Luciernagas y serpientes.

Hace años, leí la fabula de la luciérnaga y la serpiente. La serpiente perseguía encarnizadamente a la luciérnaga, día y noche, hasta que esta agotada, exhausta, le dice; ¿Por qué me persigues? No estoy en tu cadena alimentaria, no te hago daño, no veo el por qué de este ensañamiento comigo. La serpiente, la miro, con todo el odio del mundo en sus ojos y le respondió; porque no soporto verte brillar!

Así andamos por el mundo, entre serpientes y luciérnagas. Soy de los que piensan que la envidia, es uno de los sentimientos negativos que mas daño hace a quien lo alberga, lo destruye lentamente, le impide disfrutar lo bueno que la vida le dio.

Yo, como muchos, prefiero ser luciérnaga que serpiente, solo que, la vida me enseño a no huir ante el acoso de serpientes. Las enfrento y las aplasto, las decapito con una sonrisa o las enveneno con una fina y dulce ironía que las hace retorcerse de dolor y rabia.

Soy de los que se alegran por el triunfo de cualquier ser humano, cualquier pequeña alegría de alguien cercano, se multiplica en mi. Si alguien brilla y se destaca, aplaudo con todas mis fuerzas. Ayudo a todo el que pueda, a brillar en todo su esplendor, la luz ajena, no me lastima, me reconforta, estimula y alegra. Ayudar a multiplicar la luz de alguien, me mejora como ser humano.

Lamentablemente en Cuba, en La Habana, acá en Miami, donde quiera, existen personas que la luz ajena, les molesta, les irrita. Son capaces de criticarte por no darte por vencido. Viven entre complejos, frustraciones y amarguras. A todos, alguna que otra vez, nos ha perseguido alguna serpientita envidiosa y mal intencionada. Desgraciadamente abundan, hijas de la frustración y la envidia en unión incestuosa. Amargadas y venenosas, se les escapa la vida entre complejos  e inseguridades.

Una vez leí que el mejor signo de haber nacido bajo buena estrella, era haber nacido sin envidia. Estos seres que les molesta la luz ajena, son capaces de criticarlo todo, nada venenoso les es ajeno. Cualquier cosa que haga otra persona, cualquier luz ajena, les irrita los ojos y el alma. Todos, de una forma u otra, los hemos sufrido alguna vez, por suerte, muchos somos ya inmunes a su veneno, sus dientes, se rompen al intentar mordernos. En ocasiones, se mueven en círculos cercanos a nosotros y vuelven al ataque una y otra vez. Con el tiempo uno aprende que el número de ataques es directamente proporcional a la luz, a los éxitos.

Si alguien te dice mal intencionadamente; ya se te están viendo los años, puedes estar seguro, que ese día luces mejor que nunca, si te dicen en una mueca; esa ropa es demasiado juvenil para ti, úsala mas seguido, de todas, es una de las que más resalta tu figura y elegancia. Los amigos, los que de verdad nos aprecian y quieren, para criticarnos, buscan el momento oportuno y lo dicen con tacto, a ellos, no les molesta cuando brillamos, nos aplauden y estimulan.

Al final, siento una profunda pena por esas serpientes que se molestan y sufren cuando alguien brilla. Su propio veneno, se vuelve contra ellas, les impide disfrutar la vida. Nunca me he preocupado por ellas, bastaría un gesto para destruirlas, escucharlas, me hace recordar que aún brillo.

Hoy, una señora de 80 años o más, en el momento de subir al avión, se acerco al mostrador, pidió ayuda, veía muy mal y tenia miedo ir sola. Le ofrecí mi brazo, la acompañe hasta el asiento, me pidio un beso y me beso en la mejilla, me bendijo; que Dios, te proteja, que nadie te haga daño. ¡Como temer a serpientes, con mi madre pidiendo por mí desde La Habana y ángeles bendiciéndome a diario! Si, realmente prefiero ser luciérnaga, en tiempo de oscuridades, aportar un rayito de luz, proporciona una satisfacción interior extraordinaria.

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Adios, no, hasta pronto!

Toda despedida, es siempre un poco triste. Abrazamos, queriendo retener, prolongando ese instante. Si despedimos a una amiga enferma, que regresa a su país, que continua su lucha contra la enfermedad, un nudo nos aprieta la garganta, casi no nos deja hablar, sin querer, dejamos escapar algunas lagrimas.

Por muchos años, desde que llegue de Cuba, he tenido la suerte de contar con excelentes compañeros de trabajo. Nunca olvido y siempre tengo en un lugar especial, a los primeros que me dieron la bienvenida, los que me recibieron y me ayudaron a vencer miedos. Al lado de ellos, fue mas fácil adaptarme a un nuevo mundo, entre ellos, esta, Magda, una amiga, que demuestra día a día, que toda la fe del mundo, cabe en un corazón humano.

Hay personas, que llevan a Dios en los labios, reparten bendiciones, recitan proverbios y pasajes de  la Biblia, pero Dios, no esta en su corazón, solo en sus labios. Labios y corazón, no se ponen de acuerdo, bendicen con los labios, mientras maldicen con el corazón, su fe, no pasa de ahí, de sus labios, es un barniz. Siempre pongo a Magda, como ejemplo de cristiana, de persona con verdadera fe, Dios, no esta en sus labios, vive en su corazón, desde allí, ella lo comparte con todos los que tenemos la suerte de acercarnos a ella. Cuando me dice; bendiciones, siento paz, se que algo de Dios, me llega en sus palabras.

Es una mujer sencilla, humilde, de las que ayudan, sin pregonar, sin alardes, nunca la he visto enojada. Hay tanta Fe en su corazón, que no hay sitio para el enojo u otro mal sentimiento.

Por segunda vez, Magda, se enfrenta a un enemigo conocido, el cáncer. Ya lo venció una vez, se prepara para esta nueva batalla. Decidió regresar a Honduras, su país, allí, en su tierra, al lado de su familia, todo será más fácil. Decirle adiós, no fue fácil, sin ella a nuestro lado, algo falta, extrañare su saludo, abrazarla, escucharla decir; bendiciones.

Magda, siempre me pregunta por mi mama, sin conocerla, la ve a través de mis ojos. Un día, le dije que estaba muy bien, feliz, me dijo; cada vez que ayudas a alguien, que luchas contra una injusticia, Dios, te bendice en tu madre y le da salud y vida, por eso, ella, esta tan bien!

Pude decirle adiós a Magda, gracias a una amiga especial, mi ángel del exilio, me llamo, me dijo; voy al D 46, Magda, se va para Honduras y quiero despedirla. Nos reunimos allí, escribimos algo, en una camisa de nuestro uniforme, que guarda como trofeo del cariño de amigos. Hubo abrazos, besos, palabras de aliento y lagrimas, la acompañe hasta el avión, en nombre de muchos, le di el ultimo beso de todos sus compañeros, el ultimo, por el momento, hasta hoy; montones de besos esperan por ella, en regresos seguros y multiplicados en el futuro.

Si, despedir, es triste, decir adiós a un amigo, convoca las lágrimas, pero anoche, no le dije adiós a Magda, sólo, hasta pronto, seguro que vencerá en esta nueva prueba, volveremos a verla, a compartir su alegría, su fe. Desde ahora, espero volverla a escucharla decirme; Bendiciones y sentir que algo de su fe, se queda conmigo, para siempre. Te esperamos!