Cortico, un balsero abandonado.

Cortico, salió de Cuba como muchos otros, sin pensarlo dos veces, hay decisiones que hay que tomarlas pronto, si se piensan mucho terminan apareciendo razones en contra. Cuando sus amigos decidieron lanzarse al mar en una balsa, no le hicieron preguntas, sabían que podían contar con él, lo miraron y le dijeron; ¡Nos vamos! El día de la partida ahí estaba cortico, se recostó a su amiga, espalda con espalda. Así se sentían seguros. El viaje comenzó entre olas y sustos. Hubo noches de miedo, casi de espanto, Cortico miraba a sus amigos a los ojos, transmitiéndoles su paz, su certeza que todo estaría bien. Cuando su amiga sentía miedo, lo abrazaba fuerte.

Atrás habían quedado amigos, recuerdos, hasta una novia perdida por esas calles de La Habana. A cortico solo le importaba seguir junto a sus amigos, eran su familia. Mientras hacían el viaje pensaba en todo lo que había dejado atrás, saberse junto a sus amigos lo compensaba, le daba fuerzas para mirar al futuro.

Una madrugada llegaron a la costa de Cayo Hueso. Cortico fue el primero en saltar a tierra, reconoció el terreno y espero a sus amigos, los miraba transmitiéndoles su valor. Todos se abrazaron, un LLEGAMOS enorme estremeció la noche, anticipando amaneceres y arcoíris. Llegar es, para muchos, la consolidación de sueños, el despertar a una nueva vida.

Cortico estaba feliz, la felicidad de sus amigos era suya. Los trámites fueron rápidos, el esposo de su amiga fue a recogerlos. No le gusto su mirada. Su sexto sentido adivinaba disgustos y separaciones. Su amiga y su esposo se encerraron en el cuarto al llegar a la casa. Desde la sala, Cortico alcanzo a escuchar
-¿Cómo se te ocurrió traerlo? ¡Deshazte de él, aquí no lo quiero!

Cortico, lloro en silencio, 13 años con su amiga y tendría que dejarla, abandonarla. Eso le dolía más que el saberse perdido en una ciudad que no conocía.

Su amiga salió del cuarto llorando, mientras su esposo hablaba por teléfono
– Si vengan a buscarlo cuanto antes y pónganlo a dormir, ya está viejo y nadie lo querrá.

Su amiga intento abrazarlo, Cortico, con los ojos llenos de lágrimas, se alejó ladrándole, reprochándole el engaño, la traición. Fue directo a la imagen de San Lázaro, se echó ante él, seguro que haría el milagro de encontrarle un hogar, de demorarle el sueño que le querían adelantar.
Hace días que Cortico espera el milagro que le dé nuevos amigos y un nuevo hogar.
cortico
Si alguien está interesado en encontrarle un hogar a Cortico, contactar a Juan Carlos en este email.
Jctocororo@aol.com

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Miriam y un ramo de canciones.

mirian ramos
Gracias a las redes sociales y a mi blog, que me han permitido sumar amigos, reales y virtuales, supe de la presentación de Miriam Ramos en una de las salas del Miami Dade County Auditorium. Me puse de acuerdo con amigos, reservé entradas y me prepare para disfrutar de una noche de buena música cubana por una de sus mejores intérpretes. Estaba seguro; la noche del sábado seria inolvidable.

La primera parte del concierto fue la presentación del pianista Ulises Hernández. Recorrió piezas de Lecuona, Cervantes, entre otros. Su interpretación de la Malagueña, arranco aplausos prolongados. Cuando interpreto a Cervantes, recordé la primera vez que lo escuche, interpretado por su hija María, con esa gracia cubana que la acompaño hasta el último instante. Seguro desde el cielo, abrazada a su padre le decía; mira papá ¡Como aplauden tu música en Miami! Abrir un concierto donde el plato fuerte es Miriam Ramos, consciente que el público asistió convocado por su arte y encanto es sin dudas un reto. Ulises supo ganarse al publico que le dedico aplausos y ovaciones, que lo disfruto en cada nota y lo hizo suyo.

Un piano, una luz, Miriam, su voz y presencia, no hace falta más para desencadenar la magia y convocar lo mejor de la canción cubana. Se presenta y se adueña de todos, la noche le pertenece, se vuelve cubana a su influjo. No estamos en la sala de un teatro, somos un grupo de amigos en una plaza o parque habanero, sentados en un banco o en el muro del Malecón, mientras una amiga de lujo, nos regala canciones, nos embruja.

Sus dos primeras canciones las dedica a La Habana, “Habana, sirena que sueña dormida a la orilla del mar y solo acierto a llorar cuando en ti pienso…” Dedicar dos canciones a nuestra ciudad, traérsela en la voz y soltarla libre y hermosa entre nosotros, convierte el invierno en primavera. Casi nos quitamos bufandas y abrigos y dejamos que la brisa del mar nos refresque en esta noche, especialmente cubana y nuestra.

Miriam se disculpa, el frío, una inoportuna gripe, conspiran contra su presentación. Nos pide, casi nos suplica que la escuchemos con el corazón, no con los oídos. La Habana se las arregla para tensarle y arroparle las cuerdas vocales. Termina diciendo; es casi un milagro este concierto. No tengo dudas, un milagro del arte y el profesionalismo, un milagro de una noche habanera que la envolvió y cuido y le permitió pasearse por lo mejor de nuestras canciones.

No falta Lecuona en su presentación, sabe que todas esas canciones, están en nuestros corazones las regala una a una. Dejándonos disfrutarlas en éxtasis, con la cubania desbordada y el buen arte de fiesta.

Sencillamente exquisita, llama a escena a Lecuona, al Bola, al Benny. No me pidan “explicarles como fue, no se decirles como fue”, terminamos todos con la emoción desbordada y en el alma esa sensación de disfrute que solo el buen arte produce.

Sabe que su voz basta para la magia de la noche y se propone regalos extras. Se trae un pianista acompañante que al decir de una de las asistentes; es un monstruo. Rolando Luna, excelente pianista que recrea y crea arte y música en cada interpretación. Complemento perfecto para la voz de Miriam, para la magia de la noche habanera que se burla del frío y la geografía.

Termina el concierto, nos negamos a su adiós, regresa y ofrece a capella, Mariposa. De nuestros corazones brotan mariposas tricolores de agradecimiento que inundan el teatro y la noche, que reclaman otro concierto, otra cita con Miriam y nuestra música ¡La esperamos en otra noche inolvidable!