Partir!

Irnos, por vez primera, por segunda o tercera vez, irnos un montón de veces, es cortar ataduras, pretender romper lazos, desgarrarnos. Volver a ver, desde la ventanilla de un avión, como se aleja nuestra Habana, nuestra isla.

Todos recordamos la primera vez que nos fuimos es algo imborrable, por ansiada, soñada e intentada un montón de veces. Esa primera vez, fue, para todos, un suceso. En mi caso, tuve la suerte de partir junto a un amigo, un hermano. Recuerdo que empujaron el avión, de pronto lo regresaron, se oyó la voz del capitán; por problemas con la lista de inmigración, el avión tuvo que regresar. Nadie hablo, nadie respiro, un minuto mas de demora y todos hubiéramos muerto por asfixia, a los cinco minutos volábamos rumbo a Madrid.  Sentí, como un desgarramiento, un desprendimiento, algo de mí, quedo para siempre en esa Isla, junto a mis seres queridos. No tuve valor de mirar por la ventanilla del avión; no me atrevía a ver a Cuba alejarse en la distancia, sin saber cuando volvería a verla. Alli quedaba mi madre, esperando mi regreso.

He tenido la suerte, prohibida para muchos, de regresar varias veces a Cuba. He vuelto una  y otra vez a los brazos de mi madre, he vuelto a partir otras tantas. Recuerdo cuando la muerte de mi padre, pase 21 días con ella, dándole fuerzas y aliento. Mami, nunca me despide ni recibe en el aeropuerto, esa vez, cometí el error de mirar para atrás, cuando el auto se alejaba rumbo al aeropuerto. La imagen de mi madre, de pie, en el portal, tratando de retenerme con la mirada, me desgarro. No pude hablar durante todo el viaje, hice el chequeo, un dolor en el pecho me ahogaba, minutos antes de despedirme, sentí un alivio, solo pude decir; gracias Dios mío. Mi hermana, se sorprendió, le dije, creí que me moría de angustia, ya paso.

Cada regreso, es como si nunca hubiera partido, mi sitio exacto, permanece esperando por mí, en mi casa, en el corazón de los míos. Llegar a casa, es sentir los lazos que creía rotos, mas fuertes que nunca, por unos días, somos los de antes, los de siempre, los que nunca  nos fuimos. Cada partida, tiene el desgarramiento de la primera. Bastan solo unos días, unas horas, para borrar años de lejanías y ausencias. Tal vez, nunca nos fuimos del todo. Somos felices donde vivimos, adoptamos nuevas tierras como nuestras, no vivimos del recuerdo y añoranzas. Tener a Cuba, en el corazón, es vivir en el futuro, en la luz. Su presencia, no impide luchar y afincarse en otros países. Nuestra Isla, es, sin saberlo nosotros, el puente a un futuro mejor de todos sus hijos. La raíz y la flor, que nos afianza y adorna.

Cada vez, que el avión despega, los lazos intentan romperse, la uniones, parecen que se quiebran. El piloto, da toda la fuerza al motor, son muchos corazones, de un lado y del otro, que se resisten a  separarse. La Habana tiende sus brazos, pretendiendo retenernos, Cuba, nos envuelve en  un viento que frena las alas, mi madre, suspira, enjuga una lagrima, mira una foto mia y se dice; volverá pronto.

Nunca puedo ver la imagen de mi madre perderse en la distancia, ni mirar por la ventanilla del avión y ver mi ciudad, mi Isla desaparecer poco a poco. Cada partida, tiene un poco, o un mucho de la angustia de la primera vez. Cuando el avión aterriza en Miami, se que llegue a casa, donde vivo y trabajo, donde soy feliz y realizo sueños. Reviso mi mochila, mi alma, siempre se me queda algo allá en La Habana, junto a mi madre, siempre me traigo algo de ellos, conmigo.

¡El milagro de Caridad!

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Leí varias noticias sobre miles de cubanos, reunidos, convocados por la Caridad del Cobre, tanto en Cuba, como en Miami. Millones por el mundo, reunidos en oración, encendiendo velas, pidiendo milagros. Asistíamos, sin saberlo a uno de los tantos milagros de la Virgen. Cubanos, reunidos en torno a ella, olvidando diferencias, dejando a un lado odios, el milagro de la unión, aunque sea solo por un día.

La Caridad del Cobre, ha devenido símbolo de cubania, ha escapado a religiones y creencias, pertenece al pueblo. Si al inicio de la construcción de su iglesia, cambiaba de lugar, aparecía y desaparecía, ahora viaja por todo el mundo, nos arenga a la unión, a olvidar diferencias. No habita solitaria en El Cobre, esperando la visitemos, sale a nuestro encuentro, nos habla de frente. Sabe como llegar a nuestros corazones, nos conoce.

¿Por qué esperar al día de la Caridad del Cobre para reunirnos todos y olvidar desacuerdos, para abrazarnos como hermanos y cargarla en hombros? Los cubanos, no podemos, no debemos ser como esas familias mal llevadas que solo se reúnen en velorios o bodas, se saludan, se abrazan, se dicen; tenemos que vernos mas a menudo. Después se dan la espalda y se olvidan, se dividen, toman rumbos distintos.

No podemos dejar todo el trabajo a la Virgen, no bastan 24 horas de unión para salvar la patria. No basta llevarla virgen en hombros un solo día. Debemos llevar la patria en hombros todos los días. Reunidos todos junto a ella, por encima de diferencias y desacuerdos.

La Caridad del Cobre, se eleva sobre si misma, basta un gesto y todos acudimos solícitos. 24 horas de tregua al odio, a la división entre hermanos, de querer imponer criterios e ideas, de creernos todos que nos asiste la razón. La Patria, lleva años convocándonos, suplicándonos y nosotros haciéndonos los sordos, tirando cada uno para su lado. Es hora de tirar todos juntos, en dirección al futuro, no son tiempos de dividir, si no de sumar.

La Caridad del cobre, es la patrona de Cuba, llegó un día sobre olas, vivió en las montanas. Ahora anda por el mundo, tocando puertas y corazones. Cuando el frío es fuerte, se cubre la espalda con su manto azul, rojo y blanco, toma un buen café cubano y sigue, incansable, indetenible, llamándonos a la unión.

Ella, hizo el milagro de unir a los cubanos a todos, aún a los ateos, por 24 horas. Dejo de ser un símbolo religioso, para ser un símbolo patrio. La virgen, no quiere que la llevemos en hombros un día, quiere caminar, junto a un pueblo unido por siempre. No olvidemos que dondequiera que estemos; la patria, es lo primero.

Llevemos todos los días, en el corazón, el mensaje del milagro de la unión de todos los cubanos. Entreguemos a la Virgen, para que los arroje lejos de la Isla, nuestros odios y diferencias. Dejemos que el amor que brota de ella, nos invada y mejore en una patria “con todos y para el bien de todos”. La Virgen ,Nuestra Patria y la historia, nos lo agradeceran.

Fotografia tomada de Google.

Equivocado o iluminado?

Que trabajo nos cuesta aceptar que cuestionen nuestra opinión! Que difícil se nos hace dialogar, decir no estoy de acuerdo, fundamentar nuestra idea sin ofender, sin querer herir y humillar a quien piensa distinto!

Muchas veces pensé que esto era algo que aprendimos después del 59. Que aquellas terribles asambleas de unanimidad total, nos habían dañado para siempre. Me equivoque, es algo que tal vez hay que buscar allá, en la secuencia de bases nitrogenadas. Dios mío, cambia de una vez y para siempre nuestro mapa genético, haznos de una vez y para siempre, razonables, abiertos al dialogo a la critica.

Si alguien piensa diferente a nosotros, esta equivocado o simplemente es un comemierda. Así de simple, cada uno se cree dueño y artífice de la verdad, la defiende a capa y espada y en su defensa agrede, insulta, ofende, no dialoga.

Soy cubano, de esos, como muchos, que les late el corazón más aprisa cuando ven nuestra bandera al viento, cuando alguien evoca Cuba en la distancia. Cubano 100%, aunque no sea pelotero, músico ni poeta, como dijo el poeta que partió recientemente sin permiso de amigos y admiradores. A pesar de cubanias, mares y recuerdos al viento, me encanta dialogar, enriquecerme discutir, mejorarme del intercambio con todos. Tal vez porque sufrí en el país y en el hogar, el intento de imponer criterios unánimes, me gusta la diversidad. Aprendí que nadie, ni el más viejo, ni el más sabio, ni el más tonto, es dueño de la verdad absoluta. La verdad es la suma de todas las pequeñas verdades de los honestos, de los consecuentes con sus principios.

Hoy no puedes ser mi hermano y un “bárbaro”, porque dijiste exactamente lo que yo quería. Mañana, no puedes estar equivocado, envejecido o haber pasado de moda, porque tu criterio, honesto y defendido con valentía, se aparta de lo que pienso yo. Que trabajo cuesta discutir, argumentar, decir; no coincido contigo, es mejor lanzar ofensas, intentar ridiculizar, gritar un, “estas equivocado” o “que te paso, estas viejo”.

Lo mas triste de todo esto, es que muchos de los que actúan así, llevan años criticando gobiernos totalitarios. Sin darse cuenta, que son ellos mismos, quienes, en sus opiniones y forma de expresarse, levantan el mejor homenaje al totalitarismo, lo consolidan y oficializan.

Cuba, nos necesita a todos, al ilustre y culto, al semianalfabeto, al que habla bonito y al que apenas sabe decir, que bola acere! Todos, sin excepción, tenemos derecho a expresarnos libremente, ser escuchados, respetados. Basta ya de gritar, tu estas equivocado!, cuando un criterio, no coincide con el nuestro, basta de querer ofender y ridiculizar a quienes haciendo uso del mas elemental derecho, piensan diferente a nosotros.

El concierto de Pablito y algunas opiniones leídas y escuchadas, me alejaron de mi oficio de recorrer mi ciudad, mi isla. Créanme, pensé terminar con mi ultimo escrito “Un concierto después, nos tomamos un café”, este ciclo de análisis. No me gusta el oficio, de analista político, aunque sea de forma discreta y modesta, sin miedo a desacuerdos, ni equivocaciones. Prefiero, recorrer mi Habana, hablar de Cuba, de nosotros, terminar con la certeza de un mañana mejor. Como he dicho varias veces, no siempre terminamos escribiendo de lo que queremos, las musas, los principios, la razón y un montón de cosas mas, a veces, nos obligan, como esta noche que pensé acostarme temprano, a escribir algo que hace una hora, ni siquiera había pensado.

Hay una persona, que dio, a mi juicio, la mejor y más inteligente opinión sobre el concierto de Pablito, termino dándole la bienvenida y un “sobrio apretón de manos”. Sólo quiero decirle en mi nombre y en el de muchos cubanos de aquí y de allá, que no ha envejecido, no esta equivocado. Ha rejuvenecido virilmente y ha acertado brillantemente. Muchos, muchos más de los que piensa usted y los que lo critican hoy, lo apoyamos. Muchos que lo veíamos lejano y mítico, comenzamos a acariciar la idea de una boleta electoral con su nombre. Necesitamos de hombres dignos, sin miedo a expresarse, abiertos al dialogo. En nombre de muchos, le doy un abrazo fuerte, espontáneo y colorido, sin la sobriedad de un apretón de manos, un abrazo de hermano!

En nombre de muchos, propongo que aprendamos a ser tolerantes, demostremos al mundo y a nuestros hermanos de allá, a los que llevan años comiéndose un cable, a todos! que tenemos muy buena memoria, un gran corazón y un mejor cerebro, para abrirnos a cambios y ampliar horizontes, para olvidar diferencias cuando la patria nos llama. Estamos obligados a aprender de una vez y por todas, que la verdad, es de todos y compartida, se disfruta mejor.

Iré a La Habana!

Iré a la habana en un corcel de fuego o en un rabo de nube, iré a La Habana.

A veces, sin proponérselo, lo malo de La Habana reina en Miami, lo trajimos con nosotros, se nos sale, se le sale a algunos, por costumbre o por vocación. Aparecen entonces quienes quieren revivir asambleas donde discrepar era casi un acto suicida. Esos que reviven, día a día, el modo de hacer que dicen criticar, que desconocen que es tolerancia y comprensión. Su oficio, es imponer su criterio a cualquier precio.

Iré a la habana, entre aplausos o gritos, iré a La Habana.

Recuerdo una vez que una amiga y yo estuvimos hablando sobre Bush, yo, en contra, ella a favor, la conversación duro más de dos horas. Nadie se molesto, nos despedimos con un beso, ninguno intento imponer su criterio, sólo dialogar, enriquecernos los dos. Hay muchos que se molestan cuando alguien discrepa. El asunto de Cuba y los viajes a la isla, irrita a algunos, molesta a otros y hace feliz a muchos. Mencionar el tema, es como revolver las avispas, alborotarlas.

Iré a la habana, cuando sienta deseos de abrazar a mi madre, iré a La Habana.

En una ocasión, comentando el tema de Cuba, con una señora que trabajaba conmigo, me dijo; si todos nos unimos y no mandamos ni un centavo, provocaríamos un cambio, le dije; conmigo no cuentes, el dinero a mi mama, para que coma, no le faltara nunca. (No le falto durante dos meses que estuve en casa por una fractura múltiple). Estuvo unos días sin hablarme, después comprendió que entre ella y yo hay una gran diferencia; toda su familia, vive en USA, mi madre, esta en Cuba, no podremos jamás pensar igual, si, podemos entendernos mutuamente. Ser diferentes, no implica convertirse en enemigos, tratar de imponer uno al otro su criterio. Ser diferentes, nos lleva al dialogo, la tolerancia, la comprensión.

Iré a la Habana, Oh ceibas y palmas hermosas, iré a La Habana. 

Creo que cada uno es dueño de sus actos y decisiones y asume dignamente las consecuencias de estos. Pretender imponer a otros un criterio es absurdo. Querer que otros paguen por heridas ajenas, es mas absurdo aún. Todos tenemos nuestras propias cicatrices, nuestros recuerdos. Mis heridas, son mías, no tengo derecho a hacer que otros sufran o paguen por ellas. Tampoco puedo pagar por heridas ajenas.

Iré a la Habana, en un avión de alas plateadas, iré a La Habana.

Cuando se acercaba el día de mi primer viaje de regreso a La Habana, quise compartir mi alegría con una señora que lleva muchos años aquí, sólo le dije: el viernes me voy a Cuba, a ver a mi madre! Su rostro se contrajo en una mueca desaprobatoria. De forma brusca me dijo: no le lleves mucho dinero al gobierno de allá. La mire, me sonreí, le dije: despreocúpate, no conozco a nadie que trabaje en el gobierno, todo lo que llevo es para mi madre, ojala tuviera más, para poder llevarle más. No volvió a saludarme, ella perdió un amigo, yo, comprendí que a veces la intolerancia daña a quien la practica.

Iré a la habana, retozando en canciones y recuerdos, iré a La Habana.

Respeto y admiro a los que nos abrieron el camino. Esos que tuvieron el valor de construir Miami, de hacernos el camino más fácil a todos los que llegamos después. Tengo entre ellos, amigos entrañables, cada conversación que tenemos es una lección de historia y de cubania. Imagino su dolor por esa Cuba cerca y lejana para siempre, sus lagrimas, su no ver a sus madres e hijos. Tuvieron la fuerza de convertir ese dolor en trabajo y creación, se hicieron a si mismos mejores, construyeron Miami. Escucho sus historias, sus dificultades para llamar por teléfono, la demora infinita de las cartas, un eterno cartel de no regreso, su familia, perdida para siempre, su Cuba, inaccesible. Fueron extraordinariamente fuertes, lo son aún, lo serán por siempre.

Iré a la Habana, cuando las ganas se conviertan en ansias y las ansias en orden, iré a La Habana.

Marti, nos convoco siempre a la unión, mas de una vez, la división de los cubanos, hizo fracasar nuestros intentos. El punto no es querer que todos pensemos igual, hace muchos años, decidí no ser uno más en el rebaño. El punto es unirnos, hacer crecer lo que nos une y engrandece, por encima de diferencias y criterios que algunos intentan imponer a ultranza. Cada cubano, dentro y fuera de la isla, tiene su propia historia que contar y tiene todo el derecho y todo el izquierdo del mundo, a que le escuchen y respeten. Una razón, no es mas fuerte, porque se grite mas alto o porque este en boca de una figura pública. A veces, muchas veces, la verdad esta en boca del mas humilde, de aquel que no necesita gritar y hacer gestos efectistas para ganar atención, fama y dinero.

Iré a la habana, con sol o con lluvia, iré a La Habana.

Al final de la historia, Cuba nos espera a todos, no hace distinciones. Cura todas las heridas y ayuda a borrar cicatrices. La Habana se levanta sobre el malecón, nos saluda dándonos la bienvenida, agitando al viento su pañuelo azul, blanco y rojo. 

Iré a la habana, convocando espíritus, lanzando conjuros al viento,  iré a La Habana!