Mi muerte.

Cuando muera, si finalmente decido morirme algún día.
No moriré mientras duerma.
Tampoco en la cama de un hospital.
No moriré lentamente, ni entre espasmos o dolores.
Moriré un día de sol intenso y aguaceros,
Corriendo desnudo bajo el agua!

Terminare siendo agua, cristalino y feliz! Acuoso, eterno!
No me quedaré estancado en charcos, ni correré sin saber adonde, no iré por contenes y aceras desconocidas, como agua sin rumbo.
Yo guiare la ruta de mis aguas,
Iré directo al mar!

No se aún en cual de mis ciudades, me sorprenda, desnudo, mi aguacero final, definitivo.
Miami, Madrid, La Habana, en una de ellas, me confundiré con la lluvia, iré a encontrarme con el mar,
no me acompañaran mis letras, las dejare a mis amigos.
No quiero quedarme en océanos o mares mediterráneos, el mar Caribe, reclamara derechos sobre mí, los tiene.
Quedare, para siempre, siendo parte de esas olas que acarician mi isla.

Un día seré vapor y nube y volveré a andar sin ropas, ni ataduras, mis calles y mis campos.
Volveré al mar, a mi tierra, una y otra vez, en ciclos repetidos.
Cuando muera, desnudo y entre aguas, no habrá velorios, ni flores, ni lagrimas, seré agua, regresando a mis raíces.
Cuando muera, corriendo al mar, en mis aguas, llevare para siempre, disueltas, mezcladas y fundidas, partículas de mi tierra y mis recuerdos!

Luces y sombras.

 
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Habana, ciudad de contrastes, de luces y de sombras, de alegrías y tristezas. Ciudad de matices, de claroscuros. En la Habana, nada esta dado de una vez y para siempre, no hay verdades absolutas, todo es relativo. La Habana puede ser todo y nada a la vez, luz y sombra en si misma.

La Habana, se baña en las aguas claras, calidas, espumosas del mar, mientras por algunas de sus calles, corren aguas sucias y mal olientes. Tiene toda la luz del sol que la ilumina, tiene una luna hermosa y tropical en la noche.  Habana de apagones que oscurecen y silencian la ciudad. Una oscuridad silente y densa que casi podemos tocar con la mano, que agobia y deprime.

Ciudad de embrujos y fantasías, de católicos que van a misa y comulgan. De santeros consultando y prediciendo el futuro. Ciudad con plátanos y cintas en las esquinas y rosarios desgranados en el silencio de las tardes. Ciudad de padres nuestros y maldiciones, de la Caridad del Cobre y de Ochún.

Ciudad de blancos y negros. Habana mestiza, arco iris de colores que la conforman y enriquecen. Ciudad de rubios que se espantan cuando escuchan; y tu abuela, donde esta? Crisol de razas y culturas.

Ciudad de avenidas deslumbrantes, con jardines, ciudad de calles estrechas y sucias sin un pedacito de tierra, sin un árbol que de sombra. Habana del Paseo del Prado y 5ta avenida, de O’Reilly y Aguiar.

Habana de bellezas deslumbrantes de mujeres y hombres que quitan el aliento, personajes escapados de una pasarela o una película de Hollywood. Ciudad de viejas y viejos que cargan años y penas. Ciudad de espantos que asustan, de caras que impresionan y nos alejan.

Ciudad de Carnavales y fiestas, de rumba y ron. Habana de alegría desenfrenada, de borracheras y bailes en La Tropical. Lugar de tristezas y velorios, de no somos nada, polvo y cenizas. Hogar de madres que esperan el regreso de sus hijos, de madres que no verán más a sus hijos, que los perdieron para siempre. Habana de lágrimas desbordadas y contenidas, de llorar con todo y de llorar por dentro.

Habana de trabajos y vagancias, de esfuerzos y abandonos. Ciudad de amores y desamores, de sueños y pesadillas. Habana de escuelas al campo y movilizaciones, de desfiles en la plaza, de embajada del Perú y del Mariel. Ciudad de llegadas y partidas, de absurdos y razones.

Habana mía y tuya, nuestra, ajena, real e irreal. Amada y odiada, cuerda y loca, maldecida y bendecida. Habana de orgasmos desenfrenados y abstinencias absurdas. Si un día perdiera sus contrastes, sus luces y sus sombras, cambiaría su nombre, no sería La Habana.