2015 in review

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The Louvre Museum has 8.5 million visitors per year. This blog was viewed about 120,000 times in 2015. If it were an exhibit at the Louvre Museum, it would take about 5 days for that many people to see it.

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2014 in review

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The Louvre Museum has 8.5 million visitors per year. This blog was viewed about 87,000 times in 2014. If it were an exhibit at the Louvre Museum, it would take about 4 days for that many people to see it.

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2012 in review

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19,000 people fit into the new Barclays Center to see Jay-Z perform. This blog was viewed about 150,000 times in 2012. If it were a concert at the Barclays Center, it would take about 8 sold-out performances for that many people to see it.

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2011 in review

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The concert hall at the Sydney Opera House holds 2,700 people. This blog was viewed about 32,000 times in 2011. If it were a concert at Sydney Opera House, it would take about 12 sold-out performances for that many people to see it.

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Los habaneros y el 4 de julio.

 

Miami, el país todo, se inunda de fuegos artificiales, asistimos a uno de los feriados mas importantes, el día de la independencia. Que pensaran, allá en La Habana de este derroche de fuegos artificiales, de luces? Allá, donde hasta los fósforos escasean y muchos no han visto jamás el cielo cubierto de luces. Si para colmo es noche de apagón, alcanzaran a ver desde lejos, este cielo iluminado en colores? Pensaran acaso que un cataclismo terrible viene del norte?

 

Sabrán en la Habana que el norte, se ilumina para festejar su día de la independencia. Que un país que siempre hace derroche de luces, tiñe la noche de luz y colores? Que asistimos a una fiesta de colores azul, blanco y rojo, los mismos nuestros?

 

Muchos habaneros, cubanos en general, celebramos hoy el 4 de julio. Los mismos que arrollamos un día, que arrollaremos de nuevo, con la comparsa del Alacrán o los guaracheros de Regla. Los que aplaudíamos a rabiar los 32 fouettés del Lago en el Lorca, los que hacíamos colas interminables y esperábamos horas por una guagua. Nosotros, los que nunca nos fuimos del todo, confundimos colores y banderas y celebramos hoy la independencia de un país, que nos recibió con los brazos abiertos, sin preguntarnos: y a ti, quien te invito?

 

No por sumarnos a esta celebración, somos menos habaneros, menos cubanos; somos más internacionales, mas agradecidos. Brindamos con ron y a los amigos que llegan al pool party, les ofrecemos café cubano y el menú es congrí y carne de puerco. Intercambiamos mensajes de texto felicitándonos; acere, felicidades por el 4 de julio!

 

Seguimos celebrando nuestras fechas, las llevamos en los genes, la cubania de nacimiento no se pierde nunca, se afinca allá en las cadenas de ácidos nucleicos con más fuerza que nunca. Sumamos nuevas celebraciones. Nosotros, siempre amantes de la libertad, disfrutamos con un gusto especial, esta, el día de la independencia.

 

No se si allá en mi barrio de La Habana, mis antiguos vecinos, las calles que me vieron crecer y hacerme hombre, saben que acá a solo escasas 90 millas, celebramos a toda luz la independencia. Que los vecinos del norte, aman la libertad y la celebran iluminando el cielo con una luz intensa, una luz que tal vez, algunos, puedan ver desde un balcón en La Habana.

La calle Obispo.

 

Nombre eclesiástico, población variada, años de existencia, la calle Obispo. Mas que una calle es una arteria, por ella corre un chorro de pueblo a toda fuerza, tal vez sin rumbo, pero sin detenerse. Por esta calle andamos siempre con la prisa del que no sabe a donde va, pero apura el paso, quiere llegar a toda costa a donde sea, pero llegar.

 

La calle Obispo, tiene una position privilegiada, casi comienza en el parque central y termina en la plaza de armas. Enlaza al hotel Ambos Mundos, con el Floridita. Cuentan que a veces se ve a un gigante barbudo andar por ella, subirla y bajarla en busca del major daiquiri de la Habana.

 

Siempre, camino por Obispo, al menos una vez, en mis visitas a Cuba. Calle que me lleva al Corazon de la Habana vieja. Este ano, la anduve con mi madre del brazo, andarla con ella fue multiplicar la alegría, unir dos amores en un encuentro. Cuando llegamos a la plaza de armas, escuche como el Palacio de los Capitanes Generales le gritaba al Templete; hoy si que viene bien acompañado! Yo, orgulloso, saludaba a mis viejos conocidos.

 

No todo es alegría cuando camino por Obispo. A veces me sorprende algún niño pidiendo monedas. Una vez, vi a un grupo de adolescentes, casi niños, caminar junto a un turista, acosarlo, por mas de una cuadra. El mayor tendría 14 años, lo miraban, se le insinuaban, se ofrecían. Recordé mis años de maestro, los llamé, les dije: ustedes deberían estar jugando bolas o corriendo en una chivichana, son niños, disfruten estos años! Me miraron con cara de inocentes, por un momento se les borro la picardía del rostro, se fueron. A mi me duro mucho tiempo el dolor y la vergüenza, aún me dura.

 

Por la calle Obispo no caminas, circulas en ese torrente de gentes que te llevan sin querer a su rumbo y dirección, tus pasos, ya no te pertenecen. Si sales del Floridita y te decidas a andarla, es como subirse a un tren a toda velocidad, disparado a la aventura, a un mundo viejo, que es nuevo cada día.

 

Obispo que hace tiempo que decidió colgar los hábitos y ama, toma ron, juega domino y suelta palabrotas. Asiste, feliz e insomne, al día a día de una ciudad que duerme, sueña y alucina, junto al mar.

Taxis en La Habana!

 

   

Durante muchos años, encontrar un taxi en La Habana, fue una tarea digna de un héroe mitológico, lo sigue siendo, aún pagando el servicio en dólares. Recuerdo, una vez, en uno de mis viajes, quería ver una función del Lago, en el Lorca y llevar conmigo a mami. Pedí un taxi a las 7:30 pm, la función era a las 8 y 30, el taxi llego a casa a las 9 pm, ya me había desvestido y tomábamos café en el portal, contándonos historias, cuando apareció y tuvo que irse vacío. Muchos no tienen dólares y tienen que conformarse con un servicio de taxis, prácticamente inexistente. La Habana, sueña con escuchar un día las míticas frases, “rápido, siga a ese auto” o “hasta el parque central, estoy de prisa”.

 

Un buen día hicieron su aparición en La Habana, los chevys, recuerdan aquella canción de Virulo que decía “y ahora vuela”. Una ciudad acostumbrada a autos viejos y lentos, de repente, tenía autos del año que nos parecían naves espaciales. Taxis de nuevo tipo, no decíamos, llévame para…, sino, para donde vas? Nunca pude explicármelo, pero así fue siempre. Entre las tantas exclusividades de La Habana, sumamos una más, taxis con vida independiente, desobedientes, nos llevaban para donde querían ellos, no nosotros. Taxis, sin piezas de repuesto que fueron muriendo de muerte natural, uno tras otro. También tuvimos Ladas, pero igual de difíciles y esquivos, imponiendo sus propias reglas.

 

Todos los habaneros, alguna vez, montamos en las máquinas de 10 pesos, como que tenemos fijación con los 10 pesos! Mezcla de taxi y guagua, con recorrido fijo, al pararlo, solo decíamos llega hasta…, o va por… Podíamos ir cómodamente o alternando turnos para poder descansar la espalda, a veces confundíamos piernas y rodillas propias con ajenas en un amasijo humano que costaba trabajo desenredar y que muchas veces disfrutábamos. En una ciudad, donde todo escaseaba y se ahorraba, compartíamos e intercambiamos sudores en un acto supremo de abundancia y rebelión a la racionalizacion impuesta. Estos autos viejos aún andan por las calles de la ciudad, no se si es su calidad, o la inventiva del cubano, pero creo seguirán rodando por siempre. Cuando no los necesitemos, serán piezas museables rodantes en exposición itinerante por toda la ciudad.

 

Por tener taxis exclusivos, tenemos hasta bici taxis. Pobres muchachos que por ganarse unos pesos recorren parte de la ciudad pedaleando, sudando a mares. Simbiosis de bicicleteros, taxistas y guías turísticos, que sonriendo, una tarde, quisieron contarme historias de la ciudad que mas conozco y amo del mundo.

 

Imagino taxis, bici taxis, máquinas de 10 pesos y chóferes, sumados a un carnaval incontenible, arrollando al ritmo de la alegría , luciendo colores al viento, desde el cabo de San Antonio, hasta la punta de Maisí. Un pueblo que no pregunte para donde va, que diga, voy contigo! y el chofer, sonriente, diga, monta, te llevo hasta donde quieras; vamos juntos!