La escuela al campo!

 

                       

Que inesperado encontrarse una noche durmiendo en una litera, tener miedo de levantarse y terminar en el suelo con un hueso roto o ver a un desconocido colgando sobre nosotros, regalandonos olores y gases, tener que caminar metros, muchos metros hasta llegar al “baño” si una necesidad imperiosa nos despertaba de noche, no poder encender luces, no poder ver televisión antes de dormir, ir a la cama no cuando querías, si no a la orden de; silencio! terribles e inolvidables noches de escuelas al campo que nunca olvidaremos.

Alguien inventó un día que los estudiantes de la ciudad, debían pasar un tiempo trabajando en la agricultura, que esto ayudaría a formarlos y alla fuimos todos, a pasar trabajos y producir poco en un mundo desconocido al que nunca logramos amar. Contábamos los días que faltaban para volver a la normalidad, retornar a casa.

Creo que el primer , de pie! que escuche en mi vida, aún retumba en mis oídos, cuando abrí los ojos y vi gente a mi alrededor, pensé estaba en una pesadilla, aún en la cola, esperando para lavarme la cara y la boca, me decía, en cualquier momento despierto y estoy en mi cama, no desperté. Despues de lavarme , fui, jarro en mano a la cola para el desayuno, escuelas al campo de lujo que teníamos café con leche y un pedazo de pan , a veces hasta con mantequilla, con el tiempo, entre otras cosas, la leche, el café y el pan desaparecieron y un te de lo que fuera era el líquido caliente que nos ayudaba a enfrentar la mañana, una mañana que se nos hacía eterna, haciendonos los que trabajabamos y arruinando cultivos. No se si alguien,algun día contabilizara las pérdidas económicas ocasionadas por las escuelas al campo, tarea ardua e interminable.

Mi primer día, a la hora del almuerzo, vi, frente a mi, un ente que me perseguiría por mucho tiempo, la bandeja de aluminio, sustituto del plato, hija de la compartimentación y la racionalización, con un lugar para cada cosa, pero no con cosas para cada lugar. Aún hoy, a veces, me parece verla aparecer y decirme; sigo viva, el aluminio se oxida lentamente, mírame ya casi no tengo nada que ofrecer, sacudo la cabeza y digo para mi, fantasias, aunque a veces me parezca ver alguna bandeja esconderse cuando almuerzo en algun restaurant de Miami, traumas de la adolescencia, difíciles de curar.

No crean que todo fue mal dormir, mal comer y trabajar poco. En escuelas al campo, muchos despertamos a la sexualidad. Una vez me preguntaron cuando fue mi primer beso de amor, fue en una escuela al campo, no sólo mi primer beso, el de muchos, nosotros dados al amor y fáciles para la pasión aprendimos a temprana edad que cuando todo fallaba y se hacía difícil continuar, el amor era la panacea universal, capaz de acortar días y hacernos olvidar dificultades. Qué sería de nosotros si el amor no existiera, lo hubieramos inventado y en cada acto de amor acuñaríamos orgullosos; made in Cuba!

La vida en las escuelas al campo, nos fue difícil y a la vez nos enseño muchas cosas, aprendimos a sobrevivir, a comer inventos, que despues al querer repetirlos en casa, nos daban asco.Yo, que siempre fui renuente a comer comida del día anterior, en esos días dificiles, hubiera devorado feliz un plato de potaje hecho por mami, aunque fuera de la semana anterior. En una escuela al campo, comprendí que no hay distancia larga ni difícil para el amor de una madre, allá iba mami, cada domingo y a veces entre semana a llevarme suministros y comida caliente y era como un picnic, solo que al terminarse, ella se iba y yo, regresaba a dormir en la litera, soñando con la próxima visita.

Al crecer, logré ingeniarmelas para eludir escuelas al campo, las creía vencidas y lejanas para siempre. De repente, un día , cinco años despues de mi intento fracasado de salida del pais, burlando directivas y resoluciones, logré incorpararme a la vida laboral, ironías del destino; mi primer día de trabajo como profesor, me vi en medio de un campamento de escuela al campo, rodeado de alumnos, casi aprendiendo un nuevo idioma, pero feliz de iniciar una nueva vida.                     

 A la hora del almuerzo volvimos a vernos las caras, la bandeja y yo, mejor servida , en mi condición de profesor mimado, pero bandeja al fin, nos miramos y casi en un susurro me dijo; ves,aqui estoy de nuevo, la tome con mis dos manos, la acerqué a mi y cuando sólo ella pudo escucharme, le dije; sabes, al final casi me alegro de verte de nuevo, voy a volver a triunfar, aunque tenga que enfrentarme a todas las bandejas de aluminio del mundo.

Desde una escuela al campo inicié una nueva vida, en un pueblo, hasta entonces desconocido para mi, allí, inicio tormentoso y significativo, tanto que las evité y maldijé y en una, en un parto doloroso, pero feliz, amanecí a un mundo nuevo que me hacía guiños y me decía, bienvenido acere!

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