¿Concierto o reunion de amigos?

IMG_0018
Soy de los que creen que uniendo fuerzas y voluntades, todo es posible. Pertenezco al grupo de los que ayudan a los demás, sin esperar nada material a cambio, ni siquiera agradecimiento; solo el goce interior que da saber que se ha actuado bien. Dar una mano a quien lo necesita nos hace crecer como seres humanos, nos eleva a un plano superior.

El exilio no es, ni puede pretender ser, pretexto para que tiremos cada uno para nuestro lado, buscando solo nuestro interés. Emigrar, no nos puede hacer peores seres humanos, al contrario, enfrentar y vencer juntos dificultades, nos hermana y consolida como cubanos dondequiera que estemos. Hay muchos que no piensan así, que no dan su tiempo, ni tienden su mano si no hay una ganancia material, los mueve el interés personal. Su lado humano quedo del otro lado al cruzar el mar, se negó a exiliarse y quedo allá, entre palmeras y sinsontes, olas y sueños.

Anoche asistí a un concierto especial, diferente, un concierto donde muchos pusieron un granito de arena para ayudar a una amiga. Los comentarios que precedían al concierto lo anunciaban así; seria una noche entre amigos, entre amigos y cómplices. Todos unieron su esfuerzo en dar luz y brillo a una figura de la canción cubana que intenta abrirse camino, a golpe de tesón, fuerza, voz y unas ganas inmensas de hacer, de este lado del mar.

No podré definir exactamente la presentación de María Antonieta en Alfaro’s como un concierto oficial o una reunión de amigos en una sala a compartir arte y afecto. La naturalidad y desenfado de María Antonieta, su gracia criolla, su picardía, su derroche de cubanìa, transformo el local y a nosotros que cedimos a su embrujo, convirtiendo la noche en fiesta y tertulia de amigos, mas allá de guiones y ensayos.

Recién llegar a un país, decidirse a emigrar, volver a empezar cada día, no es fácil, todos lo sabemos. Por suerte María Antonieta ha sabido cultivar amistades y afectos, darse a querer y sus amigos le devuelven ese cariño, le dan la mano necesaria para ayudarla a ocupar el sitio que su arte y talento merecen. Durante el concierto agradeció a los que la han ayudado, desde los músicos que no le cobraron los arreglos musicales, hasta los amigos que la ayudaron a vestir y a lucir aún más bella, los productores y directores, a los presentes por su apoyo, a todos por su aliento.

Reconforta saber que uniéndonos podemos salir adelante, ser mejores y mejorar el entorno. Recuerdo las versiones de María Antonieta, en especial la de “Accidente” de Tony Pinelli, que obligo al público a ovacionarla de pie. Miro las fotos que tome y la recuerdo bella y vital, desbordando el escenario, agrandando y transformando el local a su influjo, convirtiéndolo en sala de casa, teatro, Stadium. También y de un modo especial, recordare a todos los que la apoyaron en este concierto, sin esperar nada material a cambio, solo su afecto y cariño, por el disfrute sincero de hacer el bien, de ayudar a uno de nosotros.

Sin dudas, un concierto diferente, donde sus amigos, junto a ella, la ayudaron a alcanzar la nota mas alta, la que da saberse querida, admirada y apoyada. Continuara luchando por imponerse en el difícil mundo del arte en nuestra ciudad, sin temores ni miedos, como una leona dulce y cariñosa, cabalgando segura en los hombros de amigos y admiradores.

Advertisements

La vieja y la cafetera.

Se acostumbro a colar café temprano en la mañana, cuando llegaba una visita, a cualquier hora del día. Siempre encontraba un pretexto para colar café; un café delicioso, exquisito, casi mágico. Todos tomaban su café y el día les cambiaba, les daba ánimos. Su forma especial de hacerlo, las proporciones que utilizaba, algún hechizo secreto, hacían a su café, especial, casi como una droga; se olvidaban penas, angustias. Su café, poco a poco, se fue haciendo necesario.

Un día, después de colar, quiso fregar la cafetera, dejarla descansar en la cocina, esperando por la  próxima colada, algo extraño sucedió; no pudo separarla de sus manos nunca más. Solo podía separarse de ella, en el momento exacto de colar café, después volvían a unirse, la cafetera y sus manos, en un todo indivisible e inexplicable.

Pasaron los años, muchos años, la vieja de la cafetera que coló café para hijos y nietos, seguía haciéndolo. Ahora, colaba café para los hijos de sus nietos y los hijos de los nietos de sus nietos. Su café, especial y mágico, ayudaba a la familia y a todo el pueblo, a seguir unidos, a vencer dificultades y obstáculos. Vieja, descansa, cuando cueles, no vuelvas a tocar la cafetera, le decían vecinos y familiares, debe ser incomodo, tantos años, con esa cafetera entre las manos. No puedo, decía en un susurro, mientras preparaba la próxima colada.

La vieja del café especial, se convirtió en leyenda. Su café, probado por generaciones, era parte de la historia del pueblo. Un día, una muchacha del pueblo, le contó a  un periodista extranjero; mi abuela, antes de morir, me dijo: no dejes de tomar el café de la vieja, ayuda a mantener viva la esperanza!

Pasaron los años, los primeros en tomar el café de la vieja, hacia tiempo habían muerto, otros tomaban ahora su café. La vieja y su cafetera inseparable, fueron propuestas como monumento nacional. Que vieja, que cafetera, que café especial? Dijeron en las altas esferas del gobierno. Cuentos de camino, esa vieja hace muchos años murió, más de 50. Que no se hable mas de la vieja y su maldito café, se escucho una voz tronante y poderosa desde el lugar más alto de la casa de gobierno. La vieja, desconociendo su muerte decretada, seguía colando su café y abrazando la cafetera entre sus manos, mientras esperaba la próxima colada.

Un día, el cielo amaneció diferente, un azul intenso, especial, iluminado por un sol de fuego, despertó a todos temprano. Vamos, tenemos que votar, se decían unos a otros, le avisamos a la vieja? Preguntaron los vecinos, claro, no podrá votar por seguir unida a su cafetera, pero hay que avisarle, tiene derecho a saberlo. La vieja, llego con la cafetera entre sus manos, al colegio electoral. No podrás votar con esa cafetera en las manos, le dijeron los miembros de la junta electoral, no se inmuto; acompáñeme con la boleta hasta la cabina y déjenme sola. Cuando estuvo a solas en la cabina, dejo a un lado la cafetera y entre los  cuatro candidatos eligio al que sabía que seria el mejor, no había vivido tanto tiempo por gusto. Una cruz enorme, color café, aseguraba su elección. Cogió su cafetera, salio, llego a su casa, dejo la cafetera en la cocina, se sentó en el sillón inmenso de la sala, cerro los ojos, descanso de una vez y para siempre, ahora que ya no la necesitaban para mantener viva la esperanza!

Fotografia de Yohandry Leyva.