Esperanza, una historia de amor.

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Se amaron antes de verse, ambos se presentían desde siempre, desde el inicio de los tiempos. El, un profesional, coqueteando con sus 40s, ella una mujer de negocios en la plenitud de sus 20 años. Ambos habaneros, cansados de caminar esas calles buscándose uno al otro. Los dos decidieron emigrar, tal vez cansados de esa búsqueda y de otras más. Ahora vivían en Miami, una ciudad, donde encontrarse inesperadamente con alguien, a veces resulta difícil.  La Habana se encargó de juntarlos, se encontraron frente a frente, una vez que  coincidieron en un viaje a su ciudad, una tarde de abril, en plena primavera. Sus ojos se cruzaron a la salida de aduana, ambos adivinaron que estaban destinados el uno para el otro, que su búsqueda, había terminado. Se olvidaron de la familia que los esperaba, del equipaje y del mundo. Ella osada y atrevida, se lo comió con los ojos, mientras le deslizaba su tarjeta en el bolsillo de la camisa. Regreso en 5 días, escribió por detrás.

 

Al sexto día, él, la llamo, solo le dijo; ¡soy yo! Conversaron como si se conocieran de toda la vida, durante 45 minutos no existieron preocupaciones; el mundo se redujo a ellos dos. Se despidieron con  la promesa de tomarse un café juntos a la salida del trabajo. Cuando se vieron, 6 horas después, no se dieron la mano, no se dijeron hola. Corrieron a su encuentro y se besaron en la boca, como dos viejos amantes que se reencuentran, después de toda una vida separados.
A veces, el amor llega a destiempo, tanto lo buscamos, que al final aparece; solo que no llega en el momento justo. Por esas travesuras del destino, cuando se encontraron, él estaba casado. Un matrimonio de tiempo, que hacia años había perdido su intensidad, pero que el afecto y la costumbre, aún mantenían. El no solo estaba casado, un mal orgánico, lo apremiaba a someterse a una urgente operación, que el posponía, una y otra vez, en espera que su madre llegara y estuviera junto a él. No se atrevía a mirar a la muerte a la cara, sin apretar fuerte la mano de su vieja, una mujer especial que supo hacerlo un hombre y enseñarlo a amar. Su viaje a La Habana, fue para hacer gestiones y poder traerla cuanto antes.

 

A Esperanza, no le importaron los años de diferencia, ni el matrimonio, ni la salud precaria, amaba sin preguntas, sin esperas. Cada día con Manuel, equivalía a una vida y la vivía intensamente, hasta el último segundo. Sabia que el amor puede hacer milagros, no se daba por vencida. Hacia años, desde aquella tarde en que se subió sola a un bote, aprendió que la vida pone pruebas difíciles, pero que todas, todas, pueden vencerse. Borró, para siempre, la palabra imposible de su lista. Se bastaba sola para mover montanas, saltar abismos, construir un mundo.
Manuel, estaba deslumbrado con esta ilusión. El amor de Esperanza, lo hacia sentirse joven, en sus brazos olvidaba sus problemas de salud, las discusiones, todo desaparecía al influjo del encanto de esta muchacha que ni aún en los momentos mas difíciles, dejaba de sonreír. Mirarse en los ojos azules de ella, era como asomarse al cielo, escucharla reír, su mejor medicina. Su alegría, era solo un eco de la risa de ella. Cuando hacían el amor, era el único momento que olvidaba sus problemas de salud, la vitalidad de Esperanza, lo contagiaba y volvía a tener 20 años, a estar sano, a comenzar de nuevo el camino.

 

Un día, la esposa de Manuel, se entero de la relación con Esperanza. No discutió, no hizo una escena de celos, ella no lo amaba. La ausencia de hijos, la rutina, habían ido matando el amor que un día se juraron, para toda la vida. No lo amaba, pero se llevaban bien y gracias a él, disfrutaba de una buena situación económica. Mirándose en el espejo, Aleida se dijo a si misma.

-No, no haré una escena de celos, fingiré que no se nada, él, no se atreverá a dejarme, la Esperanza esa, será diez años mas joven que yo y mas linda, pero yo soy su mujer y seguiremos juntos. Nunca lo tendrá del todo.

Sonrío con malicia y se alisto para una guerra larga, donde se adivinaba como vencedera. Tantos años sin amor, le habían hecho olvidar su fuerza. Esa tarde, comenzó a gestarse la derrota de Aleida. Subestimar a un enemigo, es fatal en las guerras.

 

La salud de Manuel, se deterioraba por días, su madre atrapada entre papeleos y absurdos, no acababa de llegar. Una tarde, después de hacer el amor, Manuel, casi se muere en los brazos de Esperanza. Ella, en su desesperación lo abrazaba, tratando de trasmitirle su vida, sabia que mientras lo abrazara, nada malo podría ocurrir. Cuando se recupero, sin dejar de abrazarlo, le dijo:

-Así no puedes seguir, no te das cuenta que te mueres coño y yo contigo. Déjame estar a tu lado en la operación, se que si tomo tu mano mientras dure, nada malo podrá pasarte. Mañana vamos juntos a ver el medico y fijamos la fecha de la operación. No puedes seguir esperando que llegue tu madre, si quieres volver a verla, no puedes posponer más la operación.

Manuel, la miro entre lágrimas, casi sin fuerzas le dijo.

-Como tú quieras, solo te pido algo; si me muero, no te mueras conmigo, quiero seguir viviendo en el azul de tus ojos, en tu risa.

Esperanza lo miro, sonrío y acariciándole el pelo, solo susurró.

-Como tú quieras mi vida, todo será como tú quieras, lo prometo.

 

Esperanza, se encargo de coordinar todo. El doctor, reviso la historia clínica, le hizo algunas preguntas, cuando comenzó a hablar se dirigió a  Esperanza, adivinaba que solo con su ayuda podría operarlo cuanto antes.

-Hay que operar enseguida, nos estamos arriesgando a lo peor. Cada día cuenta, si se demora más de un mes en operarse, tal vez sea demasiado tarde.

Esperanza, mirando a Manuel, le respondió.

-Cuanto antes doctor, usted ponga el día, yo me encargo de todo y de traerlo a él, aunque sea a la fuerza. Solo pondremos una condición; yo estaré a su lado durante la operación.

Mario, el medico, saco un pañuelo y fingió que limpiaba sus espejuelos, una manifestación de amor siempre conmueve y emociona, aunque se este acostumbrado a lidiar con la muerte todos los días. Los miro y con calma les dijo.

-Legalmente otra persona tiene ese derecho, si insiste, no podré negarme.

Manuel, miro fijo al doctor.

-Yo me encargo de eso, a mi lado estará Esperanza o no hay operación.

Esperanza, apretó fuerte su mano, mientras el azul de sus ojos tenía destellos dorados.

Al salir del hospital, Manuel le dijo.

– Cuando salga del trabajo, paso a recogerte en mi auto, hoy, necesito dormir contigo.

Esperanza lo miro a los ojos, no hizo preguntas, trato inútilmente que él no notara el temblor de su cuerpo en el abrazo de despedida.

 

Antes de salir del trabajo, llamo a Aleida, fue breve.

-Esta noche, no puedo ir a dormir, no te preocupes, estaré bien.

Aleida solo dijo un acido, OK. Esto no estaba en sus planes, su rostro se contrajo. Se miro en el espejo, sintió el paso del tiempo en su piel, se vio vieja de pronto, como si de golpe hubiera envejecido diez años.

 

Manuel, recogió a Esperanza. Hicieron todo el viaje  tomados de la mano, querían aprovechar hasta el ultimo segundo de ese tiempo juntos, hacerlo perfecto.

Esa noche, se acostaron desnudos, no hicieron el amor, el amor los hizo. Durmieron abrazados, sus labios estuvieron unidos toda la noche. Las sabanas amanecieron húmedas, Esperanza, aferrada a Manuel, tuvo repetidos orgasmos mientras dormía. Se despertaron temprano, desayunaron rápido, mientras se miraban como dos adolescentes enamorados. Manuel, la dejo en su trabajo, se despidieron con un beso, que amenazó con no tener final.

 

Cuando Manuel regresó a su casa, en la tarde, Aleida, no hizo preguntas. Pensaba que ignorando lo que había ocurrido, seria como si nunca hubiera pasado. Se consideraba muy astuta, no se daba cuenta que sus días al lado de Manuel, estaban contados, Esperanza, ganaba cada día mas terreno, Manuel no podría ya vivir, sin mirarse en sus ojos, sin escuchar su risa, sin tenerla a su lado.

 

Se acercaba el día fijado para la operación. Mario, previéndolo todo, se reunió con Manuel, le explico los riesgos que corrían, la posibilidad de una hemorragia.

-Tendremos que tener sangre de reserva, hice algunas pruebas y Esperanza puede ser la donante, de más esta decirte que aceptó con gusto.

-¿Doctor, puedo morir? Pregunto Manuel con miedo en los ojos, sin Esperanza a su lado, se sentía débil, desprotegido.

-Si, pero mis años de experiencia están a nuestro favor, varias veces, en Santiago de Cuba, con menos recursos, hice esta operación y nunca perdí a un paciente. Ahora, tengo más experiencia. Créeme, haré lo imposible por salvarte, hace años en Cuba, vi morir al amor de mi vida, fui impotente para salvarle. En cierto modo esta es mi revancha con la muerte. Te salvaré Manuel y un día, iré a tu boda con Esperanza. De tanto lidiar con la muerte y salvar vidas, uno termina adivinando el futuro de los pacientes.

 

La noche antes de la operación,  Manuel, solo en la habitación del hospital, llamo a su madre, no quería preocuparla, pero necesitaba oír su voz, para saber que todo estaría bien.

– ¿Mami, como estas? Te quiero mucho, mucho. Dijo Manuel, mientras trataba de lucir tranquilo.

-Orando por ti mi hijito, mañana te operas y he pasado días, hablando con Dios, se que todo saldrá bien, aunque no pueda estar a tu lado.

-Pero mama, ¿como lo sabes? No quería preocuparte.

-Esperanza, me llamo y me lo dijo, parece una buena muchacha esa amiga tuya. Me explico que prefería que yo lo supiera para que estuviera pensando en ti y enviándote toda mi energía. Hace dos días regrese de El Cobre, tuve una larga conversación allá arriba.

-Mama, eres un ángel, saberte pendiente, me da fuerzas extras, me obliga a vencerlo todo, dijo Manuel, mientras hacia un esfuerzo para no llorar.

Se despidieron con miles de besos. Manuel, en sueños, sintió el abrazo y los besos de su vieja.

 

Mario, antes de dormirse, pensó en Manuel y en Esperanza, confiaba que todo saldría bien, aunque sabia los riesgos con que se enfrentaría. Había vencido varias veces a la muerte, le debía al amor esta victoria. Miró la foto de su esposa en la mesa de noche y se durmió soñando con el amor.

 

Llego el día de la operación, Esperanza, entró al salón, mientras Aleida la miraba con todo el odio del mundo. Recordaba las palabras de Manuel una semana antes.

-Me decidí a operarme, una amiga me convenció, ella estará presente en la operación, tenemos el mismo grupo sanguíneo y en caso de una emergencia, podrá donar la sangre. Manuel, bajo la vista, no le gustaba mentir y sabía que si la miraba a los ojos, sabría toda la verdad.

-Solo bajo esta condición, acepte operarme sin que mamá estuviera a mi lado.

Pensó en oponerse, pero sabía que seria inútil, Manuel era testarudo, muy difícil de convencer. Mientras lo llevaban al salón de operaciones, recordó todos estos años juntos. Fueron felices al principio, muy felices, después vino la rutina. No recordaba en que momento exacto murió el amor. Siempre se llevaron bien, no discutían, pero los años, los fueron convirtiendo en una especie de amigos, que en ocasiones se usaban para saciar urgencias sexuales. A pesar de todo, no estaba segura de haber sido derrotada; la costumbre, es a veces una fuerza poderosa, ella lo sabía por experiencia propia.

 

En el salón, Mario daba las órdenes necesarias. Manuel, estaba ya bajo los efectos de la anestesia, Esperanza, apretando fuerte su mano, decidida a transmitirle su fuerza, a darle su vida si fuera necesario. Mario, comenzó la operación, Esperanza, sin fuerzas para mirar, apretaba con fuerza la mano de Manuel y miraba su rostro. Llevaban mas de una hora operando, toda iba bien aparentemente. De pronto, se escuchó la voz de Mario.

-Urgente otra transfusión, esta perdiendo mucha sangre.

La hemorragia que tanto temía, se había desatado, sabia que si no actuaba rápido, podía perder a Manuel. Consumieron el penúltimo litro de sangre. En el momento de colocar el último litro de reserva, nadie supo explicar cómo ni por qué, se escapo de las manos de la enfermera y se rompió en pedazos contra el piso. Esperanza, pálida, miro al doctor. Mario dio órdenes de proceder a realizar una transfusión directa de Esperanza a Manuel, era la única solución, por suerte, la había realizado antes, durante su servicio social, allá en las montañas de Oriente.

Esperanza, se negó a soltar la mano de Manuel y así sujeta a él, le fue dando gota a gota, parte de su vida, de su fuerza. Mario, termino la operación. Había salvado a Manuel. Esperanza, agotada  y débil, seguía sosteniendo su mano, sujetándolo a la vida. Llevaron a Manuel para cuidados intensivos, mientras Esperanza, fue obligada a guardar reposo, hasta que se recuperara.

 

Mario, nunca supo si fue su experiencia, la sangre de Esperanza o el amor quien hizo  el milagro; Manuel se recuperaba por días, volvía a ser el de antes, todos se asombraban de su pronta recuperación; el amor y las ganas de vivir, completaban el milagro. Llego el día de abandonar el hospital, Manuel se extraño que Esperanza no hubiera ido a estar con él, a acompañarlo hasta el auto.

-Debe estar afuera, esperándome en el auto, pensó mientras recogía sus cosas.

 

Manuel, salio del hospital, acompañado por Mario, afuera, en su auto, lo esperaba Aleida, que salio a su encuentro. La detuvo con un gesto. Su mano extendida, solo dejaba espacio para un frío apretón de manos.

-No Aleida, te agradezco que vinieras, tus cuidados, tu preocupación, pero sabes que ya no nos amamos. Seamos amigos, ya que no pudimos seguir siendo amantes, no me guardes rencor. Tú, tampoco me amas, no tendría sentido continuar juntos por costumbre, tienes derecho a rehacer tu vida, a volver a amar, no te preocupes por nada, seguiré cuidando de ti. Puedes quedarte con la casa, será mi primer regalo de amistad para ti.

Aleida, entendió el mensaje de Manuel, tendió su mano, se despidieron como amigos. Lo conocía demasiado bien para intentar nada después de sus palabras.

 

Manuel vio partir a Aleida. Justo en el instante que iba llamar a Esperanza, su auto llegó. Junto a ella, una persona que le resulto familiar, pero que no distinguía bien desde lejos. Esperanza se bajo, abrió la otra puerta del auto, Manuel, asombrado y emocionado, vio a su vieja, creyó que era una ilusión, dudo que fuera realmente ella. Esperanza corrió a él gritándole.

-Tuve que recogerla en el aeropuerto, quería darte la sorpresa, soborné y moleste a un millón de gente, pero aquí la tienes, contigo para siempre, con nosotros.

Se abrazaron los tres entre lágrimas.  Al besar a su madre, Manuel sintió el olor de su infancia, de su casa, de la calles de su ciudad, como si La Habana en su madre, quisiera ser parte de este, su comienzo de una nueva vida. Mario, que sabía el secreto de Esperanza, los miraba desde la puerta del hospital. Si entre todos, le habían ganado la batalla a la muerte, el amor hacia el milagro de una nueva vida.

 

El amor lograba convertir una historia real en un cuento rosa que yo, solo adorné con palabras.

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Mami, !mi novia!

Ayer, una amiga, me hablo de una canción; Mi novia, se me esta poniendo vieja, de Ricardo Arjona, me dijo, no dejes de oírla, te va a gustar. Hoy, en la mañana, la lluvia, me impidió ir al gimnasio, recordé la recomendación de mi amiga, busque la canción. Mis amigos, saben que la emoción me hizo llorar, me parecía escrita por mi y dedicada a mi mamá. Hay canciones así, que nos revuelven sentimientos y recuerdos, el alma y las lágrimas.

Es cierto que mi novia, se me esta poniendo vieja, el próximo febrero iré a celebrarle su cumpleaños 85. Cada febrero 19 doy gracias a Dios, por el regalo de tenerla a mi lado, disfruto su voz en el teléfono,  aún en la distancia, se que me piensa y me envía su energía. Los días que pasamos juntos, son todos de fiesta, una fiesta especial, diferente, nos separamos solo para dormir y a la hora del baño. No hay amigos, fiestas, ni aventuras, capaces de robarle un minuto a su tiempo, son días solo para compartirlos juntos, cada uno vale por 100 o mas. Repletamos nuestra provisión de besos y abrazos, para enfrentar el tiempo ausente. En solo 7 u 8 días, le ganamos la batalla a la distancia y las ausencias.

Recuerdo una vez que una amiga, miraba las fotos de uno de mis viajes a La Habana, de pronto me dijo; tu mama nunca anduvo de novia con tu papa, estoy segura que su noviazgo fue corto. Es como si fuera tu novia, va de tu brazo, con tanto amor y orgullo que impresiona. Es como si se desquitara de un noviazgo que no tuvo; ¡Parece tu novia, de tu brazo!

Entre ella y yo, siempre ha existido una relación especial, diría yo, que hasta extrasensorial. Hasta las enfermedades le adivinaba, cuando vivíamos juntos y la única vez que su vida estuvo en peligro, lo presentí y corrí a arrebatarla de los brazos de la muerte. Me interpuse entre ellas, retando a la muerte, diciéndole; ahora vas a tener que vértelas conmigo, bajo la cabeza y se fue con las manos vacías, mientras yo cargaba a mami hacia la vida.

Si, mi novia, se me esta poniendo vieja, lo se, como también se que basta una llamada, un beso, para que vuelva a ser eternamente joven. Mi novia, se ríe de los años, ambos sabemos que el amor hace el milagro y el amor nos sobra. Suma años, experiencias, sabiduría y afectos. Ella y yo, sumamos nuestro cariño y amor, seguros que basta su amor para sostenerme  y mis brazos, para mantenerla en la vida.

Muchos de mis amigos, sin conocerla, le envían regalos, besos, saludos. En mi último viaje me dijo; dale las gracias a todos los que preguntan por mi, a los que me mandan un beso o un cariño. Le propuse hacerle un video y que ella le diera las gracias, uno por uno, lo pondría en mi página de FaceBook, se negó. No, se nos olvidaría algún nombre y quiero que todos, sin excepción, reciban mi agradecimiento, hazlo tú, por mí, de un modo general.

Mi novia, se apoya en mi brazo al andar las calles de mi ciudad, a veces, me detengo, la beso, le pregunto; cansada? No mi hijito, sigamos caminando. A mi lado, no hay achaques, ni fatigas, recorremos la ciudad en salidas maratónicas, mientras su risa, va adornando la ciudad y mi corazón.

Si, mi novia, se me esta poniendo vieja, pero ambos sabemos que también se me esta haciendo eterna y presente cada día. El milagro del amor la sostiene y la guarda. Dios, desde las alturas, me envía señales, La Habana, me hace un guiño, ambos coinciden en su mensaje; si se esta poniendo vieja, pero tranquilo, ¡hay vieja  y novia, para rato!

Mami, el barrio, recuerdos y yo.

Anduvo todo el barrio, una y mil veces, hizo mandados, colas. Recorrió tiendas buscando lo necesario para la casa, para nosotros. Nunca fue de visitar vecinos, no tenía tiempo para visitas, cocinar para 7 personas, limpiar la casa, tener la ropa de todos lista, le consumían prácticamente, todo el tiempo del día, del año, de su vida.

Recuerdo cuando se arreglaba, para acompañar a mi padre a recepciones en embajadas y a comidas importantes. La mirábamos salir del cuarto, transformada, bella. Los que la saludaban y hasta piropeaban en sus salidas, no podían imaginar que antes de maquillarse y con las uñas pintadas, fregó hasta el ultimo plato, la ultima cazuela. Al regresar, siempre nos traía algo en su cartera, no podía disfrutar la noche, si no compartía aunque fuera un bombón con nosotros.

El tiempo ha pasado, ha visto partir a muchas de las vecinas de años, a todos sus hermanos. Un día, me miro a los ojos, me dijo; sabes tu padre, siempre me decía que yo iba a vivir muchos años, que seria muy longeva. Suma años, amores y afectos, muchos se dejan conquistar, no se resisten a su encanto. Sin saberlo, se ha convertido, poco a poco, en un símbolo en el barrio. Es como si los años y su experiencia, le hubieran otorgado un cargo especial, es punto de referencia, un ejemplo.

En uno de mis viajes a La Habana, una amiga de mi hermana, experta en asuntos de amores, demasiado experta tal vez, me dijo; es increíble, ella, me aconseja, le cuento mis problemas y su consejo es siempre el mas acertado. No se si un día irán personas de diferentes rincones del país o el planeta a pedirle consejo. Ella, los recibirá, les sonreirá, los escuchara y les dirá que hacer, sin alzar la voz, como acariciándolos con las palabras.

Se sienta en el portal, mira la gente pasar, la saludan. Muchos, le dicen; tomando el fresco? Sonríe, asiente, no es capaz de decirles que espera. Aunque falten meses para mi regreso, se sienta en su sillón, se mece, cierra los ojos, me imagina junto a ella. Siempre espera, en un lugar, donde muchos ya no esperan nada. Ella, no pierde la esperanza, ni la sonrisa. Desterró, para siempre, las lagrimas, solo se da el lujo de llorar de felicidad en cada reencuentro, en cada emoción compartida.

Hace unos años, la primera vez que mi sobrino, pasaba días fuera de casa,  mi hermana desolada y triste, le pregunto; como pudiste soportar la partida de todos tus hijos, como puedes soportar tener lejos a Joseito, su respuesta fue corta; sólo yo se de ese dolor!

Siempre pareció frágil, hasta débil, tras esa aparente fragilidad, hay una mujer de acero, que ni penas ni ausencias, logran vencer. Recuerdo cuando murió mi padre, llegue a La Habana a las 3 de la tarde, el entierro había sido en horas de la mañana. Cuando entre en la casa, mami dormía, llevaba dos noches sin dormir. Mi hermana, la despertó, se abrazo a mi llorando y riendo, fue la primera vez que comprendí que alguien puede estar muy triste y muy alegre a la vez, sus ojos lloraban  y su boca reía. Esa imagen se grabo en mí, para siempre.

Una vez, en unos de mis viajes, aprovechó unos minutos  a solas, me miro a los ojos y me dijo; cuando ya no este, no quiero que llores, ni sufras, me iré, sin que me debas nada, todo me lo diste en vida, eres el mejor hijo del mundo, cuando ese momento llegue, quiero que estés tranquilo. La abracé llorando, solo le dije, pero mami, para eso faltan como 50 años, nos reímos juntos.

Me confeso algo que nadie sabe, cada noche besa dos fotos mías, en una estoy alegre, en otra triste, pensativo; es una forma de estar junto a ti, en tus alegrías y en tus tristezas, me dijo. Tal vez por eso, mis alegrías se multiplican y mis tristezas duran poco, ella, desde La Habana, hace el milagro.

Una tarde, conversando con una amiga, me decía, nada malo puede pasarte, cuando se tiene una madre como la tuya, pensando constantemente en ti, pidiendo por ti, estas protegido. Mami, desde La Habana, mira al cielo, habla con Dios, sabe que él la escucha. Se interpone ante las penas y abre el camino a alegrías. A veces, me pregunta, cuando vas a enamorarte? Quiero verte con una buena persona a tu lado, tal vez, me enamore pronto y la complazca, tal vez no y así se quedara muchos años mas entre nosotros, sabiéndose necesaria, imprescindible.

Una vez, escribí algo corto, dedicado e inspirado por un joven mejicano, que fue abandonado por su madre. El la busca desesperadamente, solo para darle un abrazo y decirle que es un hombre de bien, que no tiene que avergonzarse de él. En mi escrito, yo, que guardo montones de besos y abrazos de mi madre, le regalaba uno, uno solo bastaba para hacer el milagro y darle la fuerza necesaria para continuar en su búsqueda.

Pensé no escribir mas hasta mi regreso de Cuba, pero la cercanía del viaje, la certeza que me esperan los brazos de mami, han revuelto ideas y recuerdos en mi mente. Mami, allá, en el barrio, desde su portal, me espera, los vecinos pasan, la saludan, preguntan por mí, una sonrisa gigante les responde, vuelve pronto!

Las casas en la playa!

Hace días, unos amigos me invitaron a pasar el fin de semana en un hotel en Miami Beach. Habían reservado un apartamento, que incluía dos cuartos, sala comedor, balcón y cocina. Allá fuimos cargados, en aras de ahorrar y pasarla bien. Mientras disfrutaba de las comodidades, recordé las famosas casas en la Playa de La Habana.

Que habanero que se respete, no cargo con bultos y paquetes, a pasar una semana o solo un par de días, en una casa en la playa. Muchos, crecimos, sin conocer hoteles. Nos conformábamos con aquellas casas en la playa, medio en ruinas. Nada podía detenernos para pasar unos días diferentes, ni la falta de agua, ni dormir en el suelo. Nuestras casas en la playa, parecían más bien, edificios multifamiliares, solares de verano.

A las casas en la playa, llevábamos de todo. Era una mudada en jabas y guaguas. Preveíamos cualquier carencia y cargábamos con todo lo necesario. Pobres ventiladores plásticos, que hicieron una y otra vez el viaje a las playas, única opción para dormir tranquilo, sin el acoso de los mosquitos. Recuerdo una ocasión que compre un repelente y me embadurne en él, huyéndoles a los mosquitos. Estrenaba unas chancletas azules, mis pies terminaron azules y mis flamantes chancletas, de supuesta marca, casi disueltas por el repelente. Se imaginan, el efecto de esa sustancia química sobre la piel?

Las casas en la playa, eran mucho más que disfrutar del sol y el mar, más que compartir entre amigos y familiares. Eran una fiesta, nos olvidábamos de todo, nos íbamos para la playa! En tiempo de escaseces y privaciones, nos la arreglábamos para encontrar qué cocinar. Hacíamos una gran comida al día, cada uno aportaba algo de su inventiva y al final, saboreábamos satisfechos el resultado. En muchas ocasiones, una gigantesca ensalada fría, ayudaba cuando el hambre apretaba.

Muchas parejas que carecían de privacidad y condiciones, aprovechaban las casas en la playa, como lunas de miel improvisadas. Nosotros, los cubanos, curamos stress y angustias con amor. Aprendimos a sustituir tilos y meprobamatos con abundancia de sexo. Ansiolítico perfecto, nuestro amor en los tiempos de crisis.

Para una parte de la población, ir a una casa en la playa, era abrir una ventana a Las Vegas. Shows y producciones incluidas. Decididos a soñar, no teníamos limites, nunca lo hemos tenido. Más allá de prohibiciones y represiones, aprendimos a vivir el día a día, a nuestra forma y manera. Aunque a veces, en pleno show, alguien tocara autoritariamente a la puerta y pelucas y vestidos, desaparecieran, como por arte de magia.

Desde la comodidad del hotel en Miami Beach, evoque las casas en las playas. Nuevos y valiosos amigos ocupan el lugar de otros lejanos u olvidados. A pesar de todo el confort y sin ser masoquista, un pedacito de mi, echaba de menos aquellas locuras y aventuras que significaban, una casa en la playa en La Habana.

Una casa en la playa, ha sido, como una islita, dentro de la isla mayor rodeada de playas. Dentro, dábamos rienda suelta a sueños y alegrias. Escondíamos u olvidábamos, penas, frustraciones y tristezas. Cada casa en la playa, se convertía en una explosión de risas, una fiesta, un baile, aunque una mañana, sonara la campana anunciando el final y dejáramos, en el apuro, alguna cazuela vieja olvidada. El representante del “plan”, llegaba, como la madrastra inflexible, dispuesto a contar, uno por uno, todos los utensilios incluidos en el inventario.

Cerrábamos la puerta de la casa, guardábamos sueños y carcajadas, en mochilas y jabas. Nos íbamos sin mirar para atrás, conscientes siempre, que el mañana, llegara puntual, estrenando sentimientos, colores y sueños.

Mercedes!

Es una mujer común y corriente, no es una escritora, ni una cantante conocida, cumple hoy, 78 años. Mercedes, es una cubana que en 1960 abandono Cuba. Puede usar joyas visibles, pero siempre lleva con ella, prendida en su corazón, su joya mas valiosa; su isla, sus recuerdos, que ni siquiera un alzheimer’s que comienza, lograra arrancarle.

Mercedes, tiene toda la cubanía a flor de piel. La descubrí mientras esperaba su vuelo a Atlanta. Su hija y sus nietos, la esperan para celebrar juntos, su cumpleaños. Solo pude separarme de ella, cuando la deje sentada en el avión. Su gracia criolla, su sonrisa, sus anécdotas, tejieron una red, que me atrapo, para siempre.

Encontrarme con esta mujer, reír con sus historias, fue como si La Habana, viniera a saludarme. Su esposo de origen argentino, amo intensamente a Cuba. Allí, conoció a Mercedes. Tal vez, por estar casada muchos años, con un diplomático, mi ciudad, la eligió a ella de embajadora, para enviarme su risa y su alegría. Mercedes, es como un cascabel, no para de reír y de contar historias.

Tiene mil historias que contar, me hablo de su primer amor, aún mantienen contacto. Se conocieron en España, en Oviedo, en la verbena de San Mateo, el patrón de Oviedo, fue la primera vez que bailo sobre la hierba. Aún recuerda la canción que bailaron. Busca en su cartera y me muestra una foto reciente, con su primer amor. Me convenzo, esta mujer, la envío mi ciudad. Ella, como La Habana, no olvida un amor, tiene el raro privilegio de una vida larga y la frescura de un primer amor en su sonrisa y en su alma. Ríe a carcajadas, me contagia su risa.

Mercedes, me cuenta, que una vez, en Madrid, le preguntaron si era cubana, se asombraron; rubia y con ese pelo, ese no es pelo de cubana! Aclaro que Cuba, exhibe todas las “razas” y todas con igual orgullo. Le soltó a la española; a ustedes son lo que mas les gusta la carne negra. Me mira y me dice, el mejor invento español, no es el submarino, es la mulata, eso lo sabe todo el mundo.

Conversando con Mercedes, le conté que escribía, de mi blog, de mis encuentros entre amigos, en The Place, me dio su email. Le encanto la idea de reunirse a compartir escritos y anécdotas, de reír juntos.

No se me ocurrió tomarle una foto, dejar constancia de su existencia, compartirla con ustedes. En el momento de abordar, Mercedes, no encontraba el ticket, entre risas, me dijo, se me olvidaba que lo puse en el bolsillo mas seguro, lo sacó de su pecho. Esta mujer, como La Habana, se ríe de achaques y de arrugas, habla del mañana y vive a plenitud el presente.

Guardo en el balckberry su email, ya le envíe un mensaje, tal vez nunca responda. Tal vez Mercedes, no es un ser real, fue un regalo que mi Habana quiso hacerme, la creo para mi. Su nombre aparecía en la lista de los pasajeros, pero se que mi Habana, lo puede todo. Tal vez mañana u otro día reciba respuesta de Mercedes, no me extrañaría que al abrir el mensaje, una ola del malecón, me salpicara el rostro o un colibrí, saliera volando.

La Habana rie?

Muchos que no han visitado nunca La Habana, cuando nos oyen hablar de dificultades vividas imaginan al habanero infeliz, triste, una ciudad de zombies. Nada más lejos de la realidad, el habanero, el cubano en general es feliz por decisión, por vocación. Creo que en el momento justo de la fundación de la villa de San Cristóbal de La Habana, sus primeros habitantes, optaron por la felicidad como su estado natural.

Ciudad que no se deja vencer por dificultades. Ni siquiera en momentos en que estuvimos a punto de desaparecer, perdimos la sonrisa. Aprendimos que podemos perderlo todo, menos la sonrisa. Nos adaptamos e hicimos de cada dificultad, un motivo mas para reír, para no dejar escapar la felicidad.

Cuando esperar la guagua se convirtió en espera de horas, hicimos de las paradas tertulias, sitio de encuentro de habituales. Conversábamos y hasta olvidábamos a veces, el motivo de espera. Si la guagua estaba repleta, si dar un paso buscando la puerta de salida, era casi tan difícil como conseguir una visa, aprendimos a disfrutar ese roce, esas caricias furtivas y hasta a hacer el amor sobre ruedas. Cuando los gatos y los gordos desaparecieron de la ciudad e hicieron su aparición el picadillo de soya y la masa cárnica, inventamos recetas, perdimos libras, jamás la sonrisa.

Ser feliz, es una opción, no perder la sonrisa, una decisión, así somos y seremos por siempre. En mi último viaje a La Habana, escuche a una vecina gritar: hace dos días que no entra el agua a este edificio, ya no me queda ni para lavarme la papaya! Me quede de una pieza, hacia años no escuchaba algo así. Mas tarde, cuando salíamos a almorzar en uno de los sitios preferidos de mi mama, la vecina del grito, sentada en la escalera de su edificio, reía con unas ganas, que invitaban a reír con ella. Cualquiera diría que le asentaba no poder lavársela!

No piensen que no lloramos, que desconocemos penas y tristezas. Hemos compartido muchas y el llanto ha sido abundante, pero secamos la lágrima y ensayamos la sonrisa. Sabemos que las lágrimas están seguras, luchamos día a día por la sonrisa, por ser felices. El habanero, el cubano, sabe que la felicidad perfecta no existe, la disfruta por momentos. Olvida penas y angustias y ríe con todo, disfruta lo bueno de la vida. No somos superficiales, conocemos el sufrimiento, pero no lo alargamos, le damos su espacio justo y seguimos siendo felices. Después de una lagrima, viene siempre una carcajada, la próxima, es siempre la mejor!

La Habana, es feliz. Se recuesta al mar y espera, es feliz con la certeza de quien se sabe hacedor de sueños y embrujos. Fabrica natural de felicidad, de risas y alegrías. Ciudad donde las penas saben que no tendrán jamás vida eterna; la sonrisa, siempre triunfara!

Vamos a bañarnos!

Algo tan sencillo como el acto del baño diario, comenzó a dificultarse, para bañarnos necesitamos al menos, agua, jabón, champú, desodorante, los mas exigentes necesitan ademas alguna colonia y talco, parece fácil, verdad? no lo crean, lograr reunir el mínimo de los elementos necesarios, requería poner en tensión todas nuestras fuerzas, hacer proezas, el sencillo acto de tomar un baño, se nos fue complicando a niveles inimaginables.
El jabón de baño, fue racionado, medido, pesado, sólo un tipo; jabón nacar, cambiaba de color a veces, pero siempre seguía siendo el mismo. Uno al mes, a veces mas, a veces menos, no recuerdo bien la cuota exacta, pero siempre insuficiente para garantizar una espuma abundante, realmente este jabón nacar, no fue nunca muy espumoso. Jamas tuvo relaciones con cremas o sustancias hidratantes.

Tengo una amiga, que salió de Cuba en el 95, desde entonces el acto de bañarse, se ha convertido para ella en un orgasmo higiénico, inunda el baño de espuma, disfruta el despilfarro del jabón que tantos años se vio obligada a ahorrar. Dice que por mucho jabón que gaste, jamás podra llegar al número de jabones que le corresponden en vida.

Cuantas veces, jabón en mano, no podíamos consumar el acto, nos faltaba el agua, había que cargar un cubo y conformarse con bañarnos a jarritos. El agua reservada al baño, era intocable. Los cubanos somos un pueblo que amamos la limpieza, presumidos por excelencia, no renunciamos al baño diario bajo ninguna circunstancia. Ahora, cuando disfruto de una ducha y el agua me golpea con fuerza, me enjabono una y otra vez, me pregunto, como pude mantenerme limpio, oloroso, misterios de nosotros que nacimos inventores en medio del Caribe.

Cuando mi cabello era copioso y rebelde, me las ingeniaba para conseguir champú, primero conocimos al champú fiesta, pariente muy lejano de los que usamos ahora, despues hizo su aparición el Fiesta para pelo graso y seco, todo un derroche de variedad que casi nos abruma. Comprabamos champú de breacina en la farmacia y hacíamos mil creaciones en el intento de lucir un pelo limpio y brilloso, miel de abeja, aguacates maduros, huevo y aceite todo valía si el resultado era un; qué lindo tienes el pelo!

Los complementos para dar el toque final a un buen baño, talco, desodorante, colonia, nos dejaban sin fuerzas en una lucha continua por encontrarlos. Nunca olvido un amigo médico que cumpliendo su servicio social, entró a una tiendecita en un pueblito en Oriente, preguntó si tenian desodorante, la respuesta fue rápida; careco, el dijo; no importa la marca, cualquiera sirve, la dependienta lo miro iracunda; no entiendes, careco, que no tengo! . Cuando carezco, se convirtio en una respuesta casi diaria, aprendimos a usar leche de magnesia, bicarbonato y otros inventos, alquimistas improvisados, capaces de todo, cubanos al fin!

En los años en que los gatos huían despavoridos de la ciudad, perseguidos por hambrientos cazadores, escuché, un día, el nuevo invento cubano, el jabón angolano! cuando pregunté, la respuesta me hizo reír y llorar; mucha agua y con las manos! Esta costumbre nuestra de reírnos de todo, nos burlamos de nosotros mismos, reímos con todo,  en un acto de sobrevivencia y cubanía que supera todas las dificultades.

Cuando el dolar hizo su entrada triunfal, las tiendas que exigían los verdes para poder entrar, comenzaron a ofrecer jabones, champus, desodorantes, perfumes, de diferentes marcas. Lo difícil ha sido, desde entonces, para el ciudadano medio agenciarse los dolares y garantizar su higiene, no sé como lo hicimos, no sé como lo siguen haciendo, alumnos aventajados en el curso de sobrevivencia, no tenemos límites a la hora de inventar.

Un día, nos daremos todos juntos, un baño colectivo, derroche de espuma y agua que nos limpiara de sufrimientos, angustias y limitaciones y envueltos todos en el perfume de la esperanza, estrenaremos un brillo nuevo en la piel. No cargaremos cubos de agua, será un torrente incontenible que limpiara cuerpos y almas y nos diremos unos a otros, vamos a bañarnos!