Chencha y Asunción van al Artime a ver a Trump. 

Chencha se despertó temprano, se puso su aparatico para poder oír, hacía años no podía oír nada sin él,  llamó a su vieja amiga Asunción .

-Mi santa por tu madre llevame al Artime hoy, tengo todo listo. No quiero perderme el discurso del payaso naranja sobre los cambios en la política  hacia Cuba.

– Tú sabes que yo soy Trumpista hasta la tambora, no me lo llames asi y si tan mal te cae mi presidente ¿Para qué coño  quieres ir a verlo al Artime?

-Quiero estar ahí,  te juro que si vuelve a poner la ley de “pies secos, pies mojados “, aunque sea para que los que están en Mejico esperando un milagro, voy y le doy un beso y lo aplaudo como la que más. Vaya que hasta empiezo a gritar por las calles ¡Gana Trump! Como hace mi amiga Maga.

-Si es asi yo te llevo, te recojo temprano y vamos . Yo sé  que mi presidente es un barbaro y hoy va a hacer historia. Que se preparen los comunistas que le va a dar candela al jarro hasta que suelte el fondo. Esto si es un presidente apululu de ideas.

Chencha y Aduncion, gracias a amistades de Chencha consiguen un buen lugar en el teatro y se alistan a escuchar al presidente. Comienza a hablar. Al final del discurso la gente aplaude enardecida, bravo le gritan. Chencha está fajada con su aparatico para poder oir, le dice a Asunción. 

– Eata mierda se jodió, no pude oir na’, ¿Qué  dijo, me paro y le doy un beso? Dime mi santa.

-Nada, el cuartico se queda igualito, nada de “pies secos, pies mojados”, la embajada sigue abierta, las aerolineas volando, siguen los cruceros, los americanos siguen viajando a Cuba, con un poco menos de relajo, siguen las remesas, vaya como diría la vieja Pancha, mucho ruido y pocas nueces. La culpa es del Marcos Rubio ese,  por mal aconsejarlo, desgraciao.

-Yo seré sorda, pero no comemierda y si nama’ dijo eso que tú dices, ¿Por qué  tanto aplauso y tanto grito?

-Na’ lo mismo con lo mismo, eso mismo me pregunto yo.

-Alabao, entonces casi todito lo que hizo el negro se queda ¡Que gente caballero, pero que gente!

Fotografia tomada de Google.

Esperanza, una historia de amor.

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Se amaron antes de verse, ambos se presentían desde siempre, desde el inicio de los tiempos. El, un profesional, coqueteando con sus 40s, ella una mujer de negocios en la plenitud de sus 20 años. Ambos habaneros, cansados de caminar esas calles buscándose uno al otro. Los dos decidieron emigrar, tal vez cansados de esa búsqueda y de otras más. Ahora vivían en Miami, una ciudad, donde encontrarse inesperadamente con alguien, a veces resulta difícil.  La Habana se encargó de juntarlos, se encontraron frente a frente, una vez que  coincidieron en un viaje a su ciudad, una tarde de abril, en plena primavera. Sus ojos se cruzaron a la salida de aduana, ambos adivinaron que estaban destinados el uno para el otro, que su búsqueda, había terminado. Se olvidaron de la familia que los esperaba, del equipaje y del mundo. Ella osada y atrevida, se lo comió con los ojos, mientras le deslizaba su tarjeta en el bolsillo de la camisa. Regreso en 5 días, escribió por detrás.

 

Al sexto día, él, la llamo, solo le dijo; ¡soy yo! Conversaron como si se conocieran de toda la vida, durante 45 minutos no existieron preocupaciones; el mundo se redujo a ellos dos. Se despidieron con  la promesa de tomarse un café juntos a la salida del trabajo. Cuando se vieron, 6 horas después, no se dieron la mano, no se dijeron hola. Corrieron a su encuentro y se besaron en la boca, como dos viejos amantes que se reencuentran, después de toda una vida separados.
A veces, el amor llega a destiempo, tanto lo buscamos, que al final aparece; solo que no llega en el momento justo. Por esas travesuras del destino, cuando se encontraron, él estaba casado. Un matrimonio de tiempo, que hacia años había perdido su intensidad, pero que el afecto y la costumbre, aún mantenían. El no solo estaba casado, un mal orgánico, lo apremiaba a someterse a una urgente operación, que el posponía, una y otra vez, en espera que su madre llegara y estuviera junto a él. No se atrevía a mirar a la muerte a la cara, sin apretar fuerte la mano de su vieja, una mujer especial que supo hacerlo un hombre y enseñarlo a amar. Su viaje a La Habana, fue para hacer gestiones y poder traerla cuanto antes.

 

A Esperanza, no le importaron los años de diferencia, ni el matrimonio, ni la salud precaria, amaba sin preguntas, sin esperas. Cada día con Manuel, equivalía a una vida y la vivía intensamente, hasta el último segundo. Sabia que el amor puede hacer milagros, no se daba por vencida. Hacia años, desde aquella tarde en que se subió sola a un bote, aprendió que la vida pone pruebas difíciles, pero que todas, todas, pueden vencerse. Borró, para siempre, la palabra imposible de su lista. Se bastaba sola para mover montanas, saltar abismos, construir un mundo.
Manuel, estaba deslumbrado con esta ilusión. El amor de Esperanza, lo hacia sentirse joven, en sus brazos olvidaba sus problemas de salud, las discusiones, todo desaparecía al influjo del encanto de esta muchacha que ni aún en los momentos mas difíciles, dejaba de sonreír. Mirarse en los ojos azules de ella, era como asomarse al cielo, escucharla reír, su mejor medicina. Su alegría, era solo un eco de la risa de ella. Cuando hacían el amor, era el único momento que olvidaba sus problemas de salud, la vitalidad de Esperanza, lo contagiaba y volvía a tener 20 años, a estar sano, a comenzar de nuevo el camino.

 

Un día, la esposa de Manuel, se entero de la relación con Esperanza. No discutió, no hizo una escena de celos, ella no lo amaba. La ausencia de hijos, la rutina, habían ido matando el amor que un día se juraron, para toda la vida. No lo amaba, pero se llevaban bien y gracias a él, disfrutaba de una buena situación económica. Mirándose en el espejo, Aleida se dijo a si misma.

-No, no haré una escena de celos, fingiré que no se nada, él, no se atreverá a dejarme, la Esperanza esa, será diez años mas joven que yo y mas linda, pero yo soy su mujer y seguiremos juntos. Nunca lo tendrá del todo.

Sonrío con malicia y se alisto para una guerra larga, donde se adivinaba como vencedera. Tantos años sin amor, le habían hecho olvidar su fuerza. Esa tarde, comenzó a gestarse la derrota de Aleida. Subestimar a un enemigo, es fatal en las guerras.

 

La salud de Manuel, se deterioraba por días, su madre atrapada entre papeleos y absurdos, no acababa de llegar. Una tarde, después de hacer el amor, Manuel, casi se muere en los brazos de Esperanza. Ella, en su desesperación lo abrazaba, tratando de trasmitirle su vida, sabia que mientras lo abrazara, nada malo podría ocurrir. Cuando se recupero, sin dejar de abrazarlo, le dijo:

-Así no puedes seguir, no te das cuenta que te mueres coño y yo contigo. Déjame estar a tu lado en la operación, se que si tomo tu mano mientras dure, nada malo podrá pasarte. Mañana vamos juntos a ver el medico y fijamos la fecha de la operación. No puedes seguir esperando que llegue tu madre, si quieres volver a verla, no puedes posponer más la operación.

Manuel, la miro entre lágrimas, casi sin fuerzas le dijo.

-Como tú quieras, solo te pido algo; si me muero, no te mueras conmigo, quiero seguir viviendo en el azul de tus ojos, en tu risa.

Esperanza lo miro, sonrío y acariciándole el pelo, solo susurró.

-Como tú quieras mi vida, todo será como tú quieras, lo prometo.

 

Esperanza, se encargo de coordinar todo. El doctor, reviso la historia clínica, le hizo algunas preguntas, cuando comenzó a hablar se dirigió a  Esperanza, adivinaba que solo con su ayuda podría operarlo cuanto antes.

-Hay que operar enseguida, nos estamos arriesgando a lo peor. Cada día cuenta, si se demora más de un mes en operarse, tal vez sea demasiado tarde.

Esperanza, mirando a Manuel, le respondió.

-Cuanto antes doctor, usted ponga el día, yo me encargo de todo y de traerlo a él, aunque sea a la fuerza. Solo pondremos una condición; yo estaré a su lado durante la operación.

Mario, el medico, saco un pañuelo y fingió que limpiaba sus espejuelos, una manifestación de amor siempre conmueve y emociona, aunque se este acostumbrado a lidiar con la muerte todos los días. Los miro y con calma les dijo.

-Legalmente otra persona tiene ese derecho, si insiste, no podré negarme.

Manuel, miro fijo al doctor.

-Yo me encargo de eso, a mi lado estará Esperanza o no hay operación.

Esperanza, apretó fuerte su mano, mientras el azul de sus ojos tenía destellos dorados.

Al salir del hospital, Manuel le dijo.

– Cuando salga del trabajo, paso a recogerte en mi auto, hoy, necesito dormir contigo.

Esperanza lo miro a los ojos, no hizo preguntas, trato inútilmente que él no notara el temblor de su cuerpo en el abrazo de despedida.

 

Antes de salir del trabajo, llamo a Aleida, fue breve.

-Esta noche, no puedo ir a dormir, no te preocupes, estaré bien.

Aleida solo dijo un acido, OK. Esto no estaba en sus planes, su rostro se contrajo. Se miro en el espejo, sintió el paso del tiempo en su piel, se vio vieja de pronto, como si de golpe hubiera envejecido diez años.

 

Manuel, recogió a Esperanza. Hicieron todo el viaje  tomados de la mano, querían aprovechar hasta el ultimo segundo de ese tiempo juntos, hacerlo perfecto.

Esa noche, se acostaron desnudos, no hicieron el amor, el amor los hizo. Durmieron abrazados, sus labios estuvieron unidos toda la noche. Las sabanas amanecieron húmedas, Esperanza, aferrada a Manuel, tuvo repetidos orgasmos mientras dormía. Se despertaron temprano, desayunaron rápido, mientras se miraban como dos adolescentes enamorados. Manuel, la dejo en su trabajo, se despidieron con un beso, que amenazó con no tener final.

 

Cuando Manuel regresó a su casa, en la tarde, Aleida, no hizo preguntas. Pensaba que ignorando lo que había ocurrido, seria como si nunca hubiera pasado. Se consideraba muy astuta, no se daba cuenta que sus días al lado de Manuel, estaban contados, Esperanza, ganaba cada día mas terreno, Manuel no podría ya vivir, sin mirarse en sus ojos, sin escuchar su risa, sin tenerla a su lado.

 

Se acercaba el día fijado para la operación. Mario, previéndolo todo, se reunió con Manuel, le explico los riesgos que corrían, la posibilidad de una hemorragia.

-Tendremos que tener sangre de reserva, hice algunas pruebas y Esperanza puede ser la donante, de más esta decirte que aceptó con gusto.

-¿Doctor, puedo morir? Pregunto Manuel con miedo en los ojos, sin Esperanza a su lado, se sentía débil, desprotegido.

-Si, pero mis años de experiencia están a nuestro favor, varias veces, en Santiago de Cuba, con menos recursos, hice esta operación y nunca perdí a un paciente. Ahora, tengo más experiencia. Créeme, haré lo imposible por salvarte, hace años en Cuba, vi morir al amor de mi vida, fui impotente para salvarle. En cierto modo esta es mi revancha con la muerte. Te salvaré Manuel y un día, iré a tu boda con Esperanza. De tanto lidiar con la muerte y salvar vidas, uno termina adivinando el futuro de los pacientes.

 

La noche antes de la operación,  Manuel, solo en la habitación del hospital, llamo a su madre, no quería preocuparla, pero necesitaba oír su voz, para saber que todo estaría bien.

– ¿Mami, como estas? Te quiero mucho, mucho. Dijo Manuel, mientras trataba de lucir tranquilo.

-Orando por ti mi hijito, mañana te operas y he pasado días, hablando con Dios, se que todo saldrá bien, aunque no pueda estar a tu lado.

-Pero mama, ¿como lo sabes? No quería preocuparte.

-Esperanza, me llamo y me lo dijo, parece una buena muchacha esa amiga tuya. Me explico que prefería que yo lo supiera para que estuviera pensando en ti y enviándote toda mi energía. Hace dos días regrese de El Cobre, tuve una larga conversación allá arriba.

-Mama, eres un ángel, saberte pendiente, me da fuerzas extras, me obliga a vencerlo todo, dijo Manuel, mientras hacia un esfuerzo para no llorar.

Se despidieron con miles de besos. Manuel, en sueños, sintió el abrazo y los besos de su vieja.

 

Mario, antes de dormirse, pensó en Manuel y en Esperanza, confiaba que todo saldría bien, aunque sabia los riesgos con que se enfrentaría. Había vencido varias veces a la muerte, le debía al amor esta victoria. Miró la foto de su esposa en la mesa de noche y se durmió soñando con el amor.

 

Llego el día de la operación, Esperanza, entró al salón, mientras Aleida la miraba con todo el odio del mundo. Recordaba las palabras de Manuel una semana antes.

-Me decidí a operarme, una amiga me convenció, ella estará presente en la operación, tenemos el mismo grupo sanguíneo y en caso de una emergencia, podrá donar la sangre. Manuel, bajo la vista, no le gustaba mentir y sabía que si la miraba a los ojos, sabría toda la verdad.

-Solo bajo esta condición, acepte operarme sin que mamá estuviera a mi lado.

Pensó en oponerse, pero sabía que seria inútil, Manuel era testarudo, muy difícil de convencer. Mientras lo llevaban al salón de operaciones, recordó todos estos años juntos. Fueron felices al principio, muy felices, después vino la rutina. No recordaba en que momento exacto murió el amor. Siempre se llevaron bien, no discutían, pero los años, los fueron convirtiendo en una especie de amigos, que en ocasiones se usaban para saciar urgencias sexuales. A pesar de todo, no estaba segura de haber sido derrotada; la costumbre, es a veces una fuerza poderosa, ella lo sabía por experiencia propia.

 

En el salón, Mario daba las órdenes necesarias. Manuel, estaba ya bajo los efectos de la anestesia, Esperanza, apretando fuerte su mano, decidida a transmitirle su fuerza, a darle su vida si fuera necesario. Mario, comenzó la operación, Esperanza, sin fuerzas para mirar, apretaba con fuerza la mano de Manuel y miraba su rostro. Llevaban mas de una hora operando, toda iba bien aparentemente. De pronto, se escuchó la voz de Mario.

-Urgente otra transfusión, esta perdiendo mucha sangre.

La hemorragia que tanto temía, se había desatado, sabia que si no actuaba rápido, podía perder a Manuel. Consumieron el penúltimo litro de sangre. En el momento de colocar el último litro de reserva, nadie supo explicar cómo ni por qué, se escapo de las manos de la enfermera y se rompió en pedazos contra el piso. Esperanza, pálida, miro al doctor. Mario dio órdenes de proceder a realizar una transfusión directa de Esperanza a Manuel, era la única solución, por suerte, la había realizado antes, durante su servicio social, allá en las montañas de Oriente.

Esperanza, se negó a soltar la mano de Manuel y así sujeta a él, le fue dando gota a gota, parte de su vida, de su fuerza. Mario, termino la operación. Había salvado a Manuel. Esperanza, agotada  y débil, seguía sosteniendo su mano, sujetándolo a la vida. Llevaron a Manuel para cuidados intensivos, mientras Esperanza, fue obligada a guardar reposo, hasta que se recuperara.

 

Mario, nunca supo si fue su experiencia, la sangre de Esperanza o el amor quien hizo  el milagro; Manuel se recuperaba por días, volvía a ser el de antes, todos se asombraban de su pronta recuperación; el amor y las ganas de vivir, completaban el milagro. Llego el día de abandonar el hospital, Manuel se extraño que Esperanza no hubiera ido a estar con él, a acompañarlo hasta el auto.

-Debe estar afuera, esperándome en el auto, pensó mientras recogía sus cosas.

 

Manuel, salio del hospital, acompañado por Mario, afuera, en su auto, lo esperaba Aleida, que salio a su encuentro. La detuvo con un gesto. Su mano extendida, solo dejaba espacio para un frío apretón de manos.

-No Aleida, te agradezco que vinieras, tus cuidados, tu preocupación, pero sabes que ya no nos amamos. Seamos amigos, ya que no pudimos seguir siendo amantes, no me guardes rencor. Tú, tampoco me amas, no tendría sentido continuar juntos por costumbre, tienes derecho a rehacer tu vida, a volver a amar, no te preocupes por nada, seguiré cuidando de ti. Puedes quedarte con la casa, será mi primer regalo de amistad para ti.

Aleida, entendió el mensaje de Manuel, tendió su mano, se despidieron como amigos. Lo conocía demasiado bien para intentar nada después de sus palabras.

 

Manuel vio partir a Aleida. Justo en el instante que iba llamar a Esperanza, su auto llegó. Junto a ella, una persona que le resulto familiar, pero que no distinguía bien desde lejos. Esperanza se bajo, abrió la otra puerta del auto, Manuel, asombrado y emocionado, vio a su vieja, creyó que era una ilusión, dudo que fuera realmente ella. Esperanza corrió a él gritándole.

-Tuve que recogerla en el aeropuerto, quería darte la sorpresa, soborné y moleste a un millón de gente, pero aquí la tienes, contigo para siempre, con nosotros.

Se abrazaron los tres entre lágrimas.  Al besar a su madre, Manuel sintió el olor de su infancia, de su casa, de la calles de su ciudad, como si La Habana en su madre, quisiera ser parte de este, su comienzo de una nueva vida. Mario, que sabía el secreto de Esperanza, los miraba desde la puerta del hospital. Si entre todos, le habían ganado la batalla a la muerte, el amor hacia el milagro de una nueva vida.

 

El amor lograba convertir una historia real en un cuento rosa que yo, solo adorné con palabras.

Nosotros, reencuentros y despedidas.

Todo viaje a las raíces, a nuestros orígenes, se convierte en una fiesta de sentimientos y esperanzas. Regresar, es reencontrarnos con nosotros mismos, mirarnos cara  a cara y rendirnos cuentas. No importan el tiempo ausente, los éxitos alcanzados, los lazos que creímos rotos. Regresar, es volver al punto de partida, desnudarnos, darnos un baño de sol y de viento. Volver a ser los de antes, los  de siempre.

Estar de nuevo en  casa, después de tramites y esperas de maletas que amenazan no llegar, es como abrazarnos y fundirnos con fantasmas. Fantasmas, que quedaron por nosotros, cuidando raíces y recuerdos. Nos vemos y volvemos a ser uno; ellos y nosotros, piel con piel, alma con alma. Se nos meten dentro, nos poseen, nos ganan de nuevo, sin habernos perdido nunca. Ellos y nosotros somos piezas de un rompecabezas regado por el mundo, parte de piezas que encajan perfectamente, hoy y siempre, no importa donde estemos.

Tal vez esa química perfecta entre nosotros y nuestros fantasmas, ese volver a ser los de siempre, nos juega trastadas, nos hace trampas. Se confabula con la relatividad y perdemos la noción del tiempo, del espacio. Años lejos, ausencias, son olvidados. Nos quitamos la ropa del viaje, aparece un short, que alguien encuentra, un par de chancletas viejas, nos sentamos en el sillón del portal y el tiempo no existe. La brisa de Cuba, los brazos y voces de nuestros familiares, hacen el milagro; el cordón umbilical que se había estirado, tensado, casi roto; gana fuerza, vuelve a ponernos en el lugar exacto al que pertenecemos.

Disfrutamos nuestro tiempo en Cuba, es un regalo que la vida y nuestra Isla, nos dan. Tenemos la certeza que la decisión tomada de emigrar, valió la pena, volveríamos a hacerlo si existiera el regreso en el tiempo. Mientras dura nuestro tiempo entre palmeras, brisas del mar, abrazos de mamá, somos inmensamente felices, una felicidad que solo conoce quien la ha vivido; con peso y medidas, sólida, que se siente en los brazos y en el pecho, en el alma!

Regresar a Cuba, a los brazos de nuestros familiares, es como abrir un paréntesis en nuestras vidas. Paréntesis que hay que cerrar, con un beso, un vuelvo pronto, un te quiero mucho, un adiós breve e inevitable, que evite desgarramientos. Ese es uno de los momentos mas difíciles en la vida del cubano que emigro, dejando seres queridos atrás. Cada despedida, tiene el dolor exacto de la  primera. La angustia en el pecho, sentir que el corazón se detiene, que no sobreviviremos al adiós, es el precio que pagamos por ese volver a ser los de antes, los de siempre. Por suerte, son solo unos instantes, si esa angustia y dolor durara un poco mas, muchos, no hubiéramos sobrevivido a la primera despedida.

Converse con amigos, les conté de esos últimos y difíciles minutos, no son exclusividad mía; todos los han vivido, volveremos a vivirlos al final de cada reencuentro. Llegamos a Miami, Madrid o Paris, sabemos que estamos en casa, en el lugar donde decidimos vivir y empezar un día, una nueva vida. Sabemos que valió la pena, toda ha valido la pena, emigrar, regresar, luchar, no olvidar raíces y recuerdos.

El rompecabezas, vuelve a regarse por el mundo, el cordón umbilical que nos une a tantas vivencias, se estira, se tensa sin romperse. Nuestros fantasmas, en exorcismo involuntario, abandonan nuestros cuerpos, vuelven a su diaria labor de cuidar recuerdos y raíces. Nosotros, sin saberlo, sin tener conciencia exacta; seguimos siendo los de siempre!

Los cubanos y la teoria de la relatividad.

La relatividad para nosotros, los cubanos, no esta relacionada con curvaturas del espacio, ni  formulas matemáticas, ni siquiera  con la velocidad de la luz. Para nosotros, todo es relativo, incluidos espacio y tiempo. No enloquecimos tratando de hacer cálculos con complicadas ecuaciones, “enloquecimos”,  de escaseces, consignas y nostalgias, cuando no, podía ser si y un si, un no rotundo.

Hace días, una pasajera en el aeropuerto, me pregunto de donde era, cuando le dije, Cuba, sonrío, me dijo; Cuba, tan cerca y tan lejos! Ese es un punto importante en nuestra teoría de la relatividad, aprendimos que aunque algo este cerca, puede resultar muy lejano.  Los que vivimos en Miami, o en general en el sur de La Florida, somos, en el sentido geográfico de la palabra, los inmigrantes mas cercanos a su país de origen, aunque somos, a la vez, los que mas lejos estamos; Cuba! Tan lejos y tan cerca! Un viaje a Cuba, se nos hace difícil. Incluso, ahora en tiempos que muchos viajan a Cuba, sin restricciones del lado de acá, para muchos, Cuba sigue lejana, inaccesible, para otros que podemos visitarla, sigue distante y difícil. Preparar y hacer un viaje a Cuba, se nos dificulta casi tanto como un viaje a otra galaxia y más caro que un viaje a Europa.

Hubo años que una llamada telefónica, una carta, era algo muy difícil, casi imposible, para los que salieron de Cuba. Los primeros en irse, los que le siguieron después, por muchos años, pertenecían a un país que no existía en el espacio conocido, inalcanzable, hablarnos a nosotros de relatividad y curvaturas del espacio. Aprendieron sobre la marcha el significado de la relatividad, casi podían tocar con la mano, un país, perdido en el espacio, para siempre. Tenían familia cercana y lejana, voces perdidas en un teléfono, madres y hermanos que muchos no volvieron a ver. De cierto modo, tenían familia y no la tenían, aunque esto, también era relativo, el afecto por ellos, nunca fue mas fuerte que en esos tiempos difíciles.

Decidir emigrar, sin dudas, abre portales a curvaturas del espacio desconocidas, agujeros negros, donde las reglas de la física y la lógica, dejan de cumplirse. Aún viviendo en Cuba, la relatividad se hizo presente de muchas formas. Cuantas veces a la hora de preparar el almuerzo, para 5 ó 6 personas, las amas de casa cubanas, se enfrentaron a un pedazo de pollo que alcanzaba, cuando más, para dos!  Terminaban haciendo un delicioso almuerzo para todos, demostrando que poco, puede ser mucho  o al menos suficiente. Todo puede ser relativo para nosotros, desde la comida, la ropa y un sin numero de cosas mas.

Nos convertimos en el único país del mundo donde los alimentos, tenían vida propia, viajaban y llegaban cuando mejor les parecía. Cualquier extranjero hubiera enloquecido de escuchar gritos en el barrio; llego la carne! Llego el café! Corre que llego el jabón y hay un faltante! O en el colmo de la relatividad; llego el aceite del mes pasado! Solo nosotros, podíamos entenderlo.

En la época de la famosa libreta de la ropa, más de una vez, fuimos a comprar algo que necesitábamos con urgencia y nos paralizo un: hay pero no te toca! En este mundo nuestro, donde todo puede suceder y es relativo o usabas pañuelo para sonarte la nariz o tenias calzoncillos.

Para nosotros, poco, a veces es mucho y mucho, puede ser poco, depende de que hablemos y con quien hablemos. No, no estudiamos la teoría de la relatividad de Einstein, ni falta que nos hace, para saber que el tiempo es diferente, que se acorta y extiende, que al final todo es relativo. Lo único absoluto es y será siempre nuestro amor por Cuba y la certeza de un mañana que se anuncia entre arco iris y rayos de sol, un mañana con todos y para el bien de todos.

Tribulaciones de cubanos en Miami!

Emigrar, salir de  Cuba, como fuera y para donde fuera, fue un superobjetivo para los que estamos ahora de este lado. Damos gracias a Dios, a Cachita y a todos los santos, por haberlo logrado. Una vez asentados y acostumbrándonos a una nueva vida, aparecen nuevas preocupaciones, tribulaciones.

A veces, las personas que viven en Cuba, nos imaginan en un auto descapotable, viajando por Miami Beach, con una botella de champagne en la mano. Desconocen factorías, jornadas de trabajo de 16 horas, cuentas por pagar que agobian. Ignoran  las maromas que hacemos para poder sacar un extra para ayudarlos.

Hoy me contó un amigo, que su esposa llamo a la Oficina de intereses tratando de adelantar la entrevista de su mama, invitada por ellos para que venga de visita. La persona que la atendió, muy gentilmente, la sorprendió; le dieron cita para este año en noviembre. Aparentemente, esta noticia provocaría alegría infinita, casi una fiesta familiar, pero no es así. El asunto, es más complejo.

Mi amigo y su esposa, viajan este año a Cuba con su hija, se imaginan el gasto que esto conlleva, sobretodo, teniendo una familia numerosa en La Habana. Mi amigo, entre risas y casi lagrimas, me cuenta de una lista que tiene su esposa, con el dinero que dará a cada uno de los integrantes de la familia, a veces nos creemos una nueva versión de Los Reyes magos o Santa, pero aquí no terminan las tribulaciones de mi amigo. El papá de mi amigo, tiene entrevista en la oficina de intereses para junio. Mi amigo lo quiere traer después de octubre, en septiembre termina de pagar el child support (pensión económica) de su hija mayor, y cuenta con ese dinero extra para traer a su papá y darle algunos gustos. Agreguemos a esto que hace solo 15 días sacaron un carro y que a los 5 días ya le habían dado un golpe por detrás. Creo que mi amigo, tendrá que incluir a Guanabacoa, en su próxima visita a La Habana. Vía directa del aeropuerto a Guanabacoa.

Mi amigo, se ríe, hasta me duele la cabeza, me dice. Su economía planificada centavo a centavo, se ve amenazada, por ese adelanto de la visita de la suegra. Su esposa, después de pasar el primer susto, quiere llamar para atrasarla. La suegra, tendrá que esperar al menos un año, necesitan un respiro antes que la señora venga.

Recuerdo en una ocasión, planificando mi viaje a La Habana, fui con un amigo a Costco, compre un montón de cosas para llevar, pensando pagarlas con la tarjeta de crédito. Cuando llegue a la caja la tarjeta de credito no pasaba, la cajera me aclaro; solo cash. Créanme por un minuto pensé devolverlo todo, el cash (dinero en efectivo), era para pagar las cuentas y llevar a Cuba. Como dicen en Miami, primero muerto que sencillo,  mire al techo de la tienda y en un suspiro desgarrador, pensé ¡Dios, proveerá! Y pase mi tarjeta de banco. Al final, pude hacer mi viaje y pagar mis cuentas, sin males mayores, pero pase un buen susto.

Tengo otro amigo, que recientemente viajo a La Habana, a celebrarle el cumpleaños a su mama, pidió 3 días de permiso en el trabajo. Ayer me decía, Jose, ¡que bajito me vendrá el cheque el viernes! No se como podré terminar el mes. Así, transcurren nuestras vidas, somos felices al final y mejores especialistas en economía y presupuestos que graduados universitarios en la especialidad, somos la candela, unos barbaros.

En estos tiempos de crisis, muchos enfrentan disminución de horas laborales y salarios, otros han perdido el empleo. Algunos, hemos visto desaparecer el salvador overtime (horas extras), pero tanto allá, como acá, seguimos enfrentando dificultades con sonrisas, no nos dejamos vencer. No dejamos de ser cubanos, hacemos chistes de nuestros problemas y angustias y cuando alguien piensa que vamos a llorar, soltamos la carcajada.

Mi amigo de la historia, me contaba el rollo del viaje de la suegra riéndose, sabe que todo se resolverá felizmente. Al final, terminamos haciendo magia, miramos al sur, decimos un; ¡Cachita, ayúdame! El milagro ocurre, seguimos felices y agradecidos de estar del lado de  acá, entre tribulaciones y angustias, somos felices, vivimos una nueva vida, nos adaptamos poco  a poco, seguros que depende de nosotros, ¡Un mañana mejor!

Fotografia tomada de Google.

Obama, nosotros, discusiones y algo mas.

Hay quienes se arrogan el derecho de decirle a los demás, lo que tienen que hacer, ven al mundo como una gran aula y se autoproclaman maestros. Dictan tareas, comportamientos, pretenden decirnos que hacer, como actuar. El mundo, no es un aula, es una gran escuela, donde todos, somos alumnos, aprendemos día a día de todos, hasta del tonto, todos, tienen algo que enseñarnos!

Cuando alguien me dice, por qué no llevas una carta y la entregas en la inmigración cubana, pidiendo que dejen a todos los cubanos, sin excepción, regresar a Cuba o me sugieren que vaya a una de las mesas redondas y plantee que levanten las restricciones para viajar, me sonrío, no me molesto. No le reconozco a nadie el derecho a decirme que hacer, como tampoco pretendo decirlo a los demás. Una cosa es discrepar, argumentar una idea o principio contrario a los míos, discutir en buena lid y otra decirme que hacer o que escribir. Cada uno, tiene el derecho de hacer, sin dañar a terceros, lo que considere oportuno y justo en cada momento.

Desearía que los que no compartan mis ideas, tomen, definitivamente, partido, se expresen libremente. En vez de decirme por que no escribo o hago algo, me digan, sin medias tintas; apoyo la enmienda de las restricciones de los viajes a Cuba, perdimos ahora, pero seguiremos intentándolo, estoy con Díaz-Balart. Yo, expreso, libremente, mi apoyo al Presidente, ellos, tienen todo el derecho de estar en contra y apoyar las restricciones, de apostar por lo que creen, es su verdad. Eso, no nos convierte en enemigos, solo deja las cosas claras, los terminos medios, las ambiguedades, no favorecen las discusiones.

Tengo amigos entre los primeros que llegaron a Miami, entre los que se fueron de Cuba, por salvar la vida y créanme, no exhiben la intolerancia de otros que, en muchos casos no hicieron nada o hicieron muy poco. Lo dije una vez en público, ante el primer grupo de amigos que se reunió a conversar y escuchar mis escritos; mi intención, no es hacer un panfleto político, ya hay demasiados en la Internet y en el mundo real, saturan y aburren al mundo y a Miami. Cuando toco un tema político, lo hago y lo haré a mi manera. Los que quieran hacerlo a la suya, WordPress, los espera, con los brazos abiertos. Los invito a expresarse libremente en un blog. Correrán dos riesgos, como me dijo un amigo; cuando uno hace públicamente lo que le gusta, corre dos riesgos: ser ignorado o ser agredido, todo lo demás es lo que importa!

Tuve la oportunidad de conversar una tarde con Hubert Matos, creo que nadie con mas derecho que él, para estar resentido, para exhibir intransigencia. Me conmovió la paz y la tranquilidad con que hablaba, sin odios. Jamás se atragantó con espuma rabiosa ni histerismos, al contrario, se reía, mientras hablaba y contaba anécdotas. Aproveche la ocasión, para hacerle un montón de preguntas. Me transmitió parte de su paz, de su no permitir que el odio y el resentimiento hablaran por él, su no pretender hacer a los demás, pagar por sus heridas y cicatrices.

Mi amigo del exilio, que muchos conocen por mi escrito y algunos han tenido la suerte de conocer personalmente, en los encuentros entre amigos que hacemos en The Place, me abraza y bendice cada vez que voy a Cuba a ver a mi madre. Juntos disfrutamos de las fotos y hablamos del viaje a mi regreso.

No me considero militante ni partidario incondicional de ninguno de los dos grandes partidos de este país. En las elecciones pasadas, las primeras en que tenía el derecho al voto, decidí no ejercerlo, ninguno de los dos candidatos me convencía. Los que siguen mis escritos y mis amigos, saben que no le perdonaba a Obama, interponerse en el camino de Hillary a la presidencia y su discurso, no me convencía del todo, el otro candidato y su compañera de formula, inspiraban cualquier cosa, menos el deseo de votar por ellos. Tres años después, los tiempos cambiaron, el actuar y hacer del presidente electo democráticamente por amplia mayoría, terminó inclinando la balanza a su favor.

Nosotros, los cubanos que no olvidamos a nuestros familiares allá, que no los abandonamos a su suerte, los que contamos los pesos para ir a verlos y dejarles algo, tenemos que darle unas gracias enormes a Obama. Su oposición a las restricciones de los viajes a Cuba, nos garantiza abrazos y reencuentros, alegrías y años de vida a nuestros familiares, que reciben inyecciones de vida en cada visita nuestra. Muchas madres cubanas, agradecerán por siempre ese gesto de nuestro presidente. Digo nuestro, porque, aunque soy cubano ciento por ciento y orgulloso de serlo, también soy ciudadano americano, este, es también mi país, no tengan la menor duda. No me digan más que cambie las cosas en mi país, como si alguien pudiera decidir que de repente, deje de ser ciudadano americano. Este, también es mi país o acaso apoyar al presidente y criticar a políticos mediocres y mal intencionados, me retira esa condición? Me vuelve indocumentado o deportable? Si no fuera por lo serio del asunto, me reiría en vez de escribir.

Seamos objetivos, dejemos a un lado la familia, algo difícil, para mí y para muchos, pero hagámoslo por un instante. Acaso 50 años de total aislamiento, tanto de un lado como de otro, lograron algo? Provocaron algún cambio? Hicieron la diferencia? Solo aumentaron las necesidades de los que están allá, del otro lado, comiéndose el cable o buscando un cable desesperadamente que comer. Obama, apuesta por una apertura, por libertad de viajar y flexibilidades, los resultados los sabemos, el mundo y nosotros; estamos cada vez mejor informados de lo que sucede dentro de la isla, si el aislamiento fracasó, démosle la oportunidad a la apertura a probar suerte. Muchos que viven, se alimentan y lucran del aislamiento, se asustan, tiemblan, ven su imperio tambalearse, se molestan, los compadezco, su preocupación, es la alegría de muchos.

Cuando la campaña electoral pasada, dije a mis amigos; si Hillary Clinton, fuera candidata a la presidencia, me ofrecería de voluntario para trabajar en su campaña, apoyaría su lucha por la presidencia con todo. Cuando Obama, demostró inteligencia y bolas, al oponerse a las restricciones a los viajes a Cuba, hice un pequeño donativo a su campaña, una cantidad, que si acaso, alcanzara para una merienda, un apoyo casi simbólico. Mi economía y la temporada del año, no daban para más.

Cuando comenzaron las discusiones de los partidarios de las restricciones, de los que les duele la derrota de la enmienda de Díaz-Balart, su ridículo político y dinosaurico, me dije a mi mismo; si los que están a favor de los Díaz-Balart y en contra de los viajes a Cuba, odian tanto a Obama, entonces yo tengo que apoyarlo, pero apoyarlo de verdad, sin paños tibios, un silogismo sencillo, a lo cubano. Se lo dije a un amigo; me ofreceré voluntario para trabajar en la campaña de Obama en el 2012, aportare mi granito de arena en Pro de garantizarle 4 años más al frente de este país. Mi decisión, no cambiara el curso de la historia, no hará la diferencia, pero me dará la paz y el regocijo interno de estar del lado de la razón, de mi razón, de hacer lo que considero mejor por este, MI PAÍS!

Iré a La Habana!

Iré a la habana en un corcel de fuego o en un rabo de nube, iré a La Habana.

A veces, sin proponérselo, lo malo de La Habana reina en Miami, lo trajimos con nosotros, se nos sale, se le sale a algunos, por costumbre o por vocación. Aparecen entonces quienes quieren revivir asambleas donde discrepar era casi un acto suicida. Esos que reviven, día a día, el modo de hacer que dicen criticar, que desconocen que es tolerancia y comprensión. Su oficio, es imponer su criterio a cualquier precio.

Iré a la habana, entre aplausos o gritos, iré a La Habana.

Recuerdo una vez que una amiga y yo estuvimos hablando sobre Bush, yo, en contra, ella a favor, la conversación duro más de dos horas. Nadie se molesto, nos despedimos con un beso, ninguno intento imponer su criterio, sólo dialogar, enriquecernos los dos. Hay muchos que se molestan cuando alguien discrepa. El asunto de Cuba y los viajes a la isla, irrita a algunos, molesta a otros y hace feliz a muchos. Mencionar el tema, es como revolver las avispas, alborotarlas.

Iré a la habana, cuando sienta deseos de abrazar a mi madre, iré a La Habana.

En una ocasión, comentando el tema de Cuba, con una señora que trabajaba conmigo, me dijo; si todos nos unimos y no mandamos ni un centavo, provocaríamos un cambio, le dije; conmigo no cuentes, el dinero a mi mama, para que coma, no le faltara nunca. (No le falto durante dos meses que estuve en casa por una fractura múltiple). Estuvo unos días sin hablarme, después comprendió que entre ella y yo hay una gran diferencia; toda su familia, vive en USA, mi madre, esta en Cuba, no podremos jamás pensar igual, si, podemos entendernos mutuamente. Ser diferentes, no implica convertirse en enemigos, tratar de imponer uno al otro su criterio. Ser diferentes, nos lleva al dialogo, la tolerancia, la comprensión.

Iré a la Habana, Oh ceibas y palmas hermosas, iré a La Habana. 

Creo que cada uno es dueño de sus actos y decisiones y asume dignamente las consecuencias de estos. Pretender imponer a otros un criterio es absurdo. Querer que otros paguen por heridas ajenas, es mas absurdo aún. Todos tenemos nuestras propias cicatrices, nuestros recuerdos. Mis heridas, son mías, no tengo derecho a hacer que otros sufran o paguen por ellas. Tampoco puedo pagar por heridas ajenas.

Iré a la Habana, en un avión de alas plateadas, iré a La Habana.

Cuando se acercaba el día de mi primer viaje de regreso a La Habana, quise compartir mi alegría con una señora que lleva muchos años aquí, sólo le dije: el viernes me voy a Cuba, a ver a mi madre! Su rostro se contrajo en una mueca desaprobatoria. De forma brusca me dijo: no le lleves mucho dinero al gobierno de allá. La mire, me sonreí, le dije: despreocúpate, no conozco a nadie que trabaje en el gobierno, todo lo que llevo es para mi madre, ojala tuviera más, para poder llevarle más. No volvió a saludarme, ella perdió un amigo, yo, comprendí que a veces la intolerancia daña a quien la practica.

Iré a la habana, retozando en canciones y recuerdos, iré a La Habana.

Respeto y admiro a los que nos abrieron el camino. Esos que tuvieron el valor de construir Miami, de hacernos el camino más fácil a todos los que llegamos después. Tengo entre ellos, amigos entrañables, cada conversación que tenemos es una lección de historia y de cubania. Imagino su dolor por esa Cuba cerca y lejana para siempre, sus lagrimas, su no ver a sus madres e hijos. Tuvieron la fuerza de convertir ese dolor en trabajo y creación, se hicieron a si mismos mejores, construyeron Miami. Escucho sus historias, sus dificultades para llamar por teléfono, la demora infinita de las cartas, un eterno cartel de no regreso, su familia, perdida para siempre, su Cuba, inaccesible. Fueron extraordinariamente fuertes, lo son aún, lo serán por siempre.

Iré a la Habana, cuando las ganas se conviertan en ansias y las ansias en orden, iré a La Habana.

Marti, nos convoco siempre a la unión, mas de una vez, la división de los cubanos, hizo fracasar nuestros intentos. El punto no es querer que todos pensemos igual, hace muchos años, decidí no ser uno más en el rebaño. El punto es unirnos, hacer crecer lo que nos une y engrandece, por encima de diferencias y criterios que algunos intentan imponer a ultranza. Cada cubano, dentro y fuera de la isla, tiene su propia historia que contar y tiene todo el derecho y todo el izquierdo del mundo, a que le escuchen y respeten. Una razón, no es mas fuerte, porque se grite mas alto o porque este en boca de una figura pública. A veces, muchas veces, la verdad esta en boca del mas humilde, de aquel que no necesita gritar y hacer gestos efectistas para ganar atención, fama y dinero.

Iré a la habana, con sol o con lluvia, iré a La Habana.

Al final de la historia, Cuba nos espera a todos, no hace distinciones. Cura todas las heridas y ayuda a borrar cicatrices. La Habana se levanta sobre el malecón, nos saluda dándonos la bienvenida, agitando al viento su pañuelo azul, blanco y rojo. 

Iré a la habana, convocando espíritus, lanzando conjuros al viento,  iré a La Habana!