Homenaje a la música, al talento y la constancia, ¡Bravo Meme Solís!

El Miami Dade County Auditorium, resultó pequeño para reunir a amigos y admiradores de una de las figuras cumbre de la musica cubana. Sus 60 años en el arte, en la historia de nuestra cultura, fue una fiesta de arcoiris y girasoles en la noche de Miami; un traerse a La Habana en un bolsillo y soltarla, coqueta y feliz, en el escenario

Meme orfebre de voces y notas, Rey Midas del arte y la cubania, se las ingenió para revivir en nuevas voces su cuarteto inolvidable; Los Memes renacieron una y otra vez en escena. Los recuerdos, la memoria colectiva de una generación, de un pueblo, se hacían voz e imagen en escena,¡arte! De todas partes llegaron amigos fieles que unían voces y empeño, para hacer de los 60 años de vida artística de Meme Solís, un homenaje a la amistad, a la música cubana, a la creación y al empeño. Cantantes de lujo, de esos que cantan y encantan, una bailarina hermosa y cubanísima que hace burlas a almanaques y años; un elenco todos estrellas que dijeron si, a la invitación y al amigo.

Mencionarlos, es un pase de lista de lo mejor de nuestro arte, todos ocupan un lugar especial por derecho propio. No sobró, ni faltó nada al espectáculo. Solo quedan las ganas inmensas que se repita para deleite de públicos y pueblos.

Los que tuvimos la suerte de asistir al triunfo de Los Memes en Cuba, la noche del sábado 19 de octubre, nos compensó de ausencias, nos limpió del mal sabor de prohibiciones absurdas, de zancadillas al arte; de mediocridades y falsos profetas. Allá en el olvido, quedaban los que pretendieron borrarlo, él sigue triunfando y haciendo, dando brillo y realce a nuestra música, a nuestra cultura. Inmenso e invencible, artífice de arte y esfuerzos, maestro del saber hacer y hacerlo bien, valiente y firme, dispuesto a no dejarse vencer. Ave fénix de nuevo tipo que se reinventa y recrea en su música y su valor; Meme Solis.

De nuevo Rosita en escena, como tantas veces, reviviendo sus mejores momentos junto a Meme. Si no la hubiera abrazado y besado, tantas veces, pensaría que es inmaterial, que esta hecha de polvo de estrellas, sueños, girasoles y rosas, de eternidades.

Que extraña emoción ver y escuchar a Meme y Rosita cantando juntos; a pesar de ostracismo, prohibiciones, a pesar de intentos y de años. Cuba se hacía una en escena, dos orillas se unían, el ayer se hizo presente y anunció futuros. Recordé La Fornes tridimensional, en el teatro inmenso de La Habana, Rosa en su esplendor convocaba y estremecía a La Habana. El nombre de Meme, no podía ni mencionarse, vaporizado, como si quisieran borrarlo para siempre. Rosita cantó en su espectáculo, “Sin un reproche” , cuando presentó el número, como un estreno, miró al público, retadora y hermosa y dijo: un número de José Manuel Solís . Los presentes captaron el mensaje y aplaudieron a la artista y a la amiga fiel.

Momentos que bastaban para dar luz e historia al espectáculo, abundaron, diría que todos, sin excepción, fueron especiales, dignos de repetirse una y otra vez. Mencionarlos todos haría interminable mi escrito, agotaría adjetivos y emociones. Todos estuvieron a la altura del intento y del logro.

Lo he dicho antes; el arte logra lo que la política niega. El arte vence decretos, prohibiciones y extremistas, se hace canción, verso y acción y une a un pueblo disperso por el mundo.

Gracias Meme, por existir, por ser y hacer. Gracias por tu arte y empeño, por no darte nunca por vencido; por regalarnos, una vez más, ¡otro amanecer!

Aclaración necesaria: el sábado trabajé hasta las 11:30 pm, no pude asistir al teatro. Agradezco a mis amigos que compartieron videos y me permitieron seguir el espectáculo. Gracias a ellos estuve en el teatro y sumé aplausos y bravos.

Fotografías tomadas de las páginas de Facebook de amigos incapaces de enojarse por el “robo”.

Un amor entre silencios y gestos.

Ileana y Raúl se conocieron en las redes sociales. Un dia ella recibió su solicitud de amistad y enseguida lo aceptó, no tenían amigos en común, pero le gustaron sus fotos, era muy atractivo y parecía un buen hombre, sus ojos dejaban adivinar un alma hermosa. Estuvieron días intercambiando mensajes, darse los buenos días, preguntarse cómo estaban, se fue haciendo habitual. Un día él le dijo que tenía que decirle algo importante, que no podía seguir posponiendolo. Ileana se asustó, él le hizo una video llamada, ella no podía escucharlo le dijo:

-Dejate de juegos y dime qué es lo que pasa, nunca hemos hablado y te pones ahora con esos jueguitos

– Soy discapacitado, soy sordomudo, es lo que quería decirte, escribió Raúl.

Ella se encogió de la pena, de su falta de tacto, sólo atinó a escribirle: de todos modos debemos conocernos.

Cuando llegó a su casa llamó a su amigo Jose, le contó todo. Su amigo le preguntó: ¿acaso los sordomudos no tienen derecho a amar? Te voy a enviar un video de 2 chicos que se conocen y uno es sordomudo, le habla al otro por señas, el otro chico no entiende nada, pero le dice: sólo te digo que si a todo, creo que debes verlo.

Ileana se quedó pensando, llevaba tiempo sin amar, sola, su última relación fue desastrosa, se cansó de peleas y gritos y un buen dia le recogió todas sus cosas a su ex. Cuando él le preguntó qué pasaba, ella respondio: que te vas Mario, te vas pal carajo. Hacía un año que no tenía relaciones, se sentía bien así, de pronto llega Raúl y su mundo se estremece y las mariposas se posan en su estómago.

Ileana le envió un mensaje a Raúl, fue breve: te espero esta noche en el Starbucks de la 49, en Hialeah. Debemos conocernos, a veces un abrazo dice más que mil palabras.

Ileana llegó nerviosa, se bajó del auto, allí en una de las mesas exteriores, la esperaba Raúl. En persona era aún más atractivo, él extendió la mano para saludarla, ella lo abrazó con más fuerza y deseo que mil palabras de amor. La miró a los ojos, se besaron, no hizo falta más para sellar uniones ni atar destinos. Pidieron un café y se sentaron a mirarse, a beberse el uno al otro. El le envió un mensaje: nunca podré decirte al oído que te quiero. Ella le respondio: tu corazón es capaz de decírselo al mío. Ella le envió el video que su amigo Jose le había enviado, con un mensaje; quiero aprender a amarte.

Ileana y Raúl se mudaron juntos al mes, ella comenzó a estudiar el lenguaje de señas para comunicarse mejor, él aprendió a decirle te amo con solo mirarla.

Ileana estaba feliz, muy feliz. Desde que se fue de Cuba y dejó a su madre esperándola, no había sido tan feliz. Decidió que ya era hora de contarle de Raúl, de prepararla para cuando se encontraran. Esa tarde la llamó .

-Mami, quiero contarte algo de Raúl que no te he dicho.

– No me asustes Lily, por Dios que ese muchacho parece muy bueno. Nunca hemos hablado, no sé porque no ha querido hacerlo, pero de que es bueno, estoy segura; una madre no se equivoca.

-Mami, Raúl es sordomudo, es discapacitado.

Nena, estuvo unos minutos en silencio.

-Mi hija, él no es discapacitado, es solo sordomudo, en este mundo tan difícil en que vivimos, la única discapacidad que yo conozco es no saber amar. No creo que por eso te niegues a un amor que puede cambiar tu vida para siempre. Sabes qué, preparen viaje pronto y vengan a verme, quiero conocerlo y abrazarlo, quiero verlos juntos y tener nietos y que cuando me llegue la hora, irme tranquila. Porque para amar y ser buena persona, no hacen falta palabras mi hija.

-Gracias mami, sólo me faltaba saber qué pensabas tú. Lo amo mami, lo amo, un abrazo de él vale por todas las palabras del mundo. Es un amor diferente, entre silencios y gestos, pero con la fuerza de un huracán.

– Pues Palante mi hijita, no te niegues al amor, déjate llevar y se feliz.

– Gracias mami, te amo, un besote.

Cuando Raúl llegó del trabajo, Ileana lo espero con un cartel inmenso en la sala.

¡Si a todo, mi amor!

Fotografía tomada de Google

Mis amigos y yo.

Mis amigos no están clasificados, no son de un grupo u otro.
No les pregunto jamás si son trumpistas, o si aún suspiran por Obama y añoran 8 años sin verguenzas.
Ellos, mis amigos, son todos gente buena, pueden o no ser medios locos, tal vez completamente locos.
Saben, los cuerdos no me gustan, suelen ser aburridos, repetitivos.
Mis amigos no son de un bando u otro, porque en medio del pecho reina un sólo bando, el de los justos, de los que aman y ayudan, de los que dan sin esperar respuesta.
Mis amigos, cuando deciden abrazarme, pierden políticos abjetivos, son sólo humanos. No me avergüenzo de ninguno, aunque en política pensemos diferentes, no discutimos.
Ellos nunca podrían convencerme que el color naranja iría bien con mi tono de piel, yo no pretendo pintarlos de azul, ni imponer criterios, nos respetamos.
Mis amigos y yo, muy bien sabemos que el fanatismos nubla mentes y criterios, pensamos en grande, aunque apostemos a lados distintos de la historia.
Mis amigos pueden estar equivocados, yo también podría equivocarme un día o dos. No pretendemos corregirnos, no nos insultamos, no nos llamamos mutuamente comemierdas.
Mis amigos y yo, por mucho tiempo, hemos aprendido a amar y a respetar, la mano que se extiende para dar, es sólo humana.
Dios no militó en partidos, no dividió.
Mis amigos y yo, somos amigos y eso importa más y basta en el abrazo.