Una tarde con El caballero de París  y Olga la tamalera.

Betty nacio en Miami, sus abuelos se fueron de Cuba, cuando los colores empezaron a cambiar de verde olivo a rojo.

Sus padres se conocieron cuando estudiaban juntos. Betty es una de las muchas cubanas que nació en otras tierras, en esta larga y sufrida historia de cubanos por el mundo. Sus abuelos decidieron contarle de Cuba, sembrarle en el alma el amor por esa tierra con olor a palmas y cañaverales.  

Un día su papá le dijo a su abuelo.

-Viejo, esta bien que le hables de Cuba a la niña , de nuestra tierra, que la enseñes  a sentir el orgullo de ser cubana,  pero a veces creo que exageras. Le cuentas historias que ni yo conozco.  Estoy seguro que hay gente que vive en La Habana que ni saben quien era el caballero de París u Olga la tamalera.

-Son historias bonitas que la enseñan  a conocer mejor su tierra,  es como si La Habana viniera a contarle historias cada noche. Déjanos a nosotros que nos entendemos muy bien y uno nunca sabe lo que pueda suceder, es mejor que esté preparada para cualquier encuentro en el futuro; yo sé lo que hago..

Asi creció Betty oyendo historias fabulosas, parte realidad y parte fantasía que su abuelo agregaba a su antojo.

Pasaron los años, Betty se casó,  tuvo hijos, su abuelo murió,  pero en su mente siempre daban vueltas las historias del abuelo. Algunos de esos famosos personajes habaneros le eran tan familiares que hasta soñaba con ellos y le parecía conocerlos;  ellos y Betty, eran como viejos amigos..

Una tarde su amigo Pepe la invito a casa de unos pintores cubanos muy conocidos.

-Vamos Betty, sé  que la vas a pasar bien y te sorprenderán algunas de las figuras y pinturas que hacen,  son muy buenos.

-Está bien iré contigo, será  una tarde de arte y de cubania, la pasaré bien. Llevaré una foto de mi abuelo,  a él le hubiera encantado acompañarme. 

Llegaron  a la casa, entraron. Betty estaba extasiada mirando las pinturas de La fiesta del Guatao, de solares habaneros, de viejas chismosas y despojos. Todo le parecía conocido y lo disfrutaba intensamente de la mano de los recuerdos de su abuelito. Pasaron por un cuarto donde había algunas figuras, se paró en la puerta. Sintio como si la foto de su abuelo en el bolsillo de la blusa la empujara a ese cuarto, entró.  Allí la esperaban, El caballero de Paris y Olga la tamalera. La habitación se iluminó con luces rojas, azules y blancas, al influjo de ellas las figuras cobraron vida, de entre las luces apareció su abuelo sonriendo.

-Me llevó años prepararte para este momento, sientate, no temas; es el pasado que viene a saludarte, a no dejarse olvidar.

Fueron minutos mágicos,  escuchó historias de abolengos y nobles, probó un tamal delicioso y besó  a su amado abuelo. Alguien la llamó,  las figuras volvieron a ser inmóviles,  su abuelo desapareció y las luces de colores se apagaron. Cuando Pepe entró  al cuarto se sorprendió al ver el rostro iluminado y feliz de Berty.

-¿Qué pasó?  Tienes algo raro en la cara.

-Soy feliz Pepe, muy feliz, gracias por regalarme la tarde mas maravillosa de mi vida.

Al despedirse, Betty le.dijo a los pintores.

– Si alguna vez se deciden a vender al Caballero de París  y Olga la tamalera, no dejen de avisarme, pagaré  lo que sea.

Betty se fue recordando las palabras de su abuelo al desaparecer entre las luces de colores; eres cubana Betty, tan cubana como las palmas y Cuba siempre vendrá por ti, no lo olvides.

Fotografías de las obras de Felix Gonzales Sanchez, El caballero de París  y Olga la tamalera.

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