Matrimonio gay=igualdad de derechos.

igualdad, fotografia tomada de Google.
Leo noticias sobre el matrimonio gay, sobre los pros y los contras. Mientras iglesias se indignan, otros aplauden, algunos se hacen los sordos y no opinan. En estos días mientras estaba en cama por una gripe inoportuna, comencé a elaborar en mi mente mi opinión sobre el matrimonio gay y la igualdad de derechos.

No soy de los que creen que el matrimonio sea una institución sagrada y mucho menos que la firma de un papel, consolide o fortifique en algún modo el amor entre dos. He vivido y créanme, muy de cerca, bodas esplendorosas, novias vestidas de blanco, glamorosas, lunas de miel idílicas. Después he visto a las esposas abandonadas con pocos meses de embarazo, mientras el flamante esposo corría tras otra mujer. Por eso y por muchas razones más, no estoy a favor del matrimonio, visto como expresión de amor; si estoy a favor del matrimonio como vehiculo legal que permite a quienes se unen determinados derechos legales. Derechos que las uniones gays no tienen. Voy a contarles una historia real, no voy a adornarla, ni a pintarla de rosa y darle un final feliz, lo prometo.

Tengo un amigo que cumplirá 70 este año, hace aproximadamente 2 años, su amigo, su pareja por 48 años falleció. Para durar todo ese tiempo juntos, no tuvieron que firmar un papel, nadie tuvo que declararlos esposo y esposo. Su historia, es una historia de amor mutuo y respeto, comprensión y cariño. Tuve el honor de conocer a su pareja, un caballero en el sentido exacto de la palabra. Capaz de fajarse a dentelladas con la vida y regresar a casa con una flor para su amor. Se conocieron cuando mi amigo tenía 20 años y era muy popular en la vida nocturna habanera, le gustaba cantar y actuar. Estoy seguro que hubiera terminado triunfando en esas noches habaneras que tanto amaba, si no hubiera dejado todo por ir tras su amor. Conocerlo, cambio su vida para siempre; cambio la vida de ambos, para bien. El amor, les regalo una nueva vida.

Juntos se enfrentaron a la vida, compartieron lo mucho y lo poco, lo bueno y lo malo. Juntos se enfrentaron a la muerte en una larga y desigual batalla, lucharon con todo por ganarla. La pareja de mi amigo se aferro a la vida con uñas y dientes, no quería irse y dejar a su amigo solo, al final la muerte gano la batalla, solo ella pudo separarlos. Mi amigo lo cuido con devoción y amor hasta el último minuto, cerró sus ojos. Cuando se conocieron y se amaron no hizo falta que nadie los bendijera y dijera; hasta que la muerte los separe, ambos sabían que solo la muerte pondría fin a esa unión.

A pesar que mi amigo fue nombrado heredero universal de su pareja en el testamento y albacea de todos sus bienes. Aún esta inmerso en la batalla legal por la herencia. El mismo abogado le dijo a mi amigo; que fácil seria todo si la ley los reconociera a ustedes como pareja.

Así de sencillo, para la ley casi 50 años de unión no significan nada. Si alguien se casa y a los 2 meses sucede algo, el otro conyugue tiene todos los derechos, así de complejo y contradictorio.

No creo que firmar un papel sea necesario para amarse, pero si lo es para evitar problemas y complicaciones en momentos difíciles; para tener igualdad de derechos.

El punto no es hombre y mujer u hombre y hombre o mujer y mujer, el punto es respeto mutuo, igualdad de derechos. Aunque el papa se escandalice y pastores lo llamen barbaridad o monstruosidad. Lo monstruoso, lo bárbaro, es no reconocer los derechos que da el amor, por eso, si estoy a favor del matrimonio gay y de la igualdad de derechos. Creo que muchos de ustedes, después de leer la historia de amor de mis amigos, coincidirán conmigo. Se que desde el cielo, adonde lo escoltaron sus santos y sus acciones, la pareja de mi amigo leerá este escrito, lo disfrutará y dirá; ¡Si al matrimonio gay!

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¡Freddy! o Fredesvinda Garcia Valdés.

freddy, tomada de la pagina de Marvin Jui-Perez

Hasta una canción de Freddy, la enorme Freddy, en el sentido metafórico y exacto de la palabra, me llevo la voz de Elena Burke. La señora sentimiento, desde la gloria, propicio este encuentro. Fue un regalo de navidad adelantado. Escuchando a Elena, descubrí un video con una voz que no parecía terrenal, como si desde otra galaxia alguien cantara para mí.

Me habían hablado de ella antes, un amigo que desde muy joven vivió intensamente la vida nocturna de nuestra ciudad, la recuerda de un modo especial. Una noche conversando sobre mil cosas,  entre ellas, por supuesto, La Habana, la mencionó y la trajo desde sus memorias.

– Nunca has oído a Freddy? Una gorda enorme, con una voz ante la que nadie podía resistirse, cuando la escuches, me darás la razón. No hay adjetivos para describirla.

Sus palabras fueron proféticas, desde hoy en la mañana, estoy atrapado en esa extraordinaria voz de contralto. La escucho y me parece la voz de mi ciudad, desgarradora y única.

Al escucharla por vez primera, lamente no tener un video, o una mala película para poder ver el espectáculo de esa mujer cantando. De ese “hipopótamo en puntas“, como la llamo Cabrera Infante. Su voz hizo el milagro, a la tercera o cuarta vez que la escuchaba, ya la tenia aquí, en mi cuarto; cantando para mi. Balanceándose en medio de la habitación, con un trago en la mano, entregada a la canción, poseyéndola en éxtasis.

Me la imagino conversando conmigo, riéndose, diciéndome; tu siempre luchando por estar en forma, midiendo calorías y grasas y yo; un monumento andante al colesterol y triglicéridos, terminaron matándome, lo sabes. ¿Como puedes admirarme, dejarte seducir por mí? Es tu voz Freddy, ¡Tu voz! Una voz que no sale de tu garganta, brota de tus entrañas, atrapa corazones y sentimientos. Créeme, no es una voz humana. Cantar así, no se vale, es hacer trampas, juegas con ventaja, sabiéndote inevitable, recurrente, todo un embrujo.

Freddy, la invito a sentarse, ríe, ¡Unicamente en la cama y no se si me aguantaría! Reímos juntos. Me mira, se sienta en la cama que amenaza romperse y me dice; no me quedare mucho tiempo, eres capaz de ponerme a dieta y hacerme correr en la estera, te conozco.

En mi cuarto mientras miro fotos de La Habana, canta para mí. A capella, como en sus inicios que no permitía acompañamientos de guitarra o piano, de pronto interrumpe su canción; sabes, es mejor si vamos hasta el bar Celeste, en esa Habana que tú y yo amamos tanto. Me toma de la mano, viajamos en el tiempo y el espacio. Llegamos justo unos minutos antes de que alguien apague la victrola o vitrola como decimos y diremos siempre nosotros en buen cubano. Una luz de eternidad envuelve a Freddy, que recrea canciones, sabiéndose estrella, en la noche y el día, de la gloria y nuestra música.  Visitar La Habana de fines de los 50s, es un sueño hecho realidad, aunque no pueda salir del bar y estar solo unos minutos. Pido un trago, para disfrutarla a plenitud, tengo que tener algo de alcohol en las venas, me recuesto a la barra y la contemplo y disfruto mientras su voz, convoca lo mejor de mis recuerdos y el arte.

Termina de cantar, viene hacia mí; vamos, ya es hora. Estoy de nuevo en mi cuarto, escuchando por enésima vez, una voz eterna y terminando un escrito. Concluirlo, publicarlo es más que un homenaje, especie de exorcismo necesario a una gorda genial que junto a las grandes, sigue cantando en la eternidad.

Fotografia tomada de la pagina de Marvin Jui-Perez.