Eternamente Maggie,¡La voz!

En mas de una ocasión he llamado a Favio Diaz, propietario del emblemático “Hoy como ayer”; hacedor de arte y milagros . Anoche, despues de disfrutar el concierto de Maggie Carles, mientra lo abrazaba y le daba las gracias por traernos a Maggie de vuelta, le dije; eres el ángel de nuestros artistas, de nuestro arte.  Sólo él pudo hacer el milagro, la magia, del retorno de Maggie al escenario. Como mago del arte y el esfuerzo, saco del sombrero la voz esperada por todos, un as de triunfo que asegura retornos y éxitos. 

Fueron 7 largos años sin escucharla, extrañándola, escuchando sus discos, viendo sus videos, nunca nos resignamos a su retiro. No era justo perderla, un día supimos la noticia, Maggie regresaba en un concierto único  en Hoy como ayer. La ciudad y amigos alistaron aplausos y bravos, separamos mesas y allá  fuimos, a deleitarnos con su voz, presencia y carisma.

Maggie comenza el concierto, espléndidamente bella y vital.Sus agudos estremecen el lugar, escapan y salen a conquistar la ciudad, cruzan el mar, despiertan a La Habana que viste su mejor bata cubana y viene feliz a disfrutarla. La saluda, le agradece el regreso y se sienta en un rincón  a escucharla, es tu noche Maggie, le susurra al oído,  me traje conmigo a amigos y recuerdos, decididos a no dejarte ir, a atarte a escenarios y a la gloria.

Maggie es dueña de una voz que teje redes, que hace magia.  A su influjo logra convertir el local de la calle 8 en un gran teatro habanero. Disfrutamos de un nuevo “Maggie en vivo”, de un Maggie íntimo,  especial, nuestro. Basta un pedido del público  y a capella, sin esfuerzo regala canciones,  estremece corazones, hace magia.

Maggie es una artista especial, se basta sola para hacernos reír, aplaudir, para ponernos de pie en un bravo inmenso. Cuando nació,  se conjugaron trinos de sinsontes y ruiseñores, guarapo fresco, palmeras, café humeante, ron, pregones y gracia cubana. Da gusto oirla cantar y hablar, hechizera del humor y el canto, deja en el alma el goce del buen arte, ese que nos engrandece y alienta lo mejor de nosotros. 

Su voz convoca a Mama Inés,  convierte la esquina de la 8 y la 22 en un solar habanero y nos da a beber un café  cubanísimo.   Nos burlamos de años y exilios. Al aroma de este café  acuden puntuales vivencias y nostalgias. Sin querer,  como un extra de la noche, somos jovenes de nuevo, revivimos ese tiempo en que volver y partir, eran verbos que no dolían. 

 Su voz nos hace adolescentes, nos despojamos de años y penas, buscamos en el baúl infancias y juventudes, nos vestimos con ellas y aplaudimos su dúo  con Luis Nodal que sube al escenario a redondear la magia de una noche que será  como un girasol gigante haciendo el regreso de Maggie eterno como su voz y su arte. 


Canta New York, New york y desde la gran manzana le aplauden, La Habana sonríe,  eres mia Maggie, pero eres tan grande que tengo que compartirte con el mundo, le dice al oído.

Este no será,  no puede ser un concierto único,  se repetirá. Maggie no nos dejará  de nuevo. Una cadena inmensa de corazones y aplausos, impedirá nos abandone.  Sinsontes y colibríes la guiarán a escenarios y éxitos. Nosotros estaremos allí con el aplauso inmenso y el amor desbordado; eternamente nuestra, eternamente Maggie, ¡La voz!

Fotografia cortesía  de Guillermo Menendez. 

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Un café vencedor de la Coca Cola del olvido.

cafe2 Ladron de guevara
Manolo salio de Cuba una mañana de abril. Su vuelo era para Ecuador, les dijo a todos que iba a buscar algunas cosas para hacer un negocio. Les mintió, su destino real era Miami. Los días previos a su viaje, anduvo por la ciudad, visito las casas de amigos y familiares, hasta fue a las escuelas donde había estudiado; fue como un recorrido por sus recuerdos, su historia. No faltó la visita a casa de abuela. Acumulo pedazos de su vida, de su ciudad, su Isla, como si quisiera llevarse todo lo necesario para hacer los cimientos de su nueva vida. Es difícil eso de irse con mas de 25 años a cuestas, a iniciar una nueva vida.

Antes de salir de casa rumbo al aeropuerto, se despidió de su mamá.
– Vuelvo pronto, le dijo con la certeza que da el amor y la voluntad.
– Yo estaré esperándote siempre, le susurro al oído. Mi hijo y esa mochila tan pesada, ¿Qué llevas ahí?
– De todo mamá, mi vida entera, la voy a necesitar. Me voy, pero mi vida entera va conmigo. Costo trabajo reunir todos los recuerdos, pero lo logre. Dijo mientras acariciaba su pesada mochila.

El recorrido desde Ecuador hasta la frontera de México con Estados Unidos, fue duro y lleno de dificultades inesperadas. Al pasar la frontera entre Panamá y Colombia en Playa de Miel, tuvieron que subir una montaña. La pesada mochila de Manolo le hacia casi imposible avanzar.
– Vas a tener que botar algunas cosas de la mochila o tendremos que separarnos y dejarte atrás, no podemos seguir demorando nuestro avance, tampoco queremos dejarte solo.
Le gritó uno del grupo. A pesar que no se conocían, los trabajos pasados, el objetivo común, los había hermanados y se trataban como si se conocieran de años.

Manolo abrió su mochila, miro sus recuerdos, los acaricio. No sabia cual de ellos sacar para aligerar su marcha; tomo la mejor decisión. Dejo la mochila con sus recuerdos en la montaña, juntos se bastarían para cuidarse; ellos sabrían el camino de regreso a casa. Los miró por última vez y siguió con el grupo. Los dejo como quien abandona la vida en una esquina; sin valor para mirar para atrás, con miedo de quedarse con ellos.

Sin el peso de su mochila, Manolo avanzo rápido, era de los que iban al frente del grupo. Tenían prisa, el miedo a que quitaran la ley de ajuste cubano o que cualquier país de los que atravesaban tomara medidas para impedir su paso, les daba fuerza y aceleraba su paso. A última hora decidieron cambiar el punto en que cruzarían la frontera de Estados Unidos. Por donde pensaban hacerlo habían recibido cientos de cubanos y demoraría mas de una semana procesarlos. El sitio escogido fue perfecto; en solo horas ya estaban del otro lado, se despidieron entre si con promesas de mantener el contacto. Cada uno del grupo tomo un rumbo distinto, tal vez nunca más volverían a verse.

Manolo llego a Miami, su tía lo recibió feliz. Siempre lo considero el hijo que la vida no le dio, tenerlo junto a ella la hacia feliz y mucho. Lo ayudo en sus tramites, Children and Family, Social security, licencia para manejar, el permiso de empleo. Nada se le escapo a Juana que averiguo bien todo, cuando supo que su sobrino estaba en camino.

El permiso de empleo le llego pronto. Ya su tía le había hablado a varias amistades que tenían negocios que su sobrino era “un bárbaro” con la computadora, que se las sabía todas, que se había graduado con honores de la Universidad de Ciencias Informáticas. Su primer empleo supero todas sus expectativas, comenzaría ganando 50 mil al año, con muchas posibilidades de promoción y mejora de salario.

Tía Juana estaba feliz y orgullosa de su sobrino, pero había algo en la mirada de Manolito que le preocupaba; como una tristeza sin consuelo.
– ¿Qué te pasa Manolito? Deberías estar muy feliz, esta es tu casa, tú eres para mí como el hijo que Dios no me dio, tienes un trabajo muy bueno. Hay mucha gente que lleva años aquí que no gana lo que vas a ganar tú. ¿Qué te angustia mi hijo? Háblame claro.
– Los recuerdos tía, los recuerdos que dejé. Yo no quiero tomarme la Coca Cola del olvido, yo necesito tomarme el café de los recuerdos; sin él no podría comenzar mi nueva vida. No quiero ser como esos muchachos que he conocido que niegan que son cubanos y se creen gringos y hasta el nombre se cambian; prefieren ser Joe que José o Alfred que Alfredo. No quieren ni hablar español, toman whisky y coffee americano. Yo quiero seguir siendo cubano ciento por ciento. Cuba esta aquí en mi corazón y lo que soy y seré, es por mi patria, mi infancia, mi vida, mi madre y mis recuerdos. Necesito los recuerdos que deje allá en Loma de Miel.
– Ahora mismito llamamos a tu mamá, ella sabrá como hacer para reunirte tus recuerdos y mandártelos.

La conversación telefónica fue mas corta de lo que Juana y Manolo pensaban. Juana puso el teléfono en altavoz (speaker), quería que Manolito escuchara toda la conversación.
– Pancha mi hermana, soy yo Juana. Aquí tengo a Manolito angustiado porque perdió sus recuerdos y no sabe si tú podrás reunírselos y enviárselos. ¿Te será muy difícil mi santa?
– El único problema es tener con quien mandárselos. Todos sus recuerdos están aquí en su cuarto. Aparecieron una mañana y se acomodaron solitos en su cuarto, se sabían muy bien el camino de regreso.
Manolito lloraba de la alegría, sin poder hablar. Juana siguió con la conversación.
– Pues de eso me encargo yo, si no encuentro quien vaya a Cuba, voy yo misma a buscarlos, déjame eso a mí. Te quiero mi hermana, después te llama Manolito, ahora esta emocionado, un beso y cuídate.

A la semana exacta Juana le entregaba a Manolo su mochila repleta de recuerdos. Los tomó, mientras acariciaba la mochila y se encerraba en su cuarto. Paso allí 4 largas horas. Salio con una cajita con un polvo verde oscuro, fue directo a la cocina. Le pidió a su tía la manga de colar café que guardaba de recuerdo, mientras ponía agua a hervir. Cuando todo estuvo listo, a punto de colar su café especial, llamo a sus amigos, los que se habían cambiado el nombre y no querían ni oír el nombre de Cuba.
– ¡Vengan pronto es urgente!

Mientras sus amigos llegaban, Manolo colaba su café especial. La cocina, la casa se inundaba de un olor extraño y agradable. Juana grito desde la sala.
-¡Ese arroz con pollo huele como el de mima! ¿Qué le pusiste? ¿Y ese olor que siento a la colonia bebito que te poníamos cuando eras niño? Ay Santa Bárbara bendita, si siento el olor de mima, a su perfume, también el olor a tabaco de mi difunto esposo ¿Qué es esto Manolito, que estas haciendo en la cocina? Eso es brujería, pero coño, es una brujería bendita que me ha recordado toda mi vida. Gracias Caridad del Cobre.
– Toma un buchito tía, toma.
Juana saboreo ese néctar que sabía a vida, a recuerdos, que despertaba rincones dormidos de su memoria, que la volvía niña, joven y mujer de nuevo, que le traía a su Cuba de vuelta.

Tocaron a la puerta, Alfred y Henry entraron a la casa, abrazaron a Manolito, besaron a Juana.
– ¿Qué pasa en esta casa acere? ¡Que olor más rico carajo!
– Manolito tendrás un poquito de Habana club por ahí, tengo ganas de sonarme un buen trago.
Manolito reía, mientras les servia el café. A su influjo las olas del mar golpeaban contra las paredes de la casa, el agua les salpicaba el alma. Los cuadros de las paredes se convirtieron en balcones habaneros y los pasillos de las casa en esas calles habaneras llenas de historia y recuerdos. Hasta pregones se escucharon desde el patio. Los vecinos venian corriendo. Convocados por el olor del café especial que como el flautista del cuento, los reunía y llevaba a lo mejor de sus vidas. Alguien saco un cajón y empezó una rumba, la casa se convirtió en solar y los recuerdos en vida.

Alfred y Henry se abrazaron mientras gritaban a coro.
¡Esto si es vida mi hermano! ¡Que viva cuba libre! Y un viva enorme retumbo en todas las calles de Miami.

cafe1 Ladron de guevara

 

Fotogarias de obras del pintor cubano Ladron de Guevara.

Manolito y Pedrito, intolerancias y absurdos.

Manolito, nació en un solar habanero, en una familia pobre y negra, dos razones que pueden marcar la vida de una persona, a pesar de “tolerancias” y “mentes abiertas”.

Sus padres eran trabajadores y buenas personas. Reglita y Juan, se dedicaron a educar y formar a su hijo, a enseñarle valores y principios. Manolito, fue siempre un buen estudiante, de esos que todos los maestros ponen de ejemplo.

Su mamá gustaba de sentarse a conversar con él, le contaba anécdotas, historias, la moraleja era siempre la misma; todos somos iguales, la única división entre los hombres es, buenos o malos y aún en esto hay matices, nada es absoluto. Le enseño que el color de la piel, la religión, la orientación sexual, los orígenes, no hacen a nadie mejor, ni peor. Los valores humanos, los sentimientos son los que marcan la diferencia, le repetía una y mil veces.

En una ocasión, Reglita, lo llevo a un cumpleaños. Pedrito, un amiguito de la escuela, celebraba su fiesta. Cuando entraron a la casa y Pedrito llego corriendo a abrazar a Manolito y llevárselo para jugar, más de uno de los presentes hizo un gesto de disgusto y sorpresa. Les chocaba ese par de muchachos tomados de la mano, uno negro, como noche de apagones, otro blanco como las nubes, rubio y de ojos azules.

La mamá de Pedrito había luchado contra esa amistad. Aunque Manolito era un niño bueno y mejor estudiante que su hijo, eso de que se pasara el día con un negrito, aunque fuera casi, “un negrito de salir” y “pareciera blanco” no le hacía mucha gracia. Pedrito era terco y había desafiado todas las prohibiciones de su mamá a quien no le quedó más remedio que ceder ante la fuerza de esa amistad.

Manolito vino a traerle a su mamá una flor del jardín.
-No me regañes, le pedí permiso a la mamá de Pedrito para traértela.
Reglita lo beso y coloco la flor en el escote de su vestido. Mientras miraba a su hijo correr buscando a su amiguito, escucho a una señora decir.
-¡Que negrito más educado! ¡Es un negrito de salir!
Se volteo, sonrió y le dijo.
-Es un niño muy educado, todos los niños como él, son de salir, es un lujo tenerlos. Los colores no deciden la condición humana.
La señora fingió una sonrisa que se le quedo en mueca y salió al patio. Necesitaba aire, la rabia la ahogaba.

Manolito y Pedrito crecieron, se hicieron hombres. Su amistad creció junto con ellos, se hizo más fuerte. Eran inseparables, como hermanos. Una tarde al salir de la Universidad, Manolito paso por casa de Pedro, quería que lo ayudara a imprimir unos datos que necesitaba de Internet. Cuando llego, se extrañó de la cara seria de la mamá de Pedro. Cuando pasó a su cuarto, lo encontró llorando, los ojos rojos y el alma destrozada.
-¿Qué pasa Pedrin? No me asustes, sabes que soy tu hermano, confía en mí.
-Voy a decirte algo que no sabes; soy gay, maricón como dicen muchos, no me gustan las mujeres, me gustan los hombres. Hoy se lo dije a mis padres y mi papá me dijo que tenía 24 horas para irme de la casa. Empecé a recoger, pero no tengo donde ir. No sé si me seguirás tratando después de saber esto, si te dará pena andar conmigo por la calle, que nos vean juntos.
Pedrito rompió a llorar, mientras Manolito lo abrazaba fuerte.
– Eres mi hermano, eso es lo único que importa aquí. Tu sexo es asunto tuyo, tu forma de sentir, de amar, no soy yo quien para juzgarla. Sería muy mierda si te abandonara ahora que me necesitas. Vamos a terminar de recoger, te vas para mi casa, no es como esta, son solo dos cuartos en un solar, pero te la ofrezco con todo el amor del mundo. Dormirás en mi cama, como cuando éramos niños y dormíamos juntos y sécate esas lágrimas, no quiero que te vean así.
-Tus padres, ¿Qué dirán? Me aceptaran, no pondrán peros que durmamos juntos sabiendo que yo soy…
Manolito no lo dejo terminar la frase.
-Mis padres sabes que eres un hombre y mi hermano y que tienes un corazón de oro. Ah y quiero decirte algo, supe que eras gay hace tiempo y nunca me importo. Como dice mi mamá; los hombres se dividen en buenos y malos y tú eres de lo mejorcito que hay. Bien macho que eres y me consta, que para tener los cojones bien puestos no es obligatorio irse a la cama con una mujer. Vamos, despídete de tu mamá.
Se abrazaron fuerte, como sellando esa amistad de la infancia que en contra de prejuicios e intolerancias supieron construir y fortalecer.

Llegaron a casa de Manolito, cuando sus padres vieron los bultos y los ojos rojos de Pedro, no hicieron preguntas. Reglita dijo.
-¿Quién se va a bañar primero? Tengo el cubo de agua caliente listo.
A la hora de dormir, Pedrito quiso dormir vestido, le daba pena dormir con Manolito y quedarse en calzoncillos.
-Oye quítate ese pantalón y acaba de acostarte que donde hay hombre no hay fantasmas, ni complejos.
-Manolo, ¿No te importa que la gente se entere que dormimos juntos? ¿Que piensen que eres maricón?
-Si me importara, sería como “esa gente”. Lo único que me importa eres tú, ayudarte. Hoy por ti y mañana por mí.

Cuando Pedro llevaba 6 meses viviendo en casa de Manolito, su mamá lo espero un día a la salida de la Universidad, en la parada de la guagua.
-Pedrito, mi hijo, quiero que vuelvas a casa, convencí a tu padre y dice que si sabes comportarte puedes regresar. Hazlo por mí, me duele verte viviendo en ese solar entre negros, compartiendo el baño con ellos.
-Mamá, esos negros, como tú dices, son mejores que tú y que mi padre. ¡Cuando coño entenderán que esa gente son de oro, que el color de la piel no decide la condición de las personas!
-Tu lugar es en nuestra casa, tal vez se te pase esto y te enamores de alguna muchacha de bien y me des un día nietos.
-Esto no se me pasara porque no es una enfermedad, no es una elección. Soy gay, maricón, como dice papá y lo seré siempre. No me casare con una muchacha de bien, si un día aprueban el matrimonio gay, me casare con un hombre de bien. Con alguien que sea como Manolito, pero que como a mí, le gusten los hombres. Y te aclaro se comportarme, él que no sabe comportarse es papá que se olvido que soy su hijo cuando supo que era maricón.
-Me vas a matar Pedrito, estos disgustos acabaran conmigo.
-No mamá, a ustedes los va a matar la intolerancia, el creerse mejor que los demás. Ir a misa los domingos o tener los ojos azules, no te hace mejor persona, entiéndelo. Antes que te vayas quiero decirte algo, Manolito tiene novia y van a casarse, no me han dicho nada pero sé que van a necesitar el cuarto, si no han fijado fecha es porque piensan que no tengo para dónde ir. Tengo novio mamá, llevo 2 meses saliendo con Alberto, me pidió que me mudara con él.
-¡Alberto, El mulato que estudiaba contigo! ¿No pudiste hacerte novio de un blanco? A mí me va a dar algo. Con un blanco podrían decir que son primos o parientes, pero ¡un mulato!
-Mamá, te preocupa más que sea mulato o blanco a que sea buena o mala persona ¿Te gustaría verme con un rubio como yo, pero que fuera un hijo de puta? ¡Mamá despierta por favor! Sabes en vez de ir tanto a la iglesia, deberías ir a conversar con Regla, tienes mucho que aprender de ella.
Se despidieron con un beso y la promesa de volverse a ver pronto.

Esa noche, Pedro le conto la conversación a Manolito.
-Es triste como en pleno siglo 21 la gente sigue etiquetando a las personas. Cuando Luisa le dijo a sus padres que nos íbamos a casar casi la matan ¡¡Con un negro!! ¿Tú sabes lo que es tener que hacerle el desriz a tus hijas? Te veo haciendo trencitas, te imaginas ese batallón de negros en la boda. Suerte que Luisa es fuerte y les dijo; si no quieren no vayan a la boda, no pude hacer mejor elección que Manuel, si a ustedes no les gusta, lo siento, pero la boda va.
-Así es, dicen discursos sobre la igualdad, pero la igualdad para los otros. Mami cuando supo lo de Alberto y yo, casi sufre un ataque al corazón ya no le importaban que fuera un hombre, lo quería al menos blanco. Sabes, yo no quiero que mi familia o amigos me toleren, quiero que me acepten como soy, como yo los acepto a ellos.
-Eso hablábamos Luisa y yo hoy, me dijo que con el tiempo su familia me toleraría. Le aclare que no había nada que tolerar, que en todo caso sería yo quien tendría que tolerar el racismo y estrechez mental de ellos, termino dándome la razón.
-Y hablando de tolerancia compadre, ¿Hasta cuándo tengo que tolerar tus patadas en las costillas todas las noches?
Se rieron como bobos, Regla les toco en la puerta.
-Van a despertar a los vecinos, acábense de dormir.

El día de la boda de Manolito y Luisa, Pedro fue con Alberto, ya llevaban 15 días viviendo juntos. Cuando termino la fiesta y se iban para el hotel, Manuel y Pedro, se despidieron con un abrazo. Luisa se acercó, todos rieron con la ocurrencia de Pedro que dijo en voz alta.
-¡Te sacaste la rifa con esta mujer, es una blanquita de salir, hasta parece negra de lo buena que es!

Fotografia tomada de Google