Un café con sabor a amistad.

Allá en un triste barrio habanero donde no llegan turistas, donde llegan apenas consignas y discursos, vive Luisa. Ella cuida con amor y devoción de su esposo enfermo, sin descuidar a su hijo y su vida. Profesional exitosa con títulos y logros, sobrevive con un miserable retiro que se evapora a los días de recibido.

Luisa no pierde la sonrisa, ni los sueños, se niega a cancelar proyectos e intentos, no se da por vencida y cada mañana se maquilla la esperanza, le dice a la vida: ¡voy por más!

Un día recibió la llamada de un amigo de sus años de juventud; ellos se mantenían en contacto, se abrazaban en la distancia y los recuerdos.

– Luisa, te voy a mandar 2 paquetes de café con un amigo del trabajo que se va mañana, espero lo disfrutes.

– ¡Tú estas loco Pepe! No hagas gastos, con lo que nos mandaste por Navidad es más que suficiente, con tu cariño basta.

– Deja la guanajera que un poco de café bueno, siempre viene bien. Cuando tomes el café, recuerdame, nuestra amistad es a prueba de años y distancias, invencible.

– Eso es verdad mi hermano, te quiero mucho.

– Un beso Luisa, hablamos cuando recibas el café, te quiero mucho.

Luisa no le dijo a Pepe que tomaría el café amargo, no tenía azúcar, pero ella era incapaz de pedirle nada. Pepe llamó a su buena amiga Rosa para contarle que le iba a mandar a Luisa 2 paquetes de café Bustelo y que le iba a dar la sorpresa de mandarle un dinerito, Rosa se alegró, con esa alegría de los buenos ante un acto de amor, le dijo a Pepe.

– Si puedes ponle aunque sea 5 o 6 sobrecitos de azúcar, pídelos en una cafetería del aeropuerto, que al menos la primera taza de café pueda tomársela dulce.

Pepe no podía creer que no hubiera azúcar en el país que una vez fue el primer exportador de azúcar del mundo, recordó aquello de los 10 millones van y una sonrisa amarga se dibujó en su rostro. Fue a La Carreta y le pidió a la cajera unos sobrecitos de azúcar, le dio 4 o 5, ¿me podrías dar 10? Insistió y le explicó sus razones. A la cajera se le humedecieron los ojos, cogio un cartuchito y lo llenó con sobrecitos de azúcar.

– Toma para tu amiga, le dijo en acto de complicidad y amor.

Pepe le dejó a su amigo sobre el buró de trabajo, los paquetes de café y el cartuchito con los sobres de azúcar.

Esa noche durmió feliz, cuando uno hace el bien y ayuda sin más intención que ese placer que proporciona el acto, el pecho se ensancha y los sentimientos se visten de fiesta; uno crece.

Luisa envío a su hijo a recoger el café. A su regreso se sorprendió con el azúcar y con el dinero que aunque no era mucho, lograría aliviar miserias y escaseces. Luisa lloró de alegría, de emoción, de saberse querida y apoyada. En ocasiones con muy poco material podemos hacer grandes actos de amor. Luisa no pudo evitar llorar. Su amigo le había pedido una foto tomando su café, se secó las lágrimas, puso la cafetera, coló su café, le dio a su esposo y se sentó a saborear ese café que con su aroma iluminaba su humilde casita del Cerro. Llamó a su amigo.

– Pepe, mil gracias, este café tiene un sabor especial, no es el azúcar o el café Bustelo, tiene algo diferente, tiene sabor a amistad, a cariño del bueno, te quiero mi hermano.

Del otro lado del teléfono Pepe se quedo callado, pensativo, un café con sabor a amistad, que buen titulo para una historia.

Es invierno en La Habana.

Es invierno en La Habana, un invierno amargo; no hay azúcar para endulzar el noescafé .

Juana prepara el desayuno a su hijo, un té de unas hojas que le trajo el viento, un pan de ayer, que guardó con furia y lo escondió en acto de amor desesperado; su hijo estuvo 12 horas de guardia y ella le remoja con lágrimas su pan, pretende dibujarle sonrisas en el alma.

Es invierno en La Habana y la mesa está vacía y la mente llena de quejas retenidas y protestas guardadas, hay gritos atravesados entre el pecho y la garganta que el miedo no logra detenerlos.

Es invierno en La Habana y hay frío en hospitales, hay 8 cadáveres que esperan sepultura, 8 madres con los brazos vacíos y los pechos secos, 8 niños que nunca pudieron ser,andar, jugar, vivir, quedaron en el intento; faltan más de 8 cartas de renuncia, falta gente con vergüenza asumiendo su culpa, falta un viento fuerte que limpie la ciudad y derribe falsos ídolos.

Es invierno en la Habana y patrocinar se conjuga en todos los tiempos y personas, una estampida gigantesca estremece la ciudad, la Isla; el Morro defiende su luz, quiere guiar un día el regreso de muchos.

Es invierno en la Habana y un pueblo espera un ardiente verano que derrita barrotes y consignas, que dinamite miedos y recelos, que borre discursos obsoletos un eterno verano que llevan décadas soñando, ¡un verano señor, no lo demores!

Fotografía tomada de Google.

Me fui.

Me fui, cansado de noches sin luz, de te toca o no hay, ponte en fila, callate; me cansé del hambre de pan y libertad y me fui.

Me cansé de tragarme palabras y discursos, de inventar aplausos y llorar por dentro.

Me fui, obstinado de mentiras, de promesas falsas, de metas imposibles y sueños rotos.

Me inventé alas una tarde de abril y alcé vuelo, tan alto que el vértigo murió.

Me fui y me di luz y hablé alto, sin trabas, ni miradas amenazantes, no hubo más no hay, no te toca, ni discursos y promesas, saboreé libertades y estrené derechos .

Marqué, para siempre, en la fila del futuro y las conquistas y con Cuba en el alma y un puñao de tierra en mi pecho me armé de sueños y de fuerzas.

Me fui y algo mío quedó allá al sur, preparando el camino del regreso, aguardandome.

Fotografía de una obra del pintor cubano radicado en Miami, Feliz Gonzalez Sanchez.

¡Hasta siempre Pablito!

Pablito no se ha ido, su breve espacio se ha hecho inmenso, inmortal, habita en la gloria; junto a los grandes de nuestra música, comparte sitio y permanencia. Para vivir entre nosotros, más allá de la muerte, bastan sus canciones para anclarlo por siempre a recuerdos y acciones.

Pablito es símbolo de cubania, de amor por Cuba, esa Isla que amó entrañablemente y que entre olas y canciones lo hizo suyo. Tipo sencillo, siempre dispuesto a ayudar, a hacer sin pretensiones, a dar su mano y su arte; ese es su legado, su arte, sus canciones, su darse en cada gesto. Uno es como es y él es de los buenos.

Se fue con la paz y la certeza del que supo ponerse del mejor lado de la historia. No le alcanzan el odio, ni ofensas de algunos.

Sé que mis palabras me traerán algún que otro improperio, pero como tú dijiste: del presente que me importa la gente, si es que siempre van a hablar; al final llenas el espacio con tu luz y esa luz es lo que importa.

Unámonos en este hasta siempre a Pablito, no somos Dios, no nos equivoquemos otra vez.

Déjanos despedirte con tus versos en el fuerte futuro que nos aguarda y volver a repetirte que te queremos, porque y esto lo sabes, este pueblo te quiere y se aferra a tus canciones que es abrazarse a ti en cierto modo.

Esto no puede ser no más que una despedida, quisiera fuera un inmenso hasta siempre, eternamente Pablito.

Fotografía tomada de Google.

¡Felicidades mi Habana!

Sabes que me llevas atado en los vuelos de tu bata cubana, que siempre estas aquí, en mi pecho, compartiendo sitio junto a mi recuerdo mayor. Te celebro cumpleaños en silencio, sin alardes, como celebran los hijos los años de sus madres. Camino tus calles en mi memoria, mi madre me acompaña, reímos juntos; a tu influjo y magia todo es posible.

Te amo mi ciudad de siempre y te sueño en el futuro, sin absurdos discursos, sin consignas; iluminada, para siempre, con la gloria y el esfuerzo de tus hijos.

Lo que se llevaron los vientos de Ian.

Hoy no pensaba escribir, pensé tomarme el domingo como un descanso total, mis amigos más antiguos, no por viejos, sino por los años que hace nos conocemos, me pidieron escribiera algo sobre Ian, ese terrible huracán que golpeo con furia el occidente de Cuba y el centro de la Florida. Les aclaré que me dejaría llevar por las musas, que no me pondría trabas, hágase la voluntad de las musas y no la mía.

Acá en la Florida las pérdidas han sido enormes, es el huracán que más pérdidas ha causado en daños materiales, la cifra en números redondos, supera la de los huracanes anteriores. El gobierno federal aprobó ayuda de inmediato, sin tener en cuenta si el estado era azul o rojo, demostrando que este gobierno es de todos, no sólo de los que votaron por él. Poco a poco la gente se recuperará y aunque el momento actual espanta, no faltarán ayuda oportuna, prestamos, créditos; duelen los muertos que estoy seguro serán numerosos y que en muchos casos si se hubieran evacuado, se hubieran podido evitar, pero siempre abundan los cabezones que se creen que se las saben todos y exponen sus vidas y la de sus familiares. Mientras el huracán azotaba estuve en contacto con una amiga que vive en Cape Coral y sus mensajes me espantaban, después supe que los daños no pasaron de un techo que voló y otras pérdidas materiales, por suerte todos están bien, seguros que pronto todo volverá a la normalidad. El norte se recupera poco a poco, se sacude el agua y apuesta al futuro.

Allá al sur, donde habitan mis memorias, mis fantasmas, Ian se ensañó con furia, destruyó casas, cosechas, tendidos eléctricos, como decimos nosotros: les dio con todo. Inundaciones y un viento fuerte que no perdonó miserias, ni angustias.

Allá, al sur, Ian se llevó algo más que techos, casas, cosechas, postes del tendido eléctrico, Ian se llevó el miedo, el temor a reclamar derechos, a gritar basta, a decidirse a ser parte de la historia, a elegir rumbos y caminos. Que un gobierno tiene que cumplir su función interna y garantizar pan y paz a su pueblo, ¡coño! que la gente se cansa y aburre de promesas y consignas; que la mayor consigna es el derecho a la vida, a una vida digna en el sentido exacto de la palabra, que no reclaman lujos, piden lo esencial para poder vivir y no morir en el intento.

La gente tiene todo el derecho a expresarse, a reclamar derechos, Ian se llevó el miedo, barrió con él, lo hundió en el fondo de esa mar profundo y azul que nos rodea. Entendieron que no tienen nada que perder, solo prohibiciones, miserias, angustias, que de la potencia médica solo queda el recuerdo, que lo que una vez se exhibía con orgullo hoy da vergüenza y dolor, que el viento se llevó miedos y vendas en los ojos y un pueblo mira de frente su estado actual y se niega a continuar así. Que la patria prometida es “para todos y para el bien de todos”, no solo para un grupo que disfruta del poder y sus ventajas. El pueblo tiene hambre de pan y libertades y va por ellas, no lo duden.

Algunas tormentas llegan para limpiar el camino, para llevarse miedos y poner un pueblo de pie, hay vientos capaces de llevarse miedos, abulias, estremecen cimientos y anuncian amaneceres; algo bueno dejó la tormenta; un pueblo de pie reclamando derechos, que se niega a ponerse de rodillas. Allá al sur, un pueblo se sacude cadenas y apuesta al futuro.

Mujeres de la 6ta década.

Tengo una amiga que vive y disfruta sus 60s, una edad en que para algunos ya se es viejo y para otros solo un número que no les impide vivir a tope, disfrutando sueños y recuerdos por igual. Un día ella me pidió que escribiera algo sobre esas mujeres que en sus 60s, pisan fuerte y seguro, sin miedo al futuro, seguras de sí, que acarician sus recuerdos y sueñan a tope dispuestas a no darse por vencidas, a no tirar la toalla nunca.

En este grupo maravilloso de mujeres en sus 60s militan profesionales para los que no existen la palabra retiro, mujeres que se niegan a mecerse en un sillón, esperando el final, para ellas la vida aún les guarda sueños por realizar, conquistas y luchas; para ellas la palabra envejecer no existe y lo demuestran en el día a día de sus vidas.

Tengo otra amiga que en sus 60s vive y disfruta un romance, algunos la critican, yo la aplaudo y aliento; la sexualidad y el amor no tienen fecha de caducidad. Mientras estemos vivos, mientras tengamos fuerzas y ganas siempre hay espacio para el amor y el sexo. En esta etapa de la vida se es más directo, no se desperdician tiempo, ni oportunidades; se vive a tope el momento, se disfrutan los regalos de la vida.

La vida siempre dispone sorpresas y sueños en nuestra ruta, en este andar sin miedos, ni remilgos. Como dice una canción: ¡la vida es siempre mucho mas!

Mi amiga mientras escuchaba la canción de Arjona, Mujer de la 4ta década, me escribió, me dijo: Jose , escríbenos algo, nosotras nos lo merecemos. Por supuesto que la belleza, las ganas y la fuerza habitan en la 6ta década, si lo dudan, pregúntenle a una mujer de la 6ta década, pero disponga de tiempo para dejarse deslumbrar por sus palabras, estas mujeres rompen moldes, dinamitan esquemas, tienen mucho que recordar y mucho aún por vivir, aportan un nuevo concepto de la belleza; ¡viven a tope!

Bravo por estas señoras de la 6ta década.

Fotografía tomada de Google.

Nosotros, recuerdos, sueños y tolerancia.

Los recuerdos, esos fantasmas que habitan en rincones ocultos y basta un hecho, una palabra, para que estallen y entonces esos momentos que creíamos olvidados definitivamente, se vuelven torbellino, tormenta.

Tengo la suerte que un grupo de amigos del preuniversitario hicieran un grupo y decidieran invitarme a ser parte de él. Les confieso que a algunos no los recuerdo y eso que presumo de una memoria fotográfica, pero todos, al final, me recuerdan esa deliciosa etapa de nuestras vidas en que el futuro es, prácticamente, ¡toda la vida!

Este grupo, heterogéneo, borra diferencias y años y volvemos a ser adolescentes cargados de sueños y ganas. El chat de WhatsApp se mantiene activo todo el día, intercambiamos chistes, experiencias, nos damos los buenos días y las buenas noches; es una especie de gimnasia espiritual; mientras estamos en el chat somos unos muchachitos haciendo travesuras y burlándose de años y penas.

Recientemente, se incorporaron al grupo 3 muchachas, siempre seremos muchachos, muy cercanas a mi en esa etapa del pre, les confieso que su entrada al grupo no fue una tormenta, fue un huracán categoría 5 de recuerdos; imagínense que hasta recordé a mi maestra de 3er grado, Olvido Parra Muñoz, un angel donde quiera que esté. Recordé caminatas desde la colina universitaria hasta el municipio Playa, grupo de estudios, risas, buenos ratos, idas al cine, almuerzos, un montón de recuerdos que estaban ahí, ocultos, esperando encuentros que los despertaran.

Les confieso que no soy de los más activos en el chat, entre el gym, mi trabajo, escribir y alguna que otra travesura, no tengo mucho tiempo para dedicarle, pero siempre los saludo, leo lo que han escrito, doy opiniones y comparto mis escritos; ellos, amigos fieles, siempre me elogian y sonrojan. ¿Saben lo que es más importante para mi de este grupo? Aparte de revivir recuerdos y hacernos eternamente jóvenes, este chat es una prueba de la tolerancia, del respeto a opiniones ajenas, de compartir como un todo, aunque todos no pensemos igual. Los miembros de este grupo son cubanos dispersos por el mundo , Miami, Barcelona, San José, Madrid y la Habana, entre otras ciudades, comparten tiempo y espacio en este grupo donde nunca se habla de política, yo solo comparto mis escritos que no tocan mis puntos de vista en política, nadie presume de nivel de vida; somos un puñado de manos extendidas, para apretarse fuerte y andar juntos borrando diferencias, lejanias y ausencias.

Dicen que recordar es volver a vivir y nosotros, en ese grupo, revivimos los mejor de nosotros, compartimos sonrisas, pasado, sueños y planes.

Como dice un personaje de uno de mis cuentos: eso somos, recuerdos, solo lo que podemos recordar es lo que hemos vivido. Nosotros agigantamos recuerdos en este andar por el mundo de la mano de amigos y de historias, sumamos sueños y ganas, seguros del andar y del futuro.

La fotografía es la que identifica al grupo, el preuniversitario de Marianao.

Una casa en venta.

La Habana, un barrio cualquiera.

Chela se sienta en el portal y revisa recuerdos y sueños, ella, como muchas más, estaba decidida a irse del país. Nunca antes había pensado en irse, comenzó a planear su salida del país cuando su madre, su ancla a esta tierra, murió. Tuvo que pensarlo mucho, sopesar pros y contras; su hijo del otro lado del mar inclinó definitivamente la balanza, las dificultades actuales también le dieron el empujón que le faltaba para decidirse; abandonar la tierra donde se nació y se ha vivido toda una vida, es difícil, hay que tener valor para mirar al futuro cara a cara y desafiarlo sin miedo.

Tienes que comenzar a vender los muebles y todo lo que tengas de valor le dijeron sus amigos.Chela los miraba y callaba.

Nena, la vecina de enfrente, casi de la familia, la vio sentada en el portal, abrió la reja del jardín, la saludo y se sentó junto a ella, mirándola a los ojos le dijo:

– ¿Cuándo vas a empezar a vender los muebles, los adornos? No puedes esperar hasta el último momento.

-¡Vender estos muebles, estos adornos! No podría, aqui esta la historia de mi vida, entre estos muebles anda el fantasma de mi madre, todos mis recuerdos, mi infancia. Aquí nací y envejecí, prefiero dejarla así intacta hasta el último día. Tengo que recordarla siempre así.

– Dejate de romanticismos, tienes que ser realista, el viaje te cuesta un montón de dinero y tu hijo sólo no puede pagarlo todo, son tú y tu esposo, tienes que ayudarlo con los gastos. Tus recuerdos están contigo y contigo irán donde quiera que vayas. No serás la primera ni la última en dejar atrás casa y recuerdos, piensa en cuanta gente dejó mucho más que tú y emigró a otras tierras y se inventó otra vida. Aterriza Chela que con recuerdos no vas a pagar tu viaje, ponte pa’ esto y deja la guanajera.

Chela la miró a los ojos, sacudió la cabeza.

– Tengo que pensarlo, no es fácil para mi. Mis hermanos se fueron, pero aquí estaba todo intacto esperándolos al regreso, su lugar aquí los aguardaba, venían y era como si nunca se hubieran ido, todo volvía a ser como antes, yo no Nena, cuando me vaya no tendré adónde volver; una vida no cabe en una maleta. Vender todo es difícil ¿y la casa? ¿Cómo le propongo a alguien la venta? Tendría que decir: se vende una casa llena de recuerdos y fantasmas, con risas y lágrimas, cansada de adioses y regresos, si se queda con todos los recuerdos y promete cuidarlos, alimentarlos, podría hacerle una rebaja, en cada habitación hay historias que cobran vida cada noche. Si me preguntaran el motivo de la venta tendría que decir: no nos queda ni una esperanza y voy en busca de ellas, me cansé de promesas y consignas y quiero mirar al futuro sin espanto, me cansé de familias dispersas por el mundo, prohibiciones, miserias y angustias, quiero luz, pero no solo la que ilumina una casa, quiero la que ilumina rutas y sueños; me voy, pero dejo mis fantasmas cuidando recuerdos y regresos; me voy a vivir y eso justifica todo.

– Pues no lo pienses más y a poner todo en venta, como dice la gente: aprieta el culo y dale a los pedales. Una vida no cabe en una maleta, pero en un corazón caben todos los recuerdos.

Chela se quedo sola, caminó por la casa acariciando objetos y recuerdos, las lágrimas recorrían su rostro y el dolor apretaba su pecho. Entró al cuarto de su madre, acarició la cómoda, las fotos sobre el espejo, el escaparate, se acostó en su cama, sintió sus brazos y su aliento, sus lágrimas se detuvieron. Continuó recorriendo la casa, ya no estaba sola, una sombra dulce, cálida, la acompañaba. Llegó al cuarto del fondo, escuchó las risas de sus hermanos, sus voces contando historias. Abrió la ventana que da al patio y el sol la envolvió, una voz dulce le susurró al oído, no temas, yo estaré allá con ustedes y aquí con los recuerdos, vete tranquila.

Chela se volvió buscando a quien le hablaba, miró el cuarto vacío, sentía unos brazos que la abrazaban fuerte y un aliento que le daba fuerzas y esperanzas; vio a su esposo en el patio arreglando el auto.

-Pancho empieza a venderlo todo, hasta la casa, los recuerdos no, ¡esos me los llevo todos!

Un rayo de esperanza entre tanto humo negro.

Allá en La Habana de todos Chencha mira al cielo cubierto por un humo negro espeso e irritante.

-¿Juana y ese humo negro que cubre el cielo?

– Los tanques de petróleo ardiendo. Ay Chencha tu estas en el pueblo y no ves las casas, tú no sabes que un rayo cayó en uno de los tanques de petróleo en Matanzas y ya son 3 los que arden.

– Ay mi santa es que entre los apagones y hacer las colas para luchar que poner en la mesa, no tengo tiempo para más ná.

– Pues vete preparando para más apagones, la termoelectrica Antonio Guiteras ya salió de servicio, esto es el acabose mi negra, no hay más ná.

– ¿ Qué hicimos coño, qué hicimos? Para merecer todo esto.

– Te acuerdas cuando la gente rompió las imágenes de la Caridad del Cobre que tenían en los jardines, recuerdas que adoramos un hombre como si fuera Dios.

– Recuerdo todo eso y mucho más, pero sabes, yo creo que no es tanto lo que hicimos como lo que no hicimos. Aplaudiamos todo y apoyábamos todas las medidas por muy absurdas que fueran. Abríamos la boca sólo para repetir consignas, nunca para protestar, los dejamos hacer mi santa, eso es lo que no hicimos, protestar, hacernos oír, que tuvieran que contar con nosotros. Coño que no somos un rebaño de carneros, ni ratones siguiendo a un flautista, somos un pueblo con derecho de elegir caminos, de decir hasta aquí y parar todos esos disparates que solo lograron arruinar al país.

– Ay Chencha tu no veras los noticieros, pero que lindo hablas, oyendote hasta se me quito el dolor que tenía en el pecho.

– Ese dolor tenemos que convertirlo en fuerza para reclamar derechos que está bueno ya que un grupo se crea dueño del país, esta tierra y este cielo es de todos carajo, de todos los que hemos nacido aquí y todos tenemos derecho a ser escuchados, a elegir caminos, que hay aire para todos no para un grupito de barrigones y vive bien que se han olvidado del pueblo. Vamos para la cocina, voy a colar un poco de café, Patricia antes de irse me regaló un paquete de Bustelo que le había mandado su hermano, el escritor, eso si es café.

Chencha cuela el café y el aroma invade la modesta casita de Playa. Chencha y Juana se sientan a saborearlo, por un segundo olvidan problemas y disfrutan el café.

– Chencha, ¿es verdad que la culpa de to’ la tiene el bloqueo?

– Juana a ti el picadillo de soya te jodío el cerebro. La culpa de todo la tiene la mala administración, coño que este país era el primer exportador de azúcar del mundo y ahora casi ni centrales tenemos, cruzando vacas, se acabó con la vaquita cubana, te acuerdas del cruce de la Holstein y la Cebú, pues ahora ni Holstein, ni Cebú, ni carne de puerco tenemos ya, te acuerdas del cordón de La Habana y de otros disparates más, esto es un desastre, han arruinado el país y no tienen cojones para reconocerlo. El bloqueo ha afectado, no lo dudo, pero los culpables son ellos, lo que pasa es que el bloqueo les sirve como justificación de todos sus desastres.

– Yo me quedo boba escuchándote, ya se me había olvidado que estudiaste economía y que eras una fiera en to’ eso.

-Estoy cansá Juana aburría de oír tantos cuentos, ojalá hubieran quitado el bloqueo hace años a ver a quien coño le iban a echar la culpa. Estan tirando piedras y no aciertan una, como diría mi difunto esposo, dando patás de ahogao. Y el pueblo ya no aguanta más, que una quiere vivir y no morirse esperando un milagro. Ahora venden el dolar a 120 o 110, como si una tuviera mucho dinero para comprarlo. Patricia me dijo que su hermano, ese si que es un santo, me iba a mandar un dinerito, que no le sobra, pero no quiere saber que yo me estoy muriendo de hambre y va a ayudarme. Yo no quiero vivir así, no trabajé toda la vida para verme así en mi vejez.

– Antes nos creíamos las promesas y teníamos esperanzas, ya ni eso.

– Sabes, yo no pierdo las esperanzas, mi esperanza está en la juventud, en este pueblo que tensa fuerzas y pare futuros, en ellos confío.

Chencha y Juana salen al portalito y miran al cielo, entre el humo negro un rayo de sol se abre camino iluminando la esperanza.