Nuestra eterna Rosa sin final.

Rosita, así, sin apellido, sin titulos ni adjetivos, no los necesita, celebra 80 años de vida artistica; es la eterna Rosa sin final de nuestro arte, de nuestra cultura e historia.

Allá, en La Habana de todos, celebran galas, homenajes, el gran teatro se hace jardín y se adorna de rosas. Dicen que será su última presentación, no lo creo, no será así. Rosita seguirá, eternamente, vistiendo de terciopelo y lentejuelas, regalando su arte y carisma en cada escenario de nuestra isla, que hizo suya, por decisión y derecho.

Rosa vive y vivirá por siempre, en escenarios y corazones de este pueblo que la ama y aplaude, que se niega a decirle adiós y la disfruta, una y otra vez, en sus vídeos y grabaciones. A quien adoran pueblos y generaciones, no los vence el tiempo, el almanaque se sienta a disfrutarla y la aplaude, le grita,¡ Bravo!

Alguien dijo que Rosita era la artista cubana más completa del siglo XX, error; es la artista cubana más completa de todos los tiempo, única e irrepetible, no tendremos otra igual. Es un fenómeno que se da solo una vez, tuvimos la suerte de de compartirla en tiempo y espacio, de hacerla nuestra; nuestra Rosita. No hay relevo, ni sucesoras; quede su paso y huella por nuestro arte como prueba del saber hacer, encantar y hacer pequeño cualquier escenario, de ser artista con mayúsculas.

Muchos crecimos admirandola, amándola con esa suerte de amor al primer encuentro. Se bastó para imponer su arte y presencia en tiempos difíciles, para no dejar de ser y siendo resultar vencedora de falsos críticos y agoreros sin sentido; su arte venció obstáculos, sin quitarse una sola lentejuela, ni una sola pluma, sin renunciar a amigos y admiradores.

Rosita es una artista intemporal, tal vez dentro de 50 años o más, un adolescente cubano se rinda a su arte y belleza y le dedique mejores escritos que estos que mi amor por ella me inspiran hoy. Porque y no lo duden, su arte, carisma y belleza nos sobrevivirán a todos y allá en los tiempos por venir, se convertirá en mito y leyenda.

En cada hogar cubano, en nuestro barrios, en cada rinconcito del caimán tendido al mar, se escucharán por siempre aplausos y bravos, convocados por su arte. En cada corazón cubano, un gracias por existir Rosita, habitará por siempre.

Fotografías tomadas de Google.

Eternamente, ¡Rosita!

Siempre insisto en la magia de La Habana, en su modo de regalarnos recuerdos y milagros; ciudad alucinante que se basta para guardar vidas y memorias y sorprendernos con regalos cada mañana, en cada rincón, como girasoles floreciendo entre palmas y ceibas.

Me levanto temprano, enciendo el televisor, la brisa de la mañana refresca y anuncia un nuevo dia en La Habana de todos. Mi ciudad se las ingenia para darme un regalo especial; Rosita en la tv cubana, un recuento de algunos de sus muchos y mejores momentos. Una pincelada de su vida y su hacer, de emociones y aplausos, exitos y flores.

Algunos kinescopios que aunque en blanco y negro, su arte y belleza le dan color y renuevan. Eternamente, Rosita.

Un desfile de canciones y arte que se me antoja un recorrer mi vida de la mano de Rosita, un desfile de la alegría, una cita inesperada, de repente en la mañana . Su sonrisa siempre ha tenido la magia de borrar años; hoy al influjo de su arte, revivos momentos guardados en la memoria como tesoros de la vida.

Magia de amor, Mentiroso y otros mas que me van llevando por su arte y mi infancia. Recuerdo noches con la familia reunida toda, frente a un viejo admiral. Mami fregando apurada para no perderse un minuto con Rosita, nosotros luchando por un mejor puesto, papi en su intocable butacon, piropeando a Rosita, extasiado en su belleza.

El recorrido por su extenso e intenso hacer, cierra con dos números cumbres en su hacer. El comediante en el Guzmán, con el teatro inmenso de la Habana de pie, aplaudiendola y aclamandola, como aclaman los pueblos a sus diosas. Siboney en el festival internacional de Varadero, Rosita de blanco, juvenil, bella y cubanisima recreando la canción y obligando a una enorme ovación. Aún recuerdo al dia siguiente, al llegar de la escuela, a mi hermana menor, con un grupo de amigos, comentaban emocionados la belleza y la actuación de Rosita. Asi ha sido siempre Rosita, vencedora del tiempo, sin final, ganándose el aplauso de nuevas generaciones, de todo un pueblo; ese es su misterio, su magia y hechizo.

El nombre de Rosita en la televisión, su arte y belleza se me antoja símbolo y emblema de nuestra cultura. Recuerdo sus recitales en el Amadeo Roldan, su La Fornes tridimensional, que durante semanas desbordo el teatro inmenso de La Habana, sus actuaciones en el Musical y en el Lorca. Su historia, es la historia de nuestros teatros, de nuestra televisión, de casi un siglo de nuestra cultura que Rosita prestigia e ilumina, es eternamente, ¡Rosita!

Fotografías tomadas de la pagina de Alfredo Alvarez.

Una Rosa vencedora del tiempo.

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En cada viaje a La Habana, siempre reservo un par de horas a visitarla. Mi viaje, estaría incompleto si no pasara a saludarla, a deslumbrarme con su sonrisa y reflejarme en sus ojos que juegan a confundirse con el mar. Desde aquella tarde que a pedido de un amigo común fui a visitarla en el cuarto de un hospital, su casa es un punto obligado en mi recorrido por mi ciudad y mis recuerdos. Cada minuto junto a ella, se convierte en un tesoro en el recuerdo.

Hace días que me dije; vas a ver a Rosita y no tienes un nuevo escrito que leerle, ¿Vas a aparecerte con las manos vacías? ¿Te perderás el privilegio de verla soñar mientras le lees? Me la imagino abriéndome la puerta de su casa y mirando mis manos vacías, sin una sola palabra que regalarle. Esta noche, sin apenas tiempo, me decidí a unir palabras que pudieran arrancarle suspiros y risas, no sé si lo logre, les cuento a mi regreso.

Puedo dejar de visitarla en su estancia en Miami, le sobran los amigos que la visitan, que se sientan junto a ella a escuchar sus historias, a disfrutarla, mi presencia no le es imprescindible o necesaria. Tiene muchos amigos y admiradores en esta orilla, tantos que una noche un grupo de ellos nos reunimos en un teatro de Miami y le regalamos una de las ovaciones más grandes que esta orilla recuerda. Allá en La Habana, el pueblo la ama de un modo especial y cubanísimo, la convierte en símbolo. Rosa, vive alejada del centro de la ciudad, a muchos les es difícil visitarla, el transporte, la lejanía, ponen un límite a sus visitas. Ella es una rara flor que necesita palabras y amigos cercanos, para nutrirse y alentar a su influjo; para existir. Sé que mi visita le es más necesaria en esa otra orilla y me doy el gusto de disfrutarla en familia, con mi madre al lado. De aportar mi granito de arena en mantener a Rosa eterna y vital, vencedora del tiempo y designios.

Recuerdo la frase de una amiga refiriéndose a Rosita; “lo que más admiro de ella, es que es una sobreviviente”, es cierto. Rosita, ha sobrevivido al tiempo y a problemas, los ha vencido. Supo reinventarse más de una vez y sin dejar de ser, ser más luz y más flor.
Sí, no tengo dudas, Rosita es una sobreviviente, no solo por su larga vida, por su fuerza para luchar, estar y continuar. Es una sobreviviente porque ha logrado ganarse el corazón de un pueblo y habitar en él, por más de 3 generaciones; esa es la acción suprema de sobrevivencia. Cuando un artista lo logra, vive para siempre, en esa memoria colectiva que la hace suya, borrando finales y retiros. Para muchos Rosita, sin proponérselo es la Giraldilla de varias generaciones de cubanos; su sonrisa apunta siempre al futuro, a sueños por realizar. Es una mezcla rara de mito y flor, sueños y hechos, pasado y futuro. Decidida a continuar eterna y vital en el corazón de su pueblo, vive y renace en cada aplauso, en cada halago o piropo, a su influjo adquiere matices de eternidades.

Faltan 9 años para celebrar el siglo de Rosita, de una Rosa vencedora del tiempo y dificultades, sin final. Una Rosa que se ha hecho eterna en el amor de un pueblo que la hizo suya y la mantiene vital y sonriente, dispuesta desafiar el tiempo con una sonrisa o un destello de sus ojos. Se imaginan mi escrito; ¡Un siglo con Rosita! Esa fiesta, en La Habana o Miami, no me la perderé por nada; ¡Lo prometo!