Una casa aislada

Ninguno de los habitantes, recordaba el día exacto que se cerraron, para siempre, todas las puertas y ventanas de la casa. Tampoco recordaban muy bien quien dio la orden, en que minuto exacto, todo comenzó a cambiar. Nadie más pudo entrar y salir de la inmensa casa donde habitaban varias familias. Todo contacto con el mundo exterior fue prohibido. Ordenes de arriba, decían en voz baja, cuando alguien preguntaba. En la planta alta, parapetados tras su poder y el miedo del resto de los habitantes, vivía el grupo, que había decidido regir los destinos de la casa. Sus órdenes no se discutían, se acataban sin comentar.

Los de arriba, se convirtieron en todopoderosos. Supieron manipular a todos y lograr controlarlos sin que ofrecieran resistencia.

Los primeros días, nadie protesto, hubo hasta quien se alegro de vivir en ese aislamiento, de dejar que otros pensaran por él. Poco a poco, el poder del grupo que vivía en la planta alta, se fue haciendo más absoluto. Mientras tanto, comenzaron a escasear los alimentos, la ropa y hasta las medicinas.

Una mañana, desde la planta alta se escucho una voz tronante.

-Si quieren comer, tendrán que sembrar y cultivar sus alimentos en el patio de la casa, las provisiones que quedan serán guardadas para tiempos difíciles.

Una vieja se atrevió a comentar en voz baja.

-Mas difíciles que estos, coño, lo que nos espera.

Todos salieron a trabajar en el patio, bajo el fuerte sol del medio día. Luisito, busco a su abuela, la vieja que se había atrevido a comentar, bromeando las palabras de los de arriba. Nadie supo decirle donde estaba, hubo hasta quienes juraron que no la habían visto nunca. Había desaparecido, como si nunca hubiera existido. Todos comprendieron que discrepar podría hacerlos desaparecer.

Una tarde, después de terminar las horas de trabajo en el patio, los de arriba, convocaron a los de abajo a una reunión en el inmenso comedor de la casa, ahora a falta de comida, convertido en salón de reuniones. Como de costumbre, los de arriba, no daban la cara, solo se escuchaban voces tronantes anunciando tiempos difíciles o tragedias.

– De ahora en adelante, todos vestirán igual, camisas y pantalones negros y no pregunten por tallas, total, no hay a quien lucir, aquí no entra ni sale nadie. Gracias al esfuerzo personal mío, es decir nuestro, de los de acá arriba, de una casa lejana, nos traerán las ropas, una vez al año. Nosotros, personalmente saldremos a recibirlas. En esta ocasión, pagaremos con la promesa de la vigésimo quinta cosecha, mas adelante, veremos como resolverlo.

Los de abajo se miraron a si mismos. Desde la desaparición de la vieja, temían mirarse a los ojos y que alguien pudiera adivinar lo que pensaban, se esquivaban unos a los otros. Algunos, hasta aprendieron a dormir bocabajo para evitar hablar dormidos.

Vestidos todos de negro, comiendo solo lo que podían cultivar en el patio de la casa, los habitantes de la casa, comenzaron a parecerse, a confundirse. Los de arriba, miraban con orgullo su obra. Los de abajo, sin darse cuenta, perdían su identidad, se confundían unos con otros en medio de la apatía y la desidia.

A la hora del baño colectivo, cuando se despojaban de las horribles y oscuras ropas que usaban, bajo la fuerza del agua fría, algunos volvían a sonreír, sus rostros se diferenciaban. Los intentos de los de arriba, de convertirlos en un grupo homogéneo, en un rebaño obediente y uniforme, fracasaban. En el fondo, seguían siendo los de antes, solo fingían expresiones para evitar castigos y desapariciones.

Una casa, encerrada en si misma, puede sobrevivir por un tiempo, pero por más que se levanten muros y se inventen prohibiciones y leyes, todo termina, un día, volviendo a su lugar exacto. Los de arriba, aislados de la realidad, terminaron enajenándose, se creían seguros. Olvidaron reparar los altos muros que aislaban a la casa del exterior, pensaron que mientras guardaran la llave de la puerta de entrada, nada podría cambiar.

Poco a poco los muros que rodeaban y aislaban la casa, se fueron pudriendo. A través de algunos agujeros, los más atrevidos, miraban al exterior, gente con ropa colorida, caminaban por las calles, entraban y salían de sus casas sin que nadie se los impidiera. Sus rostros reflejaban seguridad en el mañana, rostros diferentes a los que ellos llevaban años mirando.

Los habitantes de la casa, no necesitaron ponerse de acuerdo, no se dijo una sola palabra que pudiera delatarlos o comprometerlos. Una mañana, cuando salieron a trabajar al patio, todos fueron directo contra el muro, que se derrumbó de un solo empujón. La visión del mundo exterior prohibido por años, los paralizo por un segundo. Llevaban años moviéndose en círculos cerrados, avanzar hacia lo desconocido, los atemorizo por un instante, vacilaron, miraron la casa y al mundo exterior, indecisos. Sin saber de donde, entre ellos, apareció la abuela de Luisito, la vieja desaparecida por hacer un comentario que no gusto a los de arriba. Se subió a un montón de escombros y apuntando con su bastón al horizonte grito

-Vamos!

Años encerrada en un closet y maltratos, no habían podido vencerla. Tomando a Luisito de la mano, fue la primera en salir a la calle. Todos la siguieron, se fueron sin mirar para atrás. Mientras se alejaban de la casa donde habían permanecido encerrados por años, se arrancaban las ropas negras y desnudos y felices, intercambiaban abrazos y saludos con todos los que se encontraban. El mundo exterior, los recibía con arco iris y fuegos artificiales, con sonrisas. Ellos, los que un día fueron los de abajo, avanzaban confiados, seguros que nada seria fácil, pero que nunca  nadie más regiría sus destinos a su antojo.

En la planta alta de la casa, solos, pudriéndose en su propio abandono, quedaron los de arriba, los de nunca mas, los olvidados. Acostumbrados a mandar y a ser alimentados, no supieron sobrevivir sin los de abajo y terminaron muriendo, sepultados en los escombros de la casa que, un día, se aíslo del mundo exterior.

Fotografia tomada de Google.

11 thoughts on “Una casa aislada

  1. Increible ,como escribes de bonito,en este articulo ,te la comistes!!,como decimos los cubanos,jajja,gracias,ya lo comparti en mi FB,mis amigos tienen que leerte,excelente ,sin palabras.

  2. “Hay un largo camino hacia la libertad, pero vale la pena descubrir que se puede llegar”…palabras de una canción espanola…y es que cada persona que se libera empuja los muros aunque sean pulgadas o milímetros de esos tristes muros que encierran…gracias por tu escrito José!

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