Despedidas.

Emigrar, nos sumerge en un mundo de holas y adioses.  Hemos vivido y sufrido despedidas,  aún nos quedan por vivir muchas más. Llevamos con nosotros la maldición del  eterno adiós. Nosotros, que vivimos entre bienvenidas y despedidas, holas y adiós, sabemos muy bien el significado de separarnos de un ser querido, aunque sea por breve tiempo.

Ver a dos personas desgarrarse en un adiós, siempre nos conmueve, estremece recuerdos y vivencias. Saber de despedidas, nos hace solidarios con los que se despiden, nos hace comprenderlos y conmovernos. Nadie sabe mejor que nosotros el dolor de decir adiós, de retener en el recuerdo a seres queridos.

Hace un par de días, vi despedirse a dos muchachos, dos amantes, un fuerte abrazo y un beso que se resistía a terminar, hizo volver a muchos la cabeza, no falto algún gesto de desagrado, como si su condición de gays, les negara el derecho a despedirse, a decirse adiós libremente. Cuando uno de ellos abordo el avión, el otro, con lagrimas en los ojos se sentó a mirar el avión. Pretendía adivinar a su amigo en su asiento, decirle de nuevo adiós, aunque no podía verlo, mirar fijo al avión, los acercaba, alargaba en cierto sentido el momento de la despedida. Cuando el avión despego, lo siguió en la distancia, se paso la mano por los ojos y se fue. La tristeza, el dolor, el amor y los adioses, desconocen de fobias y frustraciones, no entienden de cara serias e incomprensiones, son como los besos, libres, desconocedores de condenas y mentes estrechas.

Entre las caras de disgusto, los gestos desaprobatorios y el amor que emanaba del adiós de los dos muchachos, me quede, para siempre, con el amor. Mis amigos, saben que siempre apuesto por el amor. Créanme, no recuerdo los rostros de los que se molestaron por esa expresión de amor, solo recuerdo los rostros tristes y enamorados de los muchachos al despedirse, sus miradas que se negaban a dejarse ver, su querer retenerse uno al otro a pesar de la conciencia del adiós inevitable.

Muchos que son incapaces de condenar el mal, de ayudar a alguien si cae, de dar una mano en el momentos justo. Esos que no tienen tiempo para dedicar a hacer de este, nuestro mundo, un sitio mejor, son incapaces de conmoverse ante una expresión de amor. Ante un hecho que debería conmoverlos y hacerlos aplaudir el amor, prefieren contraer el rostro y hacer un gesto de negación con la cabeza; niegan el amor, que no conoce de reglas, prohibiciones, ni incomprensiones.

La emoción solidaria con estos muchachos, me impidió reaccionar y pedirles permiso para hacerles una foto que me sirviera para el escrito que ya daba vueltas en mi mente, se que no se hubieran negado. Es mejor así, tienen el rostro de cualquiera que ame, de cualquiera que su amor se eleve por encima de tabúes y absurdos, tienen el rostro de la esperanza y de un mundo mejor, el rostro de los que aman sin temores, con la certeza que el amor, todo lo puede y vence!

Fotografia tomada de la pagina WHOF.

¡Olor a Cuba!

Hace días, leí en un periódico, un articulo sobre la memoria del olfato, como este sentido, nos hacia recordar, por ejemplo, el “olor a casa”. Ese olor peculiar que nos remonta a nuestra infancia de ropa recién lavada, sofritos, casa limpia. Esos olores que nos recuerdan tiempos pasados, nuestra casa o la casa de abuela, el barrio y la escuela. Recordando olores, de pronto, olí a Cuba, nuestra isla, fue como un viento desde el sur, trayéndome el aroma de nuestras vidas.

Ahora, que vivimos en Miami, y decimos que peste a comida! Y hacemos hasta muecas de desagrado, recuerdo cuando en casa, mami, hacia sus sofritos y todos le decíamos, que rico huele! Respirábamos fuerte, queriendo adelantar el almuerzo. Cada casa, tenía un olor diferente cada cuadra, cada cuarto, no conocíamos de ambientadores o velas de olor, igualando olores, eliminando particularidades y esencias propias. Nuestras casas de la infancia con las ventanas abiertas de par en par y la puerta dispuesta a quien quisiera entrar, olían a nosotros.

Siendo un niño, los amigos de mi padre cuando nos visitaban, al llegar, siempre decían; desde la esquina se siente el olor de la sazón de Concha! Sin dudas, ese olor a sofrito, nos recuerda a todos a nuestras madres, a Cuba, las comidas del domingo. Se mezcla con el olor a ropa lavada, a toallas y sabanas hervidas y tendidas al sol, conforma, entre otros, el olor de nuestra infancia, de nuestras vidas.

Hay un olor que caracteriza a La Habana, al andar por el Malecón; ese olor a mar rompiendo contra el muro de todos. Un olor único que a veces adivinamos en la distancia, en esas trampas que la nostalgia y La Habana, nos tienden día a día.

Diferentes olores se mezclan y conforman el olor de Cuba, los campos aportan su aroma, su olor a tierra, a monte, a cosechas, a tierra recién labrada. Las ciudades aportan el olor de cada cuadra cada barrio, tipificando y caracterizando cada ciudad, nuestra isla. Entre ciudades, café, campos de tabaco y caña, surge el olor de nuestra Isla.

Recuerdo, de niño, la primera vez que sentí el olor del guarapo. En un central, un vaso de guarapo fresco, frente a mi, que aún puedo oler en el tiempo y la distancia. Hay olores que se nos meten bajo la piel y nos acompañan para siempre. El olfato, hace su parte en nuestra teoría de la relatividad y nos mueve en el espacio y en el tiempo. Hay olores que me recuerdan etapas y momentos de mi vida. Cada vez que siento olor a leña ardiendo, recuerdo las escuelas al campo, sus cazuelas inmensas, las líneas para comer y el despertar con un; DE PIE! A pesar de malos recuerdos, ese olor, me hace feliz.

En cada casa cubana, se cuela café a cualquier hora del día, su aroma se une y mezcla a otros olores. Cada vez que sentimos ese olor a café recién colado, La Habana, Cuba, se hacen presentes, la nostalgia y los recuerdos nos guiñan un ojo, nos sonríen, los gorriones revolotean. El olor de un buen tabaco cubano, se mezcla con el aroma del café y crean una esencia única, capaz de hacer creer a cualquier cubano por el mundo, que camina por La Habana o por cualquier pueblo de la islita al sentirlo.

La Habana vieja tiene su olor peculiar, un olor a años e historias, a pasos de todos perdidos en el tiempo. Como me dijo un amigo; La Habana vieja huele a ladrillos viejos y humedad, tiene su olor propio. Nos pueden vendar los ojos y los olores nos guiarían por nuestra ciudad, por nuestra Isla. Cada pedazo de La Habana, aporta su esencia al olor general de la ciudad, al de Cuba. Estos olores, nos acompañan por siempre, están en nosotros.

Cuando llueve, La Habana adquiere un olor peculiar, durante la lluvia y al secarse el agua en el asfalto, dos olores diferentes que se unen y crean una magia irrepetible. A veces llueve en Miami y los olores me confunden, busco a mi ciudad entre expressways y anuncios lumínicos, no la encuentro, esta en mi corazón.

Cuba, se huele con la nariz y con el alma, en el recuerdo y en el presente. La llevamos en nuestra piel, orgullosos de oler a cubanos, dondequiera que estemos. De ser parte ayer y siempre, del olor de nuestra Isla.

También el amor, tiene su olor en Cuba, como lo tiene la esperanza, cada vez que sobrevuelo La Habana, cuando desciendo del avión, un viento con olor a esperanza, me golpea el rostro. Me anuncia un mañana que de un modo u otro, también nos traerá su olor, entre banderas al viento y sueños realizados, un olor nuevo que se sumara a otros y nos marcara para siempre, cambiandonos definitivamente.

Fotografias de Yohandry Leyva.

Los cubanos y la teoria de la relatividad.

La relatividad para nosotros, los cubanos, no esta relacionada con curvaturas del espacio, ni  formulas matemáticas, ni siquiera  con la velocidad de la luz. Para nosotros, todo es relativo, incluidos espacio y tiempo. No enloquecimos tratando de hacer cálculos con complicadas ecuaciones, “enloquecimos”,  de escaseces, consignas y nostalgias, cuando no, podía ser si y un si, un no rotundo.

Hace días, una pasajera en el aeropuerto, me pregunto de donde era, cuando le dije, Cuba, sonrío, me dijo; Cuba, tan cerca y tan lejos! Ese es un punto importante en nuestra teoría de la relatividad, aprendimos que aunque algo este cerca, puede resultar muy lejano.  Los que vivimos en Miami, o en general en el sur de La Florida, somos, en el sentido geográfico de la palabra, los inmigrantes mas cercanos a su país de origen, aunque somos, a la vez, los que mas lejos estamos; Cuba! Tan lejos y tan cerca! Un viaje a Cuba, se nos hace difícil. Incluso, ahora en tiempos que muchos viajan a Cuba, sin restricciones del lado de acá, para muchos, Cuba sigue lejana, inaccesible, para otros que podemos visitarla, sigue distante y difícil. Preparar y hacer un viaje a Cuba, se nos dificulta casi tanto como un viaje a otra galaxia y más caro que un viaje a Europa.

Hubo años que una llamada telefónica, una carta, era algo muy difícil, casi imposible, para los que salieron de Cuba. Los primeros en irse, los que le siguieron después, por muchos años, pertenecían a un país que no existía en el espacio conocido, inalcanzable, hablarnos a nosotros de relatividad y curvaturas del espacio. Aprendieron sobre la marcha el significado de la relatividad, casi podían tocar con la mano, un país, perdido en el espacio, para siempre. Tenían familia cercana y lejana, voces perdidas en un teléfono, madres y hermanos que muchos no volvieron a ver. De cierto modo, tenían familia y no la tenían, aunque esto, también era relativo, el afecto por ellos, nunca fue mas fuerte que en esos tiempos difíciles.

Decidir emigrar, sin dudas, abre portales a curvaturas del espacio desconocidas, agujeros negros, donde las reglas de la física y la lógica, dejan de cumplirse. Aún viviendo en Cuba, la relatividad se hizo presente de muchas formas. Cuantas veces a la hora de preparar el almuerzo, para 5 ó 6 personas, las amas de casa cubanas, se enfrentaron a un pedazo de pollo que alcanzaba, cuando más, para dos!  Terminaban haciendo un delicioso almuerzo para todos, demostrando que poco, puede ser mucho  o al menos suficiente. Todo puede ser relativo para nosotros, desde la comida, la ropa y un sin numero de cosas mas.

Nos convertimos en el único país del mundo donde los alimentos, tenían vida propia, viajaban y llegaban cuando mejor les parecía. Cualquier extranjero hubiera enloquecido de escuchar gritos en el barrio; llego la carne! Llego el café! Corre que llego el jabón y hay un faltante! O en el colmo de la relatividad; llego el aceite del mes pasado! Solo nosotros, podíamos entenderlo.

En la época de la famosa libreta de la ropa, más de una vez, fuimos a comprar algo que necesitábamos con urgencia y nos paralizo un: hay pero no te toca! En este mundo nuestro, donde todo puede suceder y es relativo o usabas pañuelo para sonarte la nariz o tenias calzoncillos.

Para nosotros, poco, a veces es mucho y mucho, puede ser poco, depende de que hablemos y con quien hablemos. No, no estudiamos la teoría de la relatividad de Einstein, ni falta que nos hace, para saber que el tiempo es diferente, que se acorta y extiende, que al final todo es relativo. Lo único absoluto es y será siempre nuestro amor por Cuba y la certeza de un mañana que se anuncia entre arco iris y rayos de sol, un mañana con todos y para el bien de todos.

Mi amigo, Libertad de expresion.

No comparto lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo.

Voltaire

Nació, en una asamblea, una de esas terribles asambleas de unanimidad, donde discrepar, era un acto suicida. Su mamá, una mujer sencilla, de voz dulce, algo tímida, ese día, decidió hacerse escuchar, se despojo de miedos y trabas. El clima de la asamblea, se había ido caldeando, en su punto mas fuerte, su mamá, la que nunca había hablado en una asamblea, la que siempre era señalada como ejemplo de persona cumplidora y obediente, pidió la palabra. Mientras con una mano se acariciaba la barriga inmensa, con la otra, sostenía el micrófono. No estoy de acuerdo, eso es una injusticia, déjenlo hablar! Su voz naturalmente dulce y baja, adquirió matices heroicos, el eco de sus palabras, retumbo en el salón de reuniones, estremeció a todos los presentes. El presidente de la asamblea, la fulmino con la mirada, lamentó haberle dado el micrófono, casi se levanta a arrebatárselo él mismo. El y otros más de la presidencia, arremetieron contra la mujer. No pretendían razonar con ella, dialogar; la insultaban, hasta un, comemierda! Mal agradecida, se escuchó decir. Ella, sin soltar el micrófono, repetía una y otra vez; es una injusticia, tiene derecho a que le escuchen, aunque ustedes no estén de acuerdo con lo que dice, hay que dejarlo hablar y escucharlo con respeto.

En plena discusión, comenzaron los dolores de parto, se aguanto el vientre con las dos manos, el micrófono cayo al suelo, acompañado del líquido que corría por sus piernas, amenazando inundar el local. Todos se paralizaron, se escucho una voz; ayuden a esa mujer, va a desmayarse! Apareció una sabana, un poco de agua caliente y una vieja dispuesta a ayudarla. Fue un parto doloroso, pero el niño nació sano, sin problemas. Su nacimiento, puso fin a la absurda  asamblea.

El día de inscribirlo, se armó un revuelo inusual en el registro civil. Abogados y notarios, fueron llamados. Era la primera vez que se escuchaba ese nombre, un hombre muy serio, llevaba años inscribiendo niños, la miro fijo; usted tiene el derecho de ponerle el nombre que quiera a su hijo, ha pensado en las consecuencias que tendrá para él, andar por la vida con ese nombre? Se que será un nombre difícil, pero mi hijo, sabrá llevarlo, lo se. Quedo asentado en el registro civil; Libertad de expresión Pérez Gómez.

Tal vez impulsado por su nombre, o concebido por un espíritu santo de nuevo tipo, su vida quedo marcada, para siempre, por un afán de lucha incansable por la justicia, por la libre expresión. Gustaba de conversar con los que tenían opiniones contrarias a él. Dialogar, discutir sin agresiones, intercambiar opiniones, consumían la mayor parte de su tiempo. Siempre estaba rodeado de personas, de cierta manera, se hizo popular.

Muchos falsos amigos se le acercaron, ese tipo de personas que solo quiere escuchar a los que coinciden con él. Para ellos, la libertad de los demás terminaba, donde empezaban las diferencias con su opinión. Ese tipo de persona que cree que el mundo es sólo un eco de su opinión; los que discrepen, están equivocados y deben ser eliminados y  convencidos por cualquier medio, ese es su lema en la vida y en la muerte. Cuanto te queremos y necesitamos, le decían. Cuando aparecía una opinión contraria, esos falsos amigos, le recordaban a quienes presidieron aquella asamblea donde nació inesperadamente. Su madre, se lo había contado mil veces, preparándolo para que cuando creciera, su nombre no fuera una carga pesada sin sentido.

Una mañana, se fue a vivir a otro  país, ahí si estarás bien, le dijeron sus “amigos”. Muchos hasta decidieron acompañarlo, otros eran sus intereses. En la constitución, hay leyes que llevan tu nombre, vas a estar feliz viviendo allá, le decían dándole palmadas en el hombro.

Un día el Sr. Pérez Gómez, mas conocido por su nombre, Libertad de expresión, sufrió una terrible decepción, un duro golpe; vio manifestaciones, mujeres maltratadas, sólo por tener opiniones contrarias. Supo hasta de aplanadoras rompiendo discos, de insultos, gritos. De repente, aquella asamblea donde nació, tomaba la ciudad por asalto y él a diferencia de su madre, no tenia una barriga que aguantarse y un hijo para parir en el momento justo. Se pregunto, ¿Donde estoy? ¿Qué he hecho? Quiso ir a cambiarse el nombre, no quería llevar por más tiempo un nombre que no existía, que se convertía en una utopia. Sus verdaderos amigos, aquellos que no siempre estaban de acuerdo con él, pero sabían como discutir y defender sus ideas, no lo dejaron. ¿Qué diría tu madre si viviera? No entiendes que mientras lleves ese nombre, se mantiene viva la esperanza de que un día exista realmente la libertad de expresión. No será lo mismo decir; soy amigo de Juan Pérez Gómez, que decir, Libertad de expresión, es mi amigo. Comprendió que sus amigos tenían razón. Costaría trabajo, habría que reeducar a muchos, hasta rehacer mapas genéticos. Un día, su nombre, no seria solo letras en una partida de nacimiento o en una ley de leyes.

Una tarde, sin imaginarlo él mismo, sin saber como, Libertad de expresión, parió miles de hijos, muchos, se las arreglo para criarlos a todos. Cuando crecieron, salieron a recorrer el mundo, a cambiarlo!

Fotografia de Yohandry Leyva.

Los cubanos y el gorrión.

Nuestra ave nacional es el Tocororo, ave que exhibe tres colores que amamos de modo especial, al volar, es como una bandera cubana al viento, libre! Hay otra ave pequeñita, que no luce bellos colores, no tiene un canto hermoso, pero a muchos de nosotros, nos acompaña, para siempre. Construyo nido en nuestros hombros, desde aquel dia que armamos maletas, planificamos viajes y de un modo u otro, decidimos probar suerte en otras tierras; el gorrión!

Lo conocíamos desde Cuba,  más de una vez dijimos; “hoy tengo tremendo gorrión”, ese  “tremendo” era un gorrioncito pequeño, fácil de espantar de nosotros, de alejarlo. El gorrión de ahora, se aparece de improviso, se acostumbro a nuestro hombro, basta una palma, un cielo azul, un recuerdo de Cuba y se hace presente.  A veces, basta una canción, escuchar al Benny o a Celia y el gorrión viene, se sienta junto a nosotros a escucharlos, se sabe todas sus canciones de memoria, aunque no pueda cantarlas como el sinsonte. Acostumbra a auto invitarse a celebraciones; cumpleaños, nochebuena, fin de año, son sus  preferidas. No se queda todo el tiempo, llega, brinda con nosotros, remueve recuerdos y sentimientos y se va. Sabe que si esta mas tiempo, todo seria mas difícil.

No es nuestro enemigo, no aparece para reprocharnos abandonos, ni como castigo a ausencias, no nos juzga. El gorrión, al final, termina siendo nuestro amigo, un compañero más, en esta, nuestra  diáspora de cubanos por el mundo. Su presencia, sirve para mantener vivo el recuerdo de los que dejamos atrás, de nuestra Isla, para que no olvidemos nunca nuestras raíces. Cuando un hombre, olvida de donde viene, su origen, se convierte en un fantasma de si mismo, pierde raíces y esencias, termina marchitándose, dando tumbos.

El gorrión, a veces, regresa a La Habana, recorre sus calles, se posa en balcones, visita la Giraldilla, el aire de sus alas, a veces la hace cambiar de dirección, apuntar fijo al norte. Su vuelo, no se detiene en nuestra ciudad, sobrevuela toda la Isla, va hasta El Cobre, lleva hasta la imagen de la patrona de Cuba, nuestras oraciones. Antes de irse, mira a Cachita a los ojos y casi en un susurro, le dice; aunque me cueste desaparecer, aunque no los vea mas, acaba de hacer el milagro, de reunirlos de nuevo!

Nuestro gorrión, ha terminando siendo parte nuestra. A veces, el tocororo, le presta sus colores, el sinsonte su voz y el colibrí su energía, viaja al futuro. Nos trae, en sueños, anticipos de lo que será nuestra isla, recorre campos verdes, ciudades nuevas, trae imágenes de un pueblo unido, trabajando confiado y seguro, construyendo, hombro con hombro, la patria “con todos y para el bien de todos”. Nuestro gorrión, también sabe dibujar sonrisas de esperanzas, cubano al fin! Sabe de multioficios, se reinventa a si mismo. Termina siendo uno mas en este andar por el mundo de cubanos y sueños.

Los gorriones, se han multiplicado, cada uno de nosotros termina teniendo uno, como ángeles guardianes, cuidan de recuerdos y valores. Tengo un gorrión especial que viene a cualquier hora, se posa en mi hombro, me mira a los ojos, me habla al oído, me cuenta historias de La Habana, anécdotas casi olvidadas. Mi gorrión amigo, gusta de verme escribiendo, sabe como alborotarme las musas. En ocasiones se vale de una foto, alguna frase de un amigo o algo que ocurre. A veces, mis amigos me dicen; esto no vayas a escribirlo! Mi gorrión, los mira, guiña un ojo, me dice, por qué no? Hoy, mientras escribía, mi gorrión, me dijo; no puedes dejarnos todo el trabajo a nosotros, por eso decidimos, hace un año, que iniciaras tu blog.

La vieja y la cafetera.

Se acostumbro a colar café temprano en la mañana, cuando llegaba una visita, a cualquier hora del día. Siempre encontraba un pretexto para colar café; un café delicioso, exquisito, casi mágico. Todos tomaban su café y el día les cambiaba, les daba ánimos. Su forma especial de hacerlo, las proporciones que utilizaba, algún hechizo secreto, hacían a su café, especial, casi como una droga; se olvidaban penas, angustias. Su café, poco a poco, se fue haciendo necesario.

Un día, después de colar, quiso fregar la cafetera, dejarla descansar en la cocina, esperando por la  próxima colada, algo extraño sucedió; no pudo separarla de sus manos nunca más. Solo podía separarse de ella, en el momento exacto de colar café, después volvían a unirse, la cafetera y sus manos, en un todo indivisible e inexplicable.

Pasaron los años, muchos años, la vieja de la cafetera que coló café para hijos y nietos, seguía haciéndolo. Ahora, colaba café para los hijos de sus nietos y los hijos de los nietos de sus nietos. Su café, especial y mágico, ayudaba a la familia y a todo el pueblo, a seguir unidos, a vencer dificultades y obstáculos. Vieja, descansa, cuando cueles, no vuelvas a tocar la cafetera, le decían vecinos y familiares, debe ser incomodo, tantos años, con esa cafetera entre las manos. No puedo, decía en un susurro, mientras preparaba la próxima colada.

La vieja del café especial, se convirtió en leyenda. Su café, probado por generaciones, era parte de la historia del pueblo. Un día, una muchacha del pueblo, le contó a  un periodista extranjero; mi abuela, antes de morir, me dijo: no dejes de tomar el café de la vieja, ayuda a mantener viva la esperanza!

Pasaron los años, los primeros en tomar el café de la vieja, hacia tiempo habían muerto, otros tomaban ahora su café. La vieja y su cafetera inseparable, fueron propuestas como monumento nacional. Que vieja, que cafetera, que café especial? Dijeron en las altas esferas del gobierno. Cuentos de camino, esa vieja hace muchos años murió, más de 50. Que no se hable mas de la vieja y su maldito café, se escucho una voz tronante y poderosa desde el lugar más alto de la casa de gobierno. La vieja, desconociendo su muerte decretada, seguía colando su café y abrazando la cafetera entre sus manos, mientras esperaba la próxima colada.

Un día, el cielo amaneció diferente, un azul intenso, especial, iluminado por un sol de fuego, despertó a todos temprano. Vamos, tenemos que votar, se decían unos a otros, le avisamos a la vieja? Preguntaron los vecinos, claro, no podrá votar por seguir unida a su cafetera, pero hay que avisarle, tiene derecho a saberlo. La vieja, llego con la cafetera entre sus manos, al colegio electoral. No podrás votar con esa cafetera en las manos, le dijeron los miembros de la junta electoral, no se inmuto; acompáñeme con la boleta hasta la cabina y déjenme sola. Cuando estuvo a solas en la cabina, dejo a un lado la cafetera y entre los  cuatro candidatos eligio al que sabía que seria el mejor, no había vivido tanto tiempo por gusto. Una cruz enorme, color café, aseguraba su elección. Cogió su cafetera, salio, llego a su casa, dejo la cafetera en la cocina, se sentó en el sillón inmenso de la sala, cerro los ojos, descanso de una vez y para siempre, ahora que ya no la necesitaban para mantener viva la esperanza!

Fotografia de Yohandry Leyva.

Los cubanos y las entrevistas de empleo.

Nosotros, los cubanos, nos acostumbramos, durante años, a resolver trabajos por amistades o por decretos de ubicación. Recuerdo cuando me gradúe de la Universidad, me ubicaron en un centro de investigación directamente, sin entrevistarme, sin siquiera verme la cara. Llegábamos a un centro de trabajo y decíamos las palabras mágicas; vengo de parte de fulanito, no hacia falta decir más, la plaza, era nuestra. Creo que ni sabíamos que existían las entrevistas de empleo. Cuando emigramos, entre los tantos monstruos que nos esperan y terminamos venciendo, están las entrevistas de empleo.

Recuerdo la primera vez que llene una solicitud de empleo, una aplicación, en ese cubanglish que aprendemos poco a poco. Me dijeron, lo llamaremos para la entrevista de empleo. Cuando llego el momento de la entrevista, me preguntaron, como esta tu ingles? Fui  sincero, le dije; yo creí que hablaba ingles, cuando llegue a Miami, me di cuenta que no. Que pena, no podremos emplearte, a ver, lo que vayas a decirme, de ahora en adelante, dímelo en ingles, me dijo la entrevistadora, empecé, primero con miedo, después mas seguro. Como a los 5 minutos, me interrumpió; no digas nunca mas que no hablas ingles, eso que tú haces, en este pueblo, es hablar ingles. Así conseguí mi primer empleo, no era el mejor del mundo, pero siempre lo recuerdo con especial cariño, me ayudo a vencer miedos y a enviar mi primera ayuda a mi familia en Cuba.

Pasaron los meses, una segunda entrevista de empleo me esperaba. En esta ocasión no iría solo, un gran amigo y yo, fuimos citados para la misma hora. Nos pasamos el día anterior practicando, el ingles de mi amigo, en aquel entonces, sólo le alcanzaba para decir algunas palabras sueltas. Cuando estaba a punto de perder la paciencia, le dije; mira apréndete estas palabras; please help me, i need to work! (por favor ayúdeme, necesito trabajar). En esta ocasión, la entrevistadora, no hablaba español, llamo primero a mi amigo, me pare en la puerta; si quieres, te puedes sentar y los entrevisto a los dos, me dijo. Antes que terminara de hablar, ya estaba sentado frente a ella. Durante la entrevista, hablaba por los dos, en un intento que no notara que mi amigo estaba mal en ingles. Llego un momento que me dijo, ya has hablado bastante, ahora quiero oírlo a él. Mi amigo, la miro, juntó las manos y dijo las palabras mágicas; please help me i need to work! No se que efecto causaron en ella esas palabras, solo recuerdo que nos dijo; mañana, aquí a las 9 de la mañana, en uniforme, comienzan el entrenamiento. Mi amigo, ahora que conversa de tú a tú con jefes y personas que solo hablan ingles, recuerda aquellas primeras palabras en ingles que como Ábrete sésamo! De nuevo tipo, le abrieron las puertas a un buen empleo en Miami.

Hace apenas unos días, lleve a un amigo recién llegado a su primera entrevista de empleo. La entrevistadora, le hablo en ingles, lo apabullo, mi amigo la miraba y no sabia si salir corriendo o empezar a llorar. Cuando ella insistió, él solo pudo decirle, nervioso y confundido; how are you? (como esta usted) y de ahí, no hubo quien lo sacara. Finalmente, le buscaron una posición donde el ingles no es tan necesario y pronto comenzara a trabajar. Ya esta estudiando ingles, su primer tropezón, le enseño que si quiere acceder a un buen empleo tiene que, al menos, comunicarse en ingles.

Pasan los años, vamos venciendo miedos, cortando cabezas de dragones y triunfando. Atrás van quedando las primeras entrevistas de empleo, nos vamos aplatanando. Miami, deja de ser una ciudad extraña y nosotros unos recién llegados. Así somos los cubanos, nada nos detiene, ni idiomas, ni inexperiencias, lo que no sabemos lo inventamos, seguros que somos dueños del futuro. Ah y recuerden, un please help me i need to work, puede ayudar en situaciones difíciles!