis cosas en el cuarto, hoy me quedo a dormir contigo y mañana nos vamos de compras. También traje un paquete de café Bustelo, que me quedaba, toma y ve colando. Esta noche nos ponemos al día de todos los chismes.

Pancha va al cuarto, se cambia de ropa y se pone sus chancletas y su bata de casa, cuando sale del cuarto el olor a café inunda el apartamento de Centro Habana.

-Toma Panchita, este café huele a gloria, esto si es café.

Las amigas toman el café, como quien disfruta recuerdos, lenta y pensativamente.

– Nena, hace tiempo quiero proponerte algo, las dos estamos viejas y solas, tú eres mi única familia, creo que es hora que vivamos juntas y nos ayudemos a llevar soledades y ausencias. Vendes este apartamento, así tienes un dinero para lo que te haga falta y te vas a vivir conmigo. Esa casa enorme de Miramar se me cae encima Nena, primero murió Manolo, después se me fue Manolito, yo no puedo con tanta soledad y tanta ausencia.

– Creo que tienes razón Panchita, ya estamos viejas y visitarnos se nos hace cada vez más difícil. Te acepto la propuesta, vamos a vender este apartamento y me mudo contigo a tu casa. Tú y yo somos como hermanas, creo es lo mejor.

Nena y Panchita se abrazan, con ese abrazo especial que solo pueden darse los que se aman sin reservas, los que comparten vidas y sueños.

-Ay Nena esto está de apaga y vámonos, todos los días me acuerdo de lo que decía Manolo: esto no hay quien lo tumbe, pero tampoco quien lo arregle.

– Si Pancha, mientras Pedro vivía, yo me aguantaba la lengua para no molestarlo, no quería herirlo, él amaba la revolución, su carnet del partido, sus medallas. Recuerdo unos meses antes de que le diera el infarto, estaba en el cuarto con sus medallas, sus diplomas, su foto con Fidel, tenia lágrimas en los ojos, me miró traspasando el alma y los recuerdos y me dijo: ¿en qué nos equivocamos, en que pantano nos metimos y se nos perdió el camino, dónde se nos quedaron los sueños y las promesas de igualdad? Yo no pude decirle nada, solo lo abracé mientras lloraba en mi pecho. Esas lagrimas tenían sabor de frustraciones y sueños rotos, de consignas perdidas, de discursos llevados por el viento. Desde ese día no volvió a mirar sus diplomas y medallas y la foto con Fidel, se le llenó de polvo, olvidada en un rincón. Tres meses después le dio el infarto y murió antes de llegar al hospital. Yo no he tenido valor para botar sus diplomas y medallas y a veces las miro, como quien mira un sueño que no fue, pero cuando me mude contigo no me los voy a llevar, sería una carga muy pesada, un nunca fue, que no quiero arrastrar lo que me queda de vida.

– Es duro Nena, muy duro, pero ya estamos viejas, tratemos de vivir lo que nos queda lo mejor posible. No perdamos la esperanza de un cambio, de una mejoría. Nuestra Isla sabe de conjuros y batallas y encontrará un modo de salvar el futuro. Bueno, dejemos la conversadera y vamos a preparar la comida, como decía mi amiga Fefa: para sufrir, hay que comer.

Van a la cocina, Nena prepara un congrí, mientras Pancha prepara unos bistecs de puerco que trajo y los fríe.

-Nena vigila los bistecs que voy a buscar el aguacate que se me quedó en la jaba.

La comida esta lista y las amigas la disfrutan como un banquete que anuncia cambios y proyectos.

– ¡Que rico estaba todo! Hacia tiempo no comía tanto, Nena pon el televisor que quiero ver Vivir del cuento, eso y la novela, es lo único que se puede ver.

Nena enciende el televisor y de pronto un apagón oscurece la pantalla y la noche.

– Coño otro apagón, dejame buscar el farol y encenderlo para aunque sea mirarnos las caras mientras hablamos.

Nena, regresa con el farol, lo enciende y lo pone sobre la mesa, de pronto la llama toma una forma extraña y Panchita la mira extasiada.

– Mira Nena, mira la llama de este farol.

– ¡Ave Maria purisima, Santa Barbara bendita! ¡Si es la Isla de Cuba! ¿Qué significa esto Pancha? Tú de joven tirabas las cartas y adivinabas cosas, dime qué quiere decir esto.

-Es la Isla Nena, la patria que se niega a que la apaguen y quiere seguir alumbrando el futuro de esa patria “con todos y para el bien de todos”.

Las amigas se abrazan, mientras una luz de esperanza las ilumina.

Fotografía de una obra de Michel Blazquez pintor cubano que vive en Fort Lauderdale.

El que tiene dólares resuelve y el que no, que se joda.

Nena escucha, sin abrir sus ojos, el televisor encendido con la mesa redonda donde hablan de nuevas tiendas, dolares, tarjetas plásticas y abundancia de mercancías. Nena no quiere abrir sus ojos, piensa que así, todo será como un mal sueño, lo que nunca sucedió. Hace un recuento de su vida, prefiere refugiarse en el pasado, cuando aún tenía esperanzas, cuando tenía una venda en sus ojos y creía en promesas y consignas.

Nena recuerda cuando tenía 10 años en el 65 y su tía con sus primas se fueron para el norte “revuelto y brutal”. Su padre le prohibió ir a verlas y despedirse de ellas, son traidores, le repitio una y mil veces. Nunca más supo de ellas hasta el 79, aquello de la comunidad fue el acabose, pero ella y su madre estaban felices, volver a ver a su tía y a sus primas, parecía un regalo de Navidad adelantado. Por un milagro de “arriba ” ya no eran traidoras, venían, reyes magos de nuevo tipo, cargadas de regalos y de historias. Así supo de la vida al Norte, de trabajos y logros.

Nena recordó escuelas al campo, trabajos voluntarios, guardias, domingos de la defensa, reuniones, las viejas consignas se le atragantaban; le faltaba el aire y no era por el coronavirus.

Se negaba a abrir los ojos, a aceptar una realidad que le recordaba aquel cuento del hombre que amaneció convertido en cucaracha y que su profesora de Literatura nunca supo darle una interpretación creíble. Sonó el timbre de la puerta y Nena no tuvo más remedio que abrir los ojos e ir a abrir la puerta. Del otro lado Asunción le gritaba: ábreme rapido mi santa que me voy a caer muerta redonda aquí en el portal.

Nena se levanta, arregla los girasoles que están en un bucaro sobre la mesita y abre la puerta, Asunción se le abraza y le dice entre sollozos: dime que esto no es verdad, dime que lo de las tiendas y los dolares es mentira .

Nena respira hondo, traga en seco y le dice: es cierto Asunción, es cierto, ahora lo bueno habrá que pagarlo en dólares y usar una tarjeta plástica.

Asunción se deja caer en un sillón se zafa el moño y deja caer su pelo canoso sobre sus hombres y su rostro.

– ¿De dónde cojones saco yo dólares para que Manolo pueda comer carne y se le quite la anemia? ¿ De qué valen las medallas y los diplomas que tenemos en la casa? Tú tienes a tu tía y a tus primas que siempre te han ayudado, pero yo no tengo a nadie Nena. Sabes mi orgullo siempre fue tener a toda mi familia de este lado, que mis tres hijos estaban comingo, pasábamos trabajo, pero juntos todos, nada de llamadas los domingos y visitas por el día de las madres. Te voy a decir algo que nadie sabe, en el 94 mi hijo mayor quiso irse en una balsa, es ingeniero, pero estaba cansao de pasar trabajos y que el sueldo no le alcanzara, yo lo convencí que se quedará. No quería verme como la vieja Cacha que tiene a todos sus hijos del otro lado y aunque no le falta nada y ellos vienen a verla dos veces al año, no se le quita la tristeza de sus ojos y se le aprieta el pecho cuando habla de su hijo Joseito y lo acaricia en la distancia; yo no quería que me pasará a mi. Logré convencerlo y se quedó, hoy es jefe de producción en una fábrica destartalada, pero al menos la familia esta unida.

Nena le trae un vaso de agua, las palabras se le traban en un intento de consolar a su amiga.

– Ay vieja, nada fue como nos lo prometieron, las consignas se volvieron viejas e inservibles, la esperanza se nos volvió agria y el azúcar amarga. Tanto hablar de la igualdad y hoy somos diferentes, tanto que espanta. Tú y yo hemos vivido mucho, tal vez demasiado, ya estamos retiradas, pero aún estamos fuertes, para algunos seremos una viejas de mierda, pero vamos a salir de esta como sea, Dios aprieta pero no ahoga, aunque a veces parezca que si y una crea que ya no aguanta más. Yo no quería creerlo, pero sabes qué, no me va a destruir.

La puerta de la sala está abierta , Cacha, cargando sus 90 años toca a la puerta y entra, se arregla la mascarilla y pregunta.

– ¿ Qué pasó aquí? Y esas caras de velorio.

– Asunción que se ha tomado muy a pecho lo de las tiendas en dólares y las tarjetas plásticas, hasta un vaso de agua tuve que darle. A mi me golpeó duro la noticia, pero hay que apretar el culo y darle a los pedales, no hay de otra. No quiero que mi hijo vea que me doy por vencida, quiero darle una esperanza de que no todo está perdido, si me ve destruida, no sé que rumbo tomaría.

– A mi ya nada me coge de sorpresa, la vida da tantas vueltas que a veces termina volviendo al punto de partida. Hace tiempo que se acabaron las historias bonitas y sólo quedan las de horror y misterio. Mis hijos viven todos en Miami, muchos pensaron que yo no iba a soportar la salida del país de Joseito, pero ustedes no saben que yo fui la que le dio el empujón para que se fuera. Una tarde le miré a los ojos y le dije: mi hijo, yo no quiero morirme sabiendo que te dejo de este lado, cuando cierre mis ojos quiero saberte haciendo tu sueño realidad y así se decidió aquella tarde de abril que se fue, su vuelvo pronto quedó flotando en la sala, esperándolo, multiplicándose en cada regreso, en cada llamada por teléfono. Él está lejos, pero soy feliz de saberlo bien, aquí no tenía futuro, desde su intento de salida del país cuando el Mariel, le cerraron todas las puertas y nunca mas pudo ejercer su carrera. Ahora anda nuevos caminos y yo desde aquí, iluminó la ruta de su vida.

– Ay Cacha que lindo tú hablas, pareces más poeta que tu hijo.

– Son cosas que le salen a una del alma, no se vive tanto por gusto. Y ustedes, levanten ese ánimo, nadie se va a morir de hambre aquí. Muy negras que nos la vimos en el período especial y aquí estamos y asi vamos a seguir. Que hace tiempo sabemos que la felicidad no nos la dan gobiernos , ni decretos, esa la luchamos nosotros. Dicen que vivimos momentos difíciles y yo hace más de 60 años que sólo recuerdo momentos difíciles. Que no somos iguales y que esto está de sálvese quien pueda, lo sabemos, pero también sabemos que nosotras podemos. Las madres de ustedes y yo pasamos mucho, tanto que recordarlo duele en la memoria y en el pecho y nunca nos dimos por vencidas. Si ahora nos ponen la comida en dolares y con tarjeticas plásticas, pues ya resolveremos. Aquí lo que hay que estar vivos y no renunciar a soñar y a luchar, que la vida es del carajo y lamentándonos, sólo logramos llantos y angustias. Oye Asunción pasa luego por la casa para darte unos bistecs de puerco y una jamonada pa’ Manolo, Joseito no sé como se las arregla, pero no deja de mandarme algo siempre. Vayan las dos más tarde por la casa y así les cuelo un poco de café, todavía me quedan dos paquetes de Bustelo. Vamos cambien esas caras, no dejemos que la esperanza muera, no dejemos que nos aplasten con decretos y medidas absurdas. A nosotras no hay virus, presidentes, ni partidos que nos puedan joder la vida. Levanten ese ánimo, unidas, todo es posible.

Un gracias Concha, gracias, iluminó la tarde, mientras los girasoles de la sala apuntaban al futuro, buscando, ansiosos, esa patria “con todos y para el bien de todos”.

Fotografía tomada de Google.

Gigas, limones y guarapo en un barrio habanero.

En La Habana de todos, en un barrio cualquiera, Cunda está colando café, alguien toca a la puerta.

-Vaaaaa que estoy colando.

Cunda endulza el café, lo prueba y va a abrir la puerta.

– Ay Reglita que alegría verte, hace un ratico estaba pensando en ti. Ven vamos pa’ la cocina que acabo de colar.

Cunda sirve el café y van para la sala a saborearlo, entre chismes, noticias y recuerdos.

– Mi santa te quedó especial ¿ Cómo te las arreglas para hacer un café tan rico?

-No te hagas que tú sabes que este es Bustelo, mi hermano me manda siempre. Por suerte tengo una reservita, porque con esto del virus y la suspensión de los vuelos, no ha podido mandarme en estos 2 meses. Disfrútalo, porque el de la cuota no hay quien se lo empuje.

-Este me lo tomo como la canción, despacito.

– ¿Qué tienes en esa jaba? ¿Fuiste al agro?

– Limones, mi santa, limones, que son la base de todo, donde nace un limón, mueren las dificultades.

– ¿Qué disparates tú estás hablando mujer? ¿ A Santo de qué viene esa apología del limón?

– Tú estás atrás del palo, ponte pa, tu número que te veo más perdía que la carne e’ res. ¿ Tú no sabes que la limonada es lo mejor que hay? Gira que te veo fija y ponte a hacer limonada. Ahora la última es la limonada y el guarapo. Vamos a resolver los problemas a golpe de guarapo y limón, ¿Qué te parece?

– Yo creo que a ti el susto que pasamos con los avestruces, las jutías y los cocodrilos que amenazaron darnos por la cuota te afecto el cerebro. La limonada es refrescante, pero tampoco es pa’ tanto ¿o es que acaso piensan resolver los problemas ahora a base de limón, guarapo y juguitos? Que no jodan, que si no hay limones es porque han acabado con los limoneros, como han acabado con las guaraperas. Cualquier día le pido a mi hermano que me mande un guarapo de la Yuma, pa, no olvidarme del sabor, tú sabes como es eso.

– Chica, ¿tú no ves las noticias? No sólo limón, limonada y guarapo, hasta masa de pizza nos van a dar. El guarapo y la limonada deben ser pa’ bajar la masa esa, porque será pizza con na’. ¿ Tú tienes microwave mi negra? Oí algo que la masa de pizza es sólo pa’ los que tienen microwave, los demás que se jodan.

– Cállate ya que me vas a volver loca y dejate de jodedera, que yo tengo la presión por las nubes y si me como esa masa de pizza, exploto como kafunga.

– Yo sólo quería hacerte reír mi santa, que hay sólo dos opciones: reírse o gritar y si gritas te puedes buscar lo que no está pa’ ti y yo prefiero reírme, pa’ no llorar. Oye ¿tú no tendrás por ahí un giga que me prestes? Estoy pasmá y quería ver si entraba al feisbú a ver como estaba el solar con esto de los limones y el guarapo.

– ¿Chica tú te crees que los gigas florecen como la verdolaga? Que los gigas esos están como que embrujaos. Yo creo que ni Mandrake el mago, al frente de Etecsa, los desaparecería mejor, que lo mismo se te esfuman, que se te convierten en na’ en un pestañazo.

– No andes en esa gaveta que tiene cucarachas, que a mi se me desapareció el último. Subí una fotico al feisbú y cuando terminé tenía el saldo en negativo yo creo, tremenda salación la de Etecsa con los gigas.

– Esa gente no se quiere, dan unas explicaciones que ¡yo me quedo boba! No les entiendo nada y al final o les pagas o no te enteras de na’. Mira que yo ahorro esos malditos gigas, me da pena con mi hermano que me recarga el teléfono todos los meses, pero son gigas especiales, etecsianos, que se van cuando les da la gana. Pa’ mi que ni están bien hechos, vaya que con la escasez de materia prima por culpa del bloqueo, les falta algo para que duren más, no sé , pero ahí hay gato encerrao, huele a quemao.

Mientras Cunda y Reglita conversan, tocan a la puerta, Cunda abre la puerta y ayuda a pasar a Micaela que viene con una lupa en una mano y un termo en la otra.

– ¿Mujer que tú haces con esa lupa en la mano?

– Buscando el giga que se me perdió

– ¿Y el termo?

– La limonada, la base de todo, el principio y fin de todas las sustancias. Cuando me faltan las fuerzas me empujó un buche y sigo pa’ alante.

– ¿Tú estás hablando en serio?

– Na’ sólo jodiendo un poco que entre los gigas, los limones, el guarapo, el Coronavirus y la madre de los tomates, el que se salve queda bobo.

– Tienes razón Micaela, esto es mucho para un sólo corazón o mejor aún, esto es demasiado para un sólo giga.

Rien entre todas y Reglita recuerda sus años en un grupo de teatro y hace una parodia de una frase célebre de la película Lucía:

– ¡ Dame un giga mamá, dame un giga!

Fotografías tomadas de Google.

Coyuntura en un barrio habanero.

Una tarde, en cualquier barrio habanero, Micaela, al borde de un ataque de nervios toca a la puerta de Regla, su vecina y amiga de años.

-Abre la puerta Micaela que esto es el acabose; tenemos un problema coyuntural.

Micaela abre la puerta, saluda a Reglita y le dice:

-Claro que tenemos un problema coyuntural mi santa, si la artritis me tiene loca, mira como tengo los dedos y ni me hables de la rodilla, cuando me siento parece una bisagra oxidá.

-Ay chica no te hagas la graciosa que yo estoy hablando de otra coyuntura. Que se avecinan tiempos difíciles, que la cosa está de apaga y vámonos.

– Ahora la que me está cogiendo pa’ sus cosas eres tú. La cosa lleva muchos años difícil, que ya no hay pa’ donde virarse.

-Esta niña yo creo que se avecina un período especial. Ay por tu madre, ¡ Que calor!

-Ay Regla yo creo que a ti te cogió el alemán. Mi santa cuando fue que se acabó el período especial, aquí seguimos con lo mismo de lo mismo. Eso es la continuidad mi negra que seguimos igualito.

Micaela enciende el ventilador para que refresque la salita.

-Ay Micaela por tu madre, aguantate esa boca, tú estás ya que no te quieres.

– Una se cansa de lo mismo, Reglita que todos son promesas y consignas, cuentos que una se creyó y nunca se hicieron realidad. Yo ya estoy vieja, tenía 11 años en el 59, toda mi vida la he vivido en esta conyuntura. Con anuncios de tiempos difíciles que se avecinan, amenazas de guerras, discursos y movilizaciones. Yo creí en esto, te lo juro, pero ya sé me cayó la venda hace muchos años; no vamos a ninguna parte, aquí el asunto es sobrevivir.

– Me haces llorar, pero tienes razón. Ahora no hay gasolina porque dicen que un barco se retrasó, ayer no había pollos, ni huevos, mañana no tendremos café. Es siempre lo mismo, el problema coyuntural es más grande de lo que parece, pica y se extiende.

– Manolo sigue yendo a las reuniones del partido y discutiendo materiales de estudio, yo lo dejo. Son casi 80 años, yo no me atrevo a hablar con él, no porque vaya a discutir conmigo, mi miedo es que despierte y se me muera de tristeza, de pena de tanta consigna inútil y prefiero dejarlo así, en su mundo.

– Tienes razón, eso es lo mejor y hablándo de mejoría, mira lo que tengo aquí, un paquete de café Bustelo, me lo regaló Patricia que su hermano le mandó. Esto si es café mi Santa y quise saborearlo contigo que pa’ eso somos amigas de los años.

Micaela y Regla van para la cocina, el aroma de café inunda la humilde casita de CentroHabana.

– Ay si hasta huele distinto. ¡ Que aire mas puro, que vida más sana! Caballero y que hay que esperar que alguien de Miami mande un paquete para poderse tomar un buen café. ¡Le zumba la berenjena! Si mamá Inés ve esto, le cambia la letra a la canción, porque ya to’ los negros no pueden tomar café.

– Ay Micaela, disfruta el café y olvídate un minuto de conyunturas y continuidades.

– Tienes razón, total, hablando y recondenándome la vida no voy a resolver nada, que la Habana tiene 500 años y yo na ma tengo setenta y pico.

– Tómate el café, relájate y coopera. Que con coyuntura o sin coyuntura, tú y yo somos unas salá y a pesar de to’ no hay quien nos borre la sonrisa, ni nos mate la esperanza. Nosotras somos la que somos.

Fotografía tomada de Google

Micaela dice que, ahora si vamos a construir el socialismo.

Allá en La Habana de todos, donde el calor abraza y el mar refresca, allá donde se juntan recuerdos, presente, fantasmas y futuro, allá en un barrio habanero perdido en el mapa de la ciudad, Cunda y Micaela toman café y conversan.

– Ven acá mi santa, hasta cuando van a ser pollos los gallos de Menocal, cómo es eso de que ahora si vamos a construir el socialismo, ¿Que coño hemos estado haciendo estos 60 años?¿Jugando a las casitas?

– Ay Cunda no te me pongas difícil que tú sabes muy bien que somos un país bloqueado por el país más poderoso del mundo, que no nos dejan respirar mi santa, la culpa de tó la tienen los americanos.

– O tú te has creído tó los discursos y las mesas redondas esas que aburren y dan mareos o tú ligaste el café mezclaó con la chispa e’ tren¿ Dónde están los barcos bloqueandonos? Aquí entra y sale el que le da su reverenda gana, la culpa de tó la tienen los que han acabado con este país mi negra, que ni centrales tenemos ya y tomarse un guarapo está más difícil que tomarse una cocacola. Que mientras unos viven bien, otros no tenemos ni un cable pa’ mordisquear. Esta bueno ya de confundir y vamos a llamar las cosas por su nombre.

– Ay Micaela, tú estás hablando como los gusanos y no como una revolucionaria, presidente del comité y trabajadora de avanzada.

– Bájame los títulos y súbeme la cuota. Una se cansa mi negra, llevamos años de lo mismo con lo mismo. Pasó el período especial y por poco nos morimos, que si el derrumbe del campo socialista, que si la Union Sovietica había desaparecido, el caso es que pasamos más hambre que un foro e’ catre. Resistimos, resistimos y seguiremos resistiendo, chica estas olimpiadas de la resistencia no se acaban nunca. Que es muy fácil hablar de tiempos difíciles y poner un miserable pescao por núcleo y carísimo y meterse después una buena langosta o un buen filete, que no jodan.

– No te conozco Micaela, dónde está la que siempre estaba dispuesta pa’ tó, la que fue al Cordón de La Habana, a las escuelas al campo, chica si hasta cortaste caña en la zafra del 70, por ahí debe andar la medalla que te dieron. No hables así que me duele el pecho de oírte, me va a dar una sirimba por tu culpa.

– Sirimba me va a dar a mi si me sigues recordando tó la mierda que comí. Si, yo, como muchos, creí en esto y le puse corazón y fuerzas. Quería que mis hijos vivieran en un país mejor, sin escaseces, que pudieran estudiar, trabajar, que no tuvieran lujos, pero que no tuvieran carencias, vaya que me creí tó los cuentos que nos hicieron, hasta que me di cuenta que aquí no había mejoría, que los discursos estaban muy lindos y las consignas emocionaban, pero la jama seguía perdía y esto se ponía cada vez más difícil. Que me duelen mis hijos graduados de la Universidad, trabajando en el turismo pa’ poder inventar algo y sobrevivir, me duelen los jóvenes vendiéndose por unos dólares de mierda o planeando como irse del país. Este no es el futuro con que yo soñaba, que se me cayó la venda Cunda y yo, como La Habana, ya no aguanto más. ¿Y tú por qué estás llorando mi santa? ¿Qué muerto oscuro se te ha montao?

– Es que una se engaña una misma Micaela, que no quiero ver pa’ no volverme loca, que quiero creerme tó los cuentos que nos hacen pa’ no morirme de angustia, pa’ no perder la razón y empezar a dar gritos como una loca. Estamos casi al final de nuestras vidas y se nos han roto tó los sueños, seguimos arando en el mar sin encontrar el camino. Es que no te das cuenta de que tengo que creerme eso de que ahora si vamos a construir el socialismo pa’ poder seguir viviendo, pa’ no mandar tó pal carajo y buscarme una salación.

Micaela se levanta del sillón, abraza a Cunda y entre lágrimas le dice.

– Perdóname mi negra, yo no quería que te pusieras así, cálmate que no quiero que tus hijos te vean así. Mira vamos a casa de Pancha pa’ que nos tire los caracoles a lo mejor nos dice algo bueno y se nos arregla la tarde.

Cunda sonríe y se seca las lágrimas

– La verdad que tú eres la pata del diablo. Si vamos a ver a Pancha, total un cuento o una mentira más, no nos van a hacer daño.

Fotografía tomada de Google o tal vez de la página de Facebook de algún amigo.

Navidad en La Habana.

Elena recorre la enorme casa vacía, abre las ventana, saca los perros al patio, enciende el televisor, se sienta en el sofá. Sin proponérselo hace un balance del año, mañana es Navidad y está sola. Uno a uno los recuerdos del año la golpean, su madre enferma, su estar a su lado hasta el último momento, cerrarle los ojos y darle el último adios. Su hijo lejos, esperando por la residencia que no llega y ella aquí en soledad, con sus recuerdos y sus penas, esperando un milagro.

Afuera hay fiestas, sus vecinos se han impuesto celebrar la Nochebuena, más allá de de escaseces y tristezas. A su amiga Juana le regaló unos cuc para que pudiera comprar algo de carne de puerco y celebrar con su familia, a su vecina Micaela le prestó un mantel y a Yeni un vestido para que no tuviera que avergonzarse en la fiesta con sus amigas.

Elena siempre ha sido una buena mujer, su casa y su corazón es el refugio donde llegan muchos a buscar ayudas y consuelo. Ahora está sola, rechazó todas las invitaciones, prefiere quedarse en casa esta noche, con sus recuerdos, espera la llamada de su hijo que trabaja hasta tarde y le advirtió que no lo llamara por whatsapp, porque no podría responderle hasta tarde.

Arregla las bolas del arbolito, decidió ponerlo, a su madre le gustaba mirarlo con sus luces; esta segura que, de un modo u otro, las luces la guiaran en el regreso.

Recuesta la cabeza en el sofá, deja que las lágrimas hagan de las suyas, en los últimos meses han sido sus diarias compañeras.

Pancha, la vecina de al lado rompe el silencio de la mañana.

-Elena, mi santa tirame un salve, ¿tienes un pedazo de pan que me regales? El niño no quiere tomarse el jugo, si no tiene un pedazo de pan y tu sabes que en esta Habana conseguir pan, esta tan difícil como la carne e’ res.

-Mira aquí tienes, ayer compré bastante en la shopping, sabía que alguien me iba a pedir. Toma esta flauta completa y guardale al niño para mañana.

– Gracias mi santa eres un angel, igualitica que tu madre que Dios la tenga en la gloria.

Elena sonríe y olvida por un momento sus lágrimas y sus penas, hacer el bien, tiene esa magia, ese encanto. Regresa al sofá de la sala, es casi mediodía, no tiene hambre pero sabe que debe alimentarse, calienta el potaje y algo de pollo que quedó de ayer, se sienta a comer.

El timbre suena interrumpiendo su almuerzo. Abre la puerta. Es Anet, la vecina de enfrente

-Ay Elenita perdona te moleste pero no tenemos donde asar el puerco, el de la panadería se jodió con la harina de mierda esa con que están haciendo el pan ahora. ¿Tú serías tan buena de dejarme asar el puerco en tu horno?

-Si, traelo, voy a ir encendiendolo para que este caliente.

Mientras el puerco se asa en el horno, alguien toca a la puerta y grita desde la.puerta.

-Soy yo Pedrito , que se me rompió la cocina y no tengo donde hacer los frijoles negros y el arroz de está noche.

Mientra Elena le abre la puerta le dice.

– Trae todo y lo ponemos a cocinar, tengo aceite de oliva para que le pongas a los frijoles.

– Cuando yo lo digo, que tú eres la Madre Teresa de Calcuta del barrio.

Mientras conversan Ernesto, su eterno enamorado, entra con un saco al hombro.

– Elena, traje esta yuca del campo y en la casa no tengo agua pa’ lavarla, ni pa’ cocinarla.

-Lavala en el patio y cortala en pedazos para ponerla a ablandar. Tengo ajos y naranja agria para el mojo y así te la llevas lista.

Vuelve a sonar el timbre de la sala, la puerta está abierta, pero siguen tocando. Elena piensa, si quiere cocinar algo, tendrá que esperar, ya no me queda sitio en el fogón. Camina hacia la sala, allí de pie en la puerta está su hijo Alejandro. Elena no sabe si gritar, llorar o desmayarse de la alegria.

-¡Mi hijito, mi hijito, que sorpresa!

Se abrazan en uno de esos abrazos que cierran heridas y aseguran futuros; que detienen el tiempo en estallidos de felicidad.

Modesto, Pedrito, Cunda, Anet, Ernesto y Pancha, sonríen cómplices y felices mientras el arbolito de la sala se enciende sólo, como un sol o una estrela polar. Todo está listo en casa de Elena para una Navidad especial, no falta nadie. Un milagro en La Habana.

Fotografía tomada de Google

Una mujer se enfrenta con su vida.

Lucy nació en el barrio habanero de Cayo Hueso, en el corazón de CentroHabana. Entre escaseces, consignas y contrariedades, sus padres se las arreglaron para que fuera feliz. Única hija, creció con el amor y dedicación de sus padres. El tiempo que su padre estuvo en la cárcel por problenas políticos, no logró que ese amor y esa dedicacion por Lucy, disminuyera.

Lucy cumplió 18 años en febrero de 1980 y los celebró presentando a sus padres su novio Adrian, compañero de estudios de la Universidad. Adrian y Lucy se amaban y complementaban y sus padres aceptaron con gusto esa relación de su hija con un buen muchacho.

A mediados de Abril, La Habana y toda la Isla se estremecieron con los sucesos de la embajada del Perú y la apertura del puerto del Mariel para un éxodo masivo de cubanos en busca de una nueva vida y libertades.

Una tarde Lucy, al llegar a casa, encontró a sus padres con cara de preocupación , hablaban bajito entre ellos. Su madre la llamó y le pidio se sentaran, tenían que hablar.

-Lucy, mi hermana, tu tía Elena, viene a buscarnos en un camaronero, nos vamos todos para Miami.

Lucy, casi quedó sin palabras, sólo alcanzó a balbucear entre lágrimas.

-Yo no mamá, yo no.

Lucy respiró hondo y contuvo el llanto.

-Mamá, papá, yo los amo entrañablemente, tambien amo mi carrera, siempre soñé graduarme, ser un médico de prestigio, ayudar a todos, amo tambien este país, este barrio, no podría vivir en otro sitio. Tambian amo a Adrian y queremos casarnos pronto; hacer nuestro futuro. Yo sé que papi siempre ha querido irse, desde que salió de la prisión hace años, sólo habla de eso, pero siempre pensé ese momento nunca llegaría. No puedo pedirles que se queden conmigo, pero no me pidan me vaya con ustedes; respetemos nuestras decisiones, aunque el dolor nos destroce. Yo creo en la Revolución, es imperfecta, lo sé, pero tengo fe en ella, a pesar de lo que le pasó a papi, creo en la Revolución y quiero que mis hijos nazcan y crezcan en este país.

Los padres de Lucy se miraron atónitos y desarmados. Cuando su padre quiso hablar, su madre hizo un gesto y comenzó a hablar.

-Mi hija, tú eres lo que mas amamos en este mundo y sin ti, nunca seríamos plenamente felices, pero nosotros también tenemos derecho a otra vida. Tu padre es abogado y desde que salió de la cárcel, trabaja en una fábrica como sereno; él no se merece esta vida, ni yo tampoco que sufro su situación y tener a mi madre y hermanos del otro lado del mar. Tienes derecho a decidir quedarte, nosotros a irnos.

Se volteo a su esposo y le dijo.

-Nos vamos Manuel, nos vamos.

Los días siguientes fueron de caras largas, ojeras profundas y ojos rojos; el llanto fue intenso y abundante en la casita de Cayo Hueso.

Vinieron a buscarlos de madrugada, eso evitó gritos, actos de repudio, golpes y ofensas. Manuel y Elena se iban sin saber cuando volverían a ver a su hija, pero decididos a todo, por recuperarla en el futuro.

Lucy quedo desolada, la fuerza del primer momento se derrumbo ante la certeza de la ausencia, el no volver a verlos hasta Dios sabe cuando. Adrian estuvo todo el tiempo junto a ella, apoyándola y tratando de llenar espacios. Al mes, dedidieron casarse, una boda sencilla, simple formalidad para que Adrian se mudara definitivamente a su casa.

Lucy se graduó de medicina, hizo la especialidad en Pediatría y la ubicaron en el Hospital infantil Pedro Borras, un lugar que llegó a amar y hacer suyo. Tuvo un hijo varón al que llamó Manuel, como su padre. Era feliz, aunque la ausencia de sus padres hacía incompleta esa felicidad; hay ausencias eternas.

Lucy mantenía constante comunicacion con sus padres y asi llamadas, cartas y fotos, ayudaban a paliar ausencias.

En el 94, cuando los Marielitos recibieron permiso para visitar la Isla, los padres de Lucy fueron los primeros en llegar; hicieron el viaje como en un sueño, mirando las fotos de Lucy y su hijo.

El reencuentro detuvo el tiempo en la casita de Cayo Hueso. Lágrimas de felicidad, risas, abrazos interminables y besos fueron abundantes; siempre son así los reencuentros felices.

Durante la visita Elena habló a solas con su hija.

-No voy a insistir, sólo quiero dejarte saber que tu padre y yo, en el momento que lo decidas, haremos todo por sacarlos a ustedes del país. Somos ciudadanos y tenemos buena posición económica, no nos sería difícil, creeme.

-Mamá volverlos a tener se compara sólo a la felicidad del día que parí a Manolito, los amo intensamente, pero sabes que amo mi profesion, mi hospital es como mi segundo hogar, este barrio que me vio nacer, es mío, este es mi lugar mamá. No te lo había dicho pero soy militante del partido, fue algo que no busqué, pero por mi dedicación al trabajo me propusieron y lo acepte; este es mi lugar y lo será siempre. Estamos viviendo un momento difícil, este período especial ha sido duro, pero seguiremos adelante, una vez mas; yo me quedo mamá.

No se volvió a hablar del tema. El adiós fue breve y desgarrador, como son siempre las despedidas, entre las gentes que se aman intensamente .

La vida seguía su curso, entre dificultades, guardias, trabajo y ausencias, Lucy trataba de no desmayar, de criar a su hijo con todo el amor del mundo, mientras se entregaba a su trabajo y a su hospital que tanto amaba.

Manolito crecía y se hacía un hombre, se graduó de inginiero industrial y lo ubicaron en una fabrica ruinosa, en las afueras de la ciudad. Allí se le fueron quemando sueños e ilusiones. Allí conoció a Luisito y el amor y los misterios de lo oculto. Lucy, entregada a su trabajo, entre guardias y reuniones no se dio cuenta de la especial “amistad”entre su hijo y Luisito.

Una noche de agosto Adrian no fue a dormir, Lucy pensó que seguro había tenido un accidente, recorrió hospitales y estaciones de policía buscándolo. Adrian se apareció en la casa a las 12 del día, le dijo a Lucy.

– Ven, siéntate, tenemos que hablar. No quiero engañarte, tengo otra mujer y quiero vivir junto a ella, es enfermera y las guardias juntos y el roce diario terminaron por juntarnos. Tú, no te mereces que te engañe, me voy con ella Lucy, te amé, pero el amor se acabó, tanto amor a tu trabajo, no te dejo ver que me perdías. Entre reuniones del partido, guardias y llamadas a todas horas del hospital se perdió nuestro amor. Eres una gran mujer, pero amo a Yeny y me voy con ella.

Lucy contuvo el llanto y apreto los puños para contener rabias y despechos.

-Vete cuando quieras, llevate todo lo tuyo, hasta el polvo.

Cuando Adrian se fue, Lucy lloró, lloraba por el amor perdido, por ausencias y decisiones, lloró hasta la noche que regresó Manolito del trabajo y se controló para no preocuparlo.

Una mañana, Lucy asistio espantada al derrumbe del hospital que tanto amaba, en esas ruinas, estaba también, parte de su vida. La reubicaron en el pediátrico de CentroHabana, pero nada fue como antes. Ese no era su hospital, nunca lo sería. Solo su profesionalismo impidió que nadie notara su desamor al lugar.

Una noche, al llegar Manolito del trabajo, le dijo a Lucy las palabras malditas; ven siéntate, tenemos que hablar.

-Mami, tú eres todo para mí, pero tengo 26 años y no hay futuro para mi en este país. He decidido irme del país, ya hablé con mis abuelos y van a mover cielo y tierra para sacarme. Cuando esté allá me casaré con Luisito, lo sacaré y viviremos en Miami, en una vida nueva.

-Tú y Luisito son amantes y yo en el limbo. Te vas mi hijo, no puedo pedirte que te quedes conmigo, no sería justo, sólo quiero lo mejor para ti y respeto tu decisión, aunque mi corazón se me rompa hasta casi detenerse, ¡Te amo hijo mío! .

Madre e hijo se abrazaron, se fundieron en uno; separarse fue un nuevo parto para Lucy.

Por primera vez, Lucy llamó al hospital para decir que estaba enferma y no podía ir a trabajar.

Pasó el dia sola en la casa, por la tarde salió a caminar y llegó hasta el Malecón, se sentó en el muro inmenso y repasó su vida. Decisiones frustaciones, ausencias, pasaron por su mente, volteo el rostro y vio su barrio que amenazaba derrumbarse, miró al mar y pidió consejos; no podía con tanta pena en el alma. Comprendió, de golpe, lo que antes se negaba a ver, buscó en su cartera un carnet rojo que le pesaba como plomo y sin pensarlo, lo arrojó al mar. Se desnudó de promesas y consignas, de mentiras y discursos; se parió a si misma en acto supremo de entrega a una nueva vida.

Cuando llegó a la casa, ya Manolito estaba atareado en la cocina, lo llamó.

-Ven hijo, sientate, tenemos que hablar. ¡Llama ahora a tu abuela, ahora mismo, dile que yo también me voy, que ya no aguanto una ausencia más!

Fotografía de Alberto Maceo.

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 Tremendo sal pa’ fuera en Hialeah.

Juana y Micaela eran vecinas en Cayohueso, un barrio de Centro Habana, por esas casualidades de la vida ahora son vecinas nuevamente. Hialeah las acoge y protege, casi con el mismo amor que su barrio de antaño. Micaela lleva 20 años viviendo aquí, Juana sólo 15, ambas son ciudadanas americanas y cada una ama, a este país que las acogió y les dio derechos, a su forma y manera.

Micaela es demócrata de pura cepa. Cuando la Hillary perdió en noviembre, estuvo una semana vestida de negro, los que pasaban por su casa oían su voz.

-Esto es una pesadilla, en algún momento alguien me despierta y to’ esto es mentira y el Trump no es presidente na’.

Micaela despertó y Trump seguía siendo presidente. Comprendió que no siempre se gana y que las libertades y derechos que este país le daba, a pesar de no haber nacido en él, le permitirían criticarlo; decidió resitir y luchar por este, su país

Juana estaba más feliz que una lombriz, amaba a Trump, mas allá de razones y noticias. Trumpista de pura cepa, hasta una foto de Trump tenía en la sala y lo llamaba su salvador.

Una tarde que Micaela visitaba a Juana, mientras tomaban el café, le preguntó el por qué de ese amor por Trump, sólo dijo:

-Porque me da la gana, me sale de la entretela, ese hombre hará grande a este país de nuevo. De buena nos libramos, de la vieja mentirosa esa.

Ahí mismo fue cuando se armó la gorda, aunque las dos eran flacas.

-¿Qué cojones tu estas diciendo de mi Hillary? Tú puedes apoyar todo lo que quieras al viejo loco de mierda ese, pero ya quisiera él tener la mitad de la preparación de ella. Ese hombre será presidente y to’ lo que tú quieras, pero está mas loco que un chivo y mas perdió que un conejo en un campo e’ lechuga.

– Deberías respetarlo y no hablar asi mi santa, es el presidente y punto. Hay que apoyarlo. Te guste o no te guste, perdieron, entiendes, P E R D I E R O N. Y si no les gusta, ¡vayanse!

-Esperate un momentico y explícamelo en letra de molde. Tú te la pasaste hablando horrores de Obama y burlandote de él, que fue electo en dos ocasiones y por amplia mayoría y ahora resulta que hablar mal de Trump es ir contra el país y no ser patriota, pero hablar mal de Obama si se podía. O sea que al negro lo podían acribillar, pero al naranja no. ¿ Cuál es la diferencia mi santa? Acláramela antes de que me dé un yeyo. Y dejame aclararte la mente, no soy perdedora a na’. Esto no es un asunto personal, pa’ mi quien perdió fue el país, elegiendo a ese tipejo. Y pa’ que no te equivoques, no me voy na’, porque éste, es también mi país. Cada vez te pareces mas a Tete comité, con eso de que se vayan, que se vayan, cuidao con las consignas, que la que parece comunista eres tú.

-No es lo mismo Obama que Trump, mi santa.

-No, claro que no, Obama era negro y eso es lo que muchos no le perdonan.

-Ay Micaela esta niña, no quieras coger el rábano por las hojas . Trump es un gran hombre, dejenlo gobernar, es que la prensa y los medios la tienen cogía con el pobre hombre, dejenlo gobernar en paz y ya verán.

-Tú querrás decir, dejenlo acabar con el país en paz. Me recuerda tanto a uno que tú y yo conocemos muy bien y que mucho que nos jodía a todos.

-Acabar nada, Trump nos va a salvar del comunismo, la Vieja Clinton es tremenda comunistona y nos quería hundir.

-Chica yo creo que a ti la Cocacola te ha jodio el cerebro. Asi que la Clinton comunista y ¿Quién es el amigo de Putin? O ahora resulta que el hijo de la gran Putin no era de la Kgb y tremendo comuniston y dictador que es.

-No te metas con Trump, sabes qué, gana Trump mil veces, un millon de veces, Trump para todo el mundo, pa’ lo que sea Trump, pa’ lo que sea. La vieja de mierda perdio, por suerte.

-Niña toma sopa de cabeza de cherna a ver si se te ilumina el cerebro y se te abren las entendederas. Tú tambien eres de las que estan emocionadas porque el viejo le recogió la gorrita al soldado ¡Que manera de comermierda caballero!

-Eso si es un presidente y aquí la única comemierda que hay eres tú y todos los demócratas de mierda que quieren joder a este pais.

-Ponte pa’ tu número que el despertar va a ser duro cuando te quiten el Obamacare y ningun seguro te coja por hipertensa. No se si ser comemierda será otra condición mas pa’ que ningún seguro te coja, porque eso es lo que tú eres tremenda comemierda.

-¡Comemierda tu madre!

Tremendo sal pa’ fuera y dale al que no te dio. Micaela y Juana se cogieron de los moños y parecía que la sangre iba a correr por Hialeah. Salieron Enrique y Manolo, a separar a sus mujeres.

-¿Ustedes que comieron hoy? Aparte de mierda, mas de 30 años siendo vecinas y ayudándose y ahora faja’s por Trump, Obama y la Hillary. Ninguno de ellos tiene idea de que ustedes existen y a los 3, ustedes les importan un carajo. Por política no se destruyen amistades, ni familias, que despues ellos se arreglan y ustedes quedan cagaos. Preocupense por resolver sus problemas y no anden fajas sin motivo real, da pena. Si quieren de verdad meterse en política vayan a covencer a todo el mundo que salga a votar la próxima vez. Que los malos políticos son electos por la gente que no vota. ¡ Que gente caballero, pero que gente!
Fotografía tomada de Google.

¡Mamá regresó! ¡Mamá esta de vuelta!

Amanece en un barrio habanero, las vecinas cuelan el primer café  del día,  de pronto unos gritos estremecen la mañana;  !Mamá regresó,  Mamá está de vuelta! . Es Yeniley, la hija de Panchita que cuida a su madre desde haces 6 meses; cuando una caída,  se llevó su salud y su memoria.

Las vecinas se sorprenden y preocupan; Panchita hace meses que no camina. Desde la caída esta postrada, perdida en un mundo del que se niega a salir, no pudo haberse ido y regresar, todas piensan que la angustia y el dolor se han llevado la razón  de Yeniley que delira.

Nena decide preparar un jarro de tilo para llevarselo, mientras dice para si; pobrecita Yeniley, sus nervios la han traicionado, ya no puede mas y ha enloquecido.

Micaela, la santera de la esquina, agarra unas velas y dos mazos de hierbas mientras invoca a sus santos; yo le quito ese muerto oscuro que la ha poseído,  esa niña es de oro y no podrá llevársela.

Elena, catolica devota, coge un crucifijo enorme; los demonios no podrán vencerla, Yeniley no se merece perder la razon, es una gran hija, pobrecita mi niña. 

Lourdes, toma la biblia de su padre, pastor de una iglesia bautista, oraré  junto a Yeniley por que recobre su razón, el señor escuchará mis oraciones.

Cunda busca en la gaveta de la mesita de noche y coge un sobre de meprobamato; los guardaba por si me hacían falta,ayudaran a calmarla.

Todas las vecinas se reunen en el jardin de la casa de Panchita, dispuestas a ayudar a Yeniley, a no permitir que pierda la razón por la pena y el dolor.

Elena,  con su crucifijo enorme en la mano, toca a la puerta, escuchan la voz de Yeniley.

-La puerta esta abierta entren que estamos desayunando.

Asustadas las vecinas abren la puerta y entran, se encuentran a Panchita sentada a la mesa, devorando un pan con queso y una taza de café con leche. Panchita detiene su desayuno,  sonrie y saluda a las vecinas, una por una, por sus nombres. Las vecinas se sorprenden,  Panchita había perdido la mente despues de una caída y vivía  en un mundo extraño,  del que sólo salía unos instantes, a veces.

-¿Qué  es esto Caridad del Cobre? ¡Panchita ha recobrado la memoria!

-Mama regresó,  esta de vuelta, es un milagro, un sueño hecho realidad. Ya habló  con mis hermanos,  todos están felices.

Las vecinas se abrazan emocionadas; los milagros siempre conmueven y asombran.

Micaela abraza a Panchita mientras le dice. 

-Voy a comprar un ramo grande de girasoles para ponerselo a mis santos que mucho les he pedio  por ti mi vieja, ¡Que alegría verte asi Panchita!

Elena, Lourdes, Cunda y Nena, sonrien emocionadas y cada una decide dar gracias, a su manera, por el regreso de Panchita. Saben que volveran a escuchar las historias de Panchita, a pedirle consejos, a contagiarse con su risa.

Reina que pasaba y ve la puerta abierta entra.

-¿Qué es esto? Pancha sentá  a la mesa y conversando con las vecinas, como antes, esto es un milagro, ay Santa Barbara bendita, gracias San Lazaro, gracias Caridad del Cobre, gracias Dios mío. 

Yeniley abraza a Panchita y con lagrimas en los ojos les dice.

-Si, es un milagro, el milagro del amor de sus hijos que la hicimos regresar de olvidos y desmemorias, mamá esta de vuelta y con ella la alegría y la felicidad mía y de mis hermanos.

-De todos nosotros Yeny, tu madre es una santa y todos la queremos muchos, bendito sea Dios por su regreso.

¡Panchita está  de vuelta¡
Fotografía tomada de Google.

¡Mi hija es ahora mi hijo, es hombre!


Desde que Diana quedó embarazada sabía,  presentía que sería  un varón. Estaba feliz, radiante, esperando su primer hijo. A pesar de su juventud, Diana era una mujer madura, de esas que saben lo que quieren y luchan por ello, con un corazón enorme, capaz de dar albergue a todo el amor del mundo.

Cuando le  dijeron que el bebé sería  una hembrita, se sorprendió, estaba segura que traía  un varón,  pero no por ello dejo de amarle y esperar con ansias el momento de tener a su hija en sus brazos.

Luisita nació y Diana estaba feliz con su hijita, orgullosa y llena de ilusiones. Una hija que sería su amiga, se entenderían muy bien, lo sabía.

Luisita creció, siempre prefirió  jugar con sus amiguitos, correr y mataperrear con ellos por las calles del barrio, como uno mas del grupo. Jugaban a los bandidos, a los cogios, a subirse a los árboles, mas de una vez tuvo que correr Diana al hospital por partiduras de cabeza y hasta fraturas de Luisita.

Un día una amiga le dijo a Diana.

-Ay mi amiga, ¿Tú  no ves algo raro en Luisita?

-¿Raro?  No, es una niña completamente sana y con muy buenos sentimientos, mejor no la quiero.

– No me refiero a eso mi santa, yo sé  que esa niña es de oro puro. Tú  no te has dado cuenta que se viste como varón, y juega como varón, es algo más  que ser marimacha.

– Si me he dado cuenta, soy su madre y a una madre no escapa nada. Sólo la dejo encontrar su camino en la vida, sin imponerle reglas, ni tabúes,  que crezca feliz eligiendo su camino y lugar en la vida.  Cuando vamos a comprar su ropa, la dejo elegir, sus juguetes los  elije ellas; es su vida y sólo  ella tiene derecho a vivirla. No seré  yo quien le imponga un futuro a mi hija.

-La  verdad que te admiro, si a mi una hija me saliera de esas de pan con pan; tortillera, me daba un yeyo y tú lo  coges todo  tan tranquila.

-Primero que todo, Luisita no es lesbiana, tortillera como tú  dices. Yo creo que nació  en el cuerpo equivocado, que es un chico atrapado en el cuerpo de una mujer, pero eso sólo  lo dirá  el tiempo. Mi hija o mi hijo, encontrará  su lugar en el mundo y cualquiera  que sea  estaré siempre a su lado, con el mismo orgullo del primer día  que le parí.

-Tú  eres una mujer que se manda y se zumba, una cojunua mi amiga, contigo hay que joderse y sabes qué,  te admiro; gente como tú hay pocas, por eso todo el mundo te quiere y te respeta en todo el barrio.

– Déjate de guataqueria y vamos p’ la cocina, voy a colar café. 

Asi, poco a poco, Luisita se hizo “mujer”, cumplió sus 18 años. Estrenó  una camisa a cuadros, jeans y unas botas que Diana logró comprarle para complacerla. Cuando Luisa salió  del cuarto vestida para salir con sus amigos, Diana la besó  y le dijo.

– Ay mi hijita, cada día estas mas linda.

-Mamá, me gustaría que me llamaras Luisito y me trataras como a un hijo. No me siento mujer, me siento hombre, pienso y actuó como un hombre, no me considero gay mamá,  me siento hombre. Yo no soy una mujer que le gustan las mujeres, soy un hombre encerrado en este cuerpo, luchando por escapar de él.

-Siempre lo he sabido mi hijo, siempre, pero tenía que esperar por ti, que tú  decidieras, dejarte elegir libremente tu lugar y tu camino en la vida. Ven, sientate a mi lado o mejor en mis piernas, como cuando eras chiquito y mis brazos bastaban para protegerte del mundo.

-Mamá,  mamá,  eres de oro, la mejor madre del mundo, estoy tan feliz y orgulloso de ti. Sólo  me preocupa papá.

-Soy yo la que esta orgullosa de ti, de que tengas el coraje de luchar por ser quien  quieres ser. Yo no podré protegerte de todos,  ni de todo, pero siempre me tendrás  a tu lado, incondicionalmente. No te preocupes por tu padre, ya hemos hablado sobre esto y no lo elegí como padre de mis hijos por gusto.

– Mamá,  yo siempre pensé que esto no tenia remedio, que tendría que conformarme con vestir y actuar como hombre, sin llegar a serlo nunca. Anoche, en casa de Yazmani, vi un video y leí  la historia de Laith Ashley de la Cruz, es un hombre mamá,  un machazo, trabaja como modelo, pero nació  mujer, como yo. Luchó duro, se enfrentó  a todos y hoy es un hombre que se come el mundo. Saber su historia me hizo ver el camino a seguir; mamá,  quiero ser hombre, transformar mi cuerpo del todo y ser macho, macho de verdad. ¿Me ayudarías y apoyarías en este difícil  camino que voy a iniciar para ser realmente un hombre?. No sé para que pregunto, si sé  la respuesta. Mamá,  quiero comenzar a cambiar del todo, quiero ser  un hombre pleno, un macho mamá.

-Estaré  a tu lado mi hijo, pero no sólo para tomar tu mano y decirte aqui estoy; lucharé junto a ti por lograrlo,  hijo mío. Tu padre, yo y tu hermano, estaremos contigo, no lo dudes.

Se abrazaron muy fuerte, uno de esos abrazos capaces de sellar alianzas y vencerlo todo; un abrazo que asegura victorias.

Poco a poco Luis, como ya lo llamaban todos, comenzo a cambiar. Primero tratamiento de hormonas, operaciones, atención de sicólogos, no era fácil ,  pero Luis sabía  que lo lograría ;  tenía una voluntad de hierro y buenos aliados a su lado.

Una tarde, conversando con su mamá le dijo.

-Mamá me siento bien, cada día mas fuerte y seguro. ¿No te arrepientes que tu hija sea ahora un hombre, no se te han perdido sueños en el camino?

-No mi hijito, un hijo o hija, siempre es nuestro, tome el camino que tome. Sentiría verguenza de ti, si fueras una mala persona, un ladrón,  un asesino, tú  no elegiste nacer en el cuerpo equivocado. ¿Sabes que cuando estuve embarazada de ti estaba seguro que traía un varoncito? Parece que al final no me equivoqué y mi hija encontró el camino para ser mi hijo. Estoy feliz por ti, por tu fuerza, por no darte por vencido, eres un hombre mi niño; todo un hombre.

-Gracias mamá,  gracias, sin ti todo hubiera sido distinto, difícil y duro.

-Para eso estamos las madres mi niño, para luchar con dientes y uñas por nuestros hijos. No me des  todo el mérito,  tu padre, tu hermano y tus abuelos han hecho lo suyo. Todos hemos estado junto a ti. Eres lindo Luisito, lindo, fuerte y bueno, te mereces este triunfo. 

-Gracias mamá ,  gracias, te amo tanto.

Se abrazaron, madre e hijo, seguros de su amor y sus victorias
La historia es real, yo sólo la conté  a mi manera. Mis respetos y admiración para Román  y para esa madre con un corazón,  donde cabe todo el amor del mundo.