Una Rosita que vence al tiempo con sonrisas y aplausos.

Rosita, 92
Como siempre, como hace más de 75 años, basta su nombre en cartelera para convocar amigos y admiradores, para garantizar locales desbordados de públicos, aplausos y ovaciones. Rosita cumple años y los cubanos de esta otra orilla, lo celebramos junto a ella, disfrutando de esta suerte de ser parte de su historia, de nuestra historia.

Rosita pertenece a esa rara raza, en extinción, de artistas plenas, de esas que no necesitan estudios de grabación que le arreglen agudos y notas, ni padrinos poderosos para triunfar. Esa raza de artistas con mayúsculas, con atributos suficientes para arrancar aplausos a públicos y críticos. Se basta sola para imponerse en cualquier escenario y género. Lo ha demostrado en una larga carrera que suma aplausos de 4 generaciones de cubanos que la siguen y la hacen suya, que se dejan seducir por su arte y encanto, burlándose de años y de absurdos.

Hace aproximadamente un año en una de mis visitas a su casa en La Habana le dije que pronto celebraríamos “el siglo de Rosita”, me miro, sonrió y con su asombro de niña grande me dijo; un siglo, no, ¡te imaginas cumplir 100 años! Ambos reímos seguros que un siglo con Rosita es, sin dudas, un siglo de nuestro arte, de lo mejor de nuestros teatros. Un siglo de pasear todos los géneros por los escenarios de una Isla que la hizo suya. Es cierto que nació en New York y que a diferencias de muchos de nosotros, su ciudadanía americana es por nacimiento, no por naturalización, pero es cubana, nuestra, cubanísima, diría yo. Ha conservado en su casa, aún en momentos que las religiones eran condenadas, una imagen de La Caridad del Cobre. Cachita la bautizo con mieles y girasoles y la hizo cubana, la vistió con batas cubanas y la lanzo al mundo y a la gloria. El viejo Lázaro le agradece sus actuaciones, en pleno esplendor de su carrera, para los enfermos del Rincón, su darse a todos, sin esperar nada a cambio, solo amor. Un pueblo entero la ama y dice, nuestra Rosita, burlándose de actas de nacimientos y ciudadanías, de intentos de ostracismos y prohibiciones, a ambos lados del mar.

Coincidir en tiempo y espacio con Rosita Fornés, ser parte de esa suma de aplausos y bravos, decirle de una forma u otra; te queremos, es sin dudas un privilegio, un regalo. Nos quedan 8 años para cumplir el siglo de Rosita. Me imagino al Teatro García Lorca, al Martí, al Amadeo Roldan, disputándose entre ellos el homenaje central de esos 100 años de gloria y arte. Muchos teatros de provincias, como el Terry y La Caridad, dirán ¿y nosotros que? ¡Rosita también es nuestra! Ella nos pertenece a todos, lo sabe y disfruta. En Miami, esa fiesta del siglo de Rosita será, por derecho propio, en The Place of Miami, que bien puede reclamar como nombre; ¡El Lugar de Rosita!

A su fiesta de cumpleaños asistieron admiradores, amigos y compañeros de trabajo. Todos quisieron dejar constancia de su amor y agradecimiento, aportar su granito de arena y decirle al oído, te queremos y mucho. Reinaldo Miravalles, Miguel Gutiérrez entre muchos, se sumaron a este homenaje que fue un desfile del buen arte y el saber hacer. Un espectáculo que se extendió en el tiempo, pero que nadie quería que terminara. La magia de La Fornés, vencía una vez más al tiempo

Rosita, nos regaló 3 canciones y el público la aplaudió con el alma, recuerdos y emociones. Un bravo enorme estremeció a The Place of Miami, al finalizar su actuación. Nos quedamos, como siempre, con ganas de mas, alguien grito desde el público, ¡Balada para un loco! Los locos somos nosotros que no nos resignamos a un adiós de Rosita y la hacemos volver, una y otra vez, incansable y hermosa.

Desde el saloncito VIP de The Place of Miami, miraba a Rosita deleitarse con las canciones que le regalaban, disfrutar halagos y piropos, recibir regalos y flores. Les confieso que me asombra su fuerza, su no darse por vencida, su hacer al tiempo y los años sus admiradores. Su sonrisa tiene el raro encanto de borrar años y penas. Basta una sonrisa y vuelve a ser joven; es su misterio, su encanto, su secreto y magia. Rosita no se cansa de ser bella, de ser una Rosa sin final. La mantienen viva, la alientan en su acción e intento, el amor de 4 generaciones de cubanos que a fuerza de aplausos y bravos, de te quieros y piropos la atamos a la vida y los escenarios, iluminando nuestra escena, como un gigantesco arco iris de rosas multicolores. Nuestra estrella, La Fornés, cumple años y a un lado y otro de este mar, un pueblo le dice; gracias por existir, por ser nuestra y desde ya prepara flores, presentes y ganas para celebrar la llegada de ¡un siglo con Rosita!
rosita cumpleaños, The place of Miami

Fotografias cortesia de Robertico Morales

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Una Rosa vencedora del tiempo.

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En cada viaje a La Habana, siempre reservo un par de horas a visitarla. Mi viaje, estaría incompleto si no pasara a saludarla, a deslumbrarme con su sonrisa y reflejarme en sus ojos que juegan a confundirse con el mar. Desde aquella tarde que a pedido de un amigo común fui a visitarla en el cuarto de un hospital, su casa es un punto obligado en mi recorrido por mi ciudad y mis recuerdos. Cada minuto junto a ella, se convierte en un tesoro en el recuerdo.

Hace días que me dije; vas a ver a Rosita y no tienes un nuevo escrito que leerle, ¿Vas a aparecerte con las manos vacías? ¿Te perderás el privilegio de verla soñar mientras le lees? Me la imagino abriéndome la puerta de su casa y mirando mis manos vacías, sin una sola palabra que regalarle. Esta noche, sin apenas tiempo, me decidí a unir palabras que pudieran arrancarle suspiros y risas, no sé si lo logre, les cuento a mi regreso.

Puedo dejar de visitarla en su estancia en Miami, le sobran los amigos que la visitan, que se sientan junto a ella a escuchar sus historias, a disfrutarla, mi presencia no le es imprescindible o necesaria. Tiene muchos amigos y admiradores en esta orilla, tantos que una noche un grupo de ellos nos reunimos en un teatro de Miami y le regalamos una de las ovaciones más grandes que esta orilla recuerda. Allá en La Habana, el pueblo la ama de un modo especial y cubanísimo, la convierte en símbolo. Rosa, vive alejada del centro de la ciudad, a muchos les es difícil visitarla, el transporte, la lejanía, ponen un límite a sus visitas. Ella es una rara flor que necesita palabras y amigos cercanos, para nutrirse y alentar a su influjo; para existir. Sé que mi visita le es más necesaria en esa otra orilla y me doy el gusto de disfrutarla en familia, con mi madre al lado. De aportar mi granito de arena en mantener a Rosa eterna y vital, vencedora del tiempo y designios.

Recuerdo la frase de una amiga refiriéndose a Rosita; “lo que más admiro de ella, es que es una sobreviviente”, es cierto. Rosita, ha sobrevivido al tiempo y a problemas, los ha vencido. Supo reinventarse más de una vez y sin dejar de ser, ser más luz y más flor.
Sí, no tengo dudas, Rosita es una sobreviviente, no solo por su larga vida, por su fuerza para luchar, estar y continuar. Es una sobreviviente porque ha logrado ganarse el corazón de un pueblo y habitar en él, por más de 3 generaciones; esa es la acción suprema de sobrevivencia. Cuando un artista lo logra, vive para siempre, en esa memoria colectiva que la hace suya, borrando finales y retiros. Para muchos Rosita, sin proponérselo es la Giraldilla de varias generaciones de cubanos; su sonrisa apunta siempre al futuro, a sueños por realizar. Es una mezcla rara de mito y flor, sueños y hechos, pasado y futuro. Decidida a continuar eterna y vital en el corazón de su pueblo, vive y renace en cada aplauso, en cada halago o piropo, a su influjo adquiere matices de eternidades.

Faltan 9 años para celebrar el siglo de Rosita, de una Rosa vencedora del tiempo y dificultades, sin final. Una Rosa que se ha hecho eterna en el amor de un pueblo que la hizo suya y la mantiene vital y sonriente, dispuesta desafiar el tiempo con una sonrisa o un destello de sus ojos. Se imaginan mi escrito; ¡Un siglo con Rosita! Esa fiesta, en La Habana o Miami, no me la perderé por nada; ¡Lo prometo!